COMPOSITORAS DE CINE XIV: ‘Yoko Kanno: la estrella que prefiere no brillar’

Japón ha dado, y sigue dando, mujeres de gran valía en lo que respecta a la composición para su potente industria audiovisual. La identidad de la mayor parte de ellas es desconocida por el gran público, a pesar de su enorme peso, sobre todo en la animación y los videojuegos. En esta última modalidad es imposible olvidarse de Yoko Shimomura, considerada por muchos como la compositora para videojuegos más famosa del mundo.

Por otro lado, de entre las que han escrito bandas sonoras para largometrajes, destacan dos nombres: Hitomi Kuroishi, cuya fecha de nacimiento es un misterio y poseedora de una voz que sus fans califican como “de pluma de ángel”. La segunda es Michiru Oshima (1961), experta en temas épicos, aunque sofisticada y nostálgica cuando el guion lo exige.

‘Midori: The Camellia Girl’ (Torico, 2016) es una adaptación de una obra muy conocida del manga. Midori es una niña de 14 años que vive en un circo donde sufre constantes maltratos. Un día llega un mago enano y las cosas cambian, aunque no necesariamente a mejor. La banda sonora de este largometraje de estética kitsch fue escrita por Hitomi Kuroishi.

Pero si queremos destacar a la más conocida internacionalmente de todas las compositoras cinematográficas japonesas, tenemos que decantarnos inevitablemente por Yoko Kanno, quien nació en Senday (Miyagi) el 19 de marzo de 1964. Kanno brilla con luz propia, aunque confiesa estar mucho más cómoda cuando no siente el foco mediático. En una entrevista reconoció que se identificaba con los kuroko, tramoyistas del teatro tradicional japonés, que visten de negro, para conseguir ser invisibles a los ojos de los espectadores.

Soy muy tímida. Me gusta estar en segundo plano, esconderme si es posible. Me encuentro más cómoda así.

Precoz, intuitiva y tal vez algo obsesiva

A Yoko Kanno le han fluido las melodías de manera natural desde su más temprana infancia. Cuando tenía dos años sus padres le compraron un piano y entonces descubrió que le era más fácil expresarse con el sonido que con las palabras. Así que, tocando el piano y también cantando, fue como la pequeña Kanno dio rienda suelta a sus sentimientos, tal y como ella misma reconoce. Esta facilidad para la música le llevó a ganar numerosos concursos durante su niñez.

Lo más curioso es que durante su primera juventud estuvo mucho más interesada por la literatura que por la música y llegó a pensar en ganarse la vida como novelista. Nada extraño, teniendo en cuenta que su padre era un reputado estudioso de la literatura japonesa. Así que con la secreta intención de convertirse en escritora, se matriculó en la prestigiosa y elitista universidad de Waseda, donde estudió filología, pensando que así conocería más a fondo a sus escritores preferidos, Yukio Mishima y Kenzaburō Ō (Nobel de literatura en 1994). Acerca de Mishima ha dicho: “Copié todos sus textos en mis cuadernos”.

En 1985 hizo su debut como compositora al escribir la música de un videojuego de simulación histórica llamado Sangokushi. Un año después debutó como teclista en Tetsu 100% una conocida banda de rock japonesa. A partir de ese momento, escribe música para un buen número de cantantes y recibe varios premios de la industria discográfica nipona. En 1994 entra por la puerta grande del anime con la película Macross Plus y forma un productivo tándem con los directores Shoji Kawamori y Shinichiro Watanabe. Para entonces, con treinta años cumplidos, es ya una celebridad en su país.

¿Qué significa la fama para alguien con un carácter tan retraído como el de la compositora de Senday? Pues sin duda, un fastidio. Yoko Kanno no muestra excesivo interés por su repercusión mediática, no ve la televisión y no tiene un sitio web oficial, algo perfectamente normal, teniendo en cuenta lo mucho que trabaja. Casi todos los días y, según dice, y de manera casi obsesiva.

Las escasas entrevistas que circulan por Youtube nos la muestran tal y como es: esquiva, algo excéntrica y muy centrada en su trabajo… Poco dispuesta a hablar de sí misma, se explaya algo más cuando cuenta detalles en relación a su música y al equipo con el que trabaja:

Cuando uno ve la magnitud de la obra de Yoko Kanno no puede dejar de preguntarse: ¿Todo esto lo ha hecho una sola persona? Más de mil canciones, música para videojuegos, series y películas para televisión, anuncios publicitarios, películas de acción en vivo y, sobre todo, animes. Su influencia en este género fue reconocida por la industria audiovisual en 2003, año en el que otorgaron el Premio Tokyo Anime a Kanno por su trabajo para la serie televisiva Ghost in the Shell: Stand Alone Complex. Pero casi diez años antes, cuando se estrenó Macross Plus, el público japonés ya sabía que Yoko Kanno era una compositora fuera de lo común.

‘Macross Plus’ (1994)

En 1994 varias productoras japonesas decidieron refundir cuatro exitosos capítulos de una serie anterior en un largometraje anime de 115 minutos, que titularon Macross Plus. La acción se sitúa en Eden, un planeta conquistado por los humanos, centrándose en tres amigos que se habían separado trágicamente siete años atrás y se encuentran nuevamente: dos hombres (Isamu y Guld) y una mujer (Myung).

Guld, Myung e Isamu

Es el año 2040 en Eden. Isamu trabaja como piloto de pruebas y tiene como rival a su viejo amigo, que trabaja para otra compañía. Los dos comparten una desgraciada historia y también el amor hacia Myung, que ha llegado al planeta como representante de una cantante virtual de gran éxito llamada Sharon Apple.

La rivalidad de Isamu y Guld conduciendo sendos mekas (vehículos-robot con armas y poderes especiales) adquiere tintes dramáticos cuando reaparecen los celos. Lo que no sabe ninguno de los tres es que tendrán que enfrentarse a algo mucho más peligroso que sus cuitas personales: la maldad de quienes utilizan la inteligencia artificial para aprovecharse del ser humano.

Yoko Kanno fue llamada para ponerle música a una película con mucha acción, para la que escribió temas que giran en torno a la amistad, el amor y la pugna entre emociones humanas e inteligencia artificial. Es de suponer que los productores no repararon en gastos en lo que se refiere a la banda sonora, pues le permitieron contar con con un nutrido equipo en el que no faltaba Mai Yamame (colaboradora habitual de Yoko Kanno) que fue la encargada de prestarle su voz a Sharon Apple. Sus gélidas y sensuales canciones producían en el público un efecto parecido a los míticos cantos de las sirenas y tenían el poder de anular la voluntad del público, sobre todo del género masculino. La propia Kanno (que a veces se hace llamar Gabriela Robin) también se animó a interpretar algún tema de la malvada Sharon quien, además, controla la nave no tripulada Ghost.

Otra conocida cantante nipona, Akino Arai, interpretó la canción de Myung que es también el tema principal de la película y que representa la calidez humana frente a la frialdad del mundo virtual. Se trata de una sencilla canción construida sobre una escala dórica, tan adecuada para expresar la melancolía:

La primera palabra fue “sueño”.

Me llegó mientras dormía.

Suavemente se llevó las tinieblas

en lo más profundo de mi corazón.

La segunda palabra fue “viento”.

Me muestra el camino.

Muevo mis alas

hacia los brazos de los dioses,

como si contara las tristezas

que se han desvanecido…

La banda sonora de Macross Plus es tan diversa como sorprendente. Durante el enfrentamiento entre Isamu y Guld contra la nave no tripulada Ghost suena un hermoso tema con resonancias étnicas interpretado por un cuarteto femenino, cuya letra es de la propia Kanno, que también participa cantando. El resultado es de una impactante originalidad.

La variopinta banda sonora de Macross incluye varios temas orquestales que fueron grabados en Tel Aviv por miembros de la Israel Philarmonic Orchestra. Estos temas encuentran su inspiración en la música clásica occidental y se utilizan preferentemente para resaltar las escenas más épicas.

La compositora participa en las grabaciones como cantante, teclista, pianista y también tocando la celesta, instrumento particularmente adecuado para recrear (como su mismo nombre indica) sonidos “celestiales”. En cuanto a la banda sonora en su conjunto, mezcla con buen criterio estilos muy dispares (música clásica, electrónica, étnica, country, pop…) que contribuyen a dar una visión poliédrica de una película que no solo gustó a los amantes del manga y del anime.

‘Cowboy Bebop’ (1999)

En 1998 esta compositora de formación autodidacta encaró el proyecto que más proyección tendría fuera de su país; un anime mítico titulado Cowboy Bebop que la hizo visible al público occidental. La serie estaba dirigida por Shin’ichirō Watanabe, quien quiso que Yoko Kanno se encargara de la música. En total constaba de 26 capítulos, su acción se situaba en 2071 y la trama giraba en torno a tres cazarrecompensas que recorrían el espacio sideral en su nave, llamada Bebop, en busca de delincuentes. Cowboy Bebop fue muy bien recibida y unánimemente aclamada por la crítica con calificativos como “una verdadera joya”, “la cima del anime” o “un clásico incontestable”.

Spike, Jet y Faye, los tres personajes centrales de Cowboy Bebop

Se dice que en esta serie hubo una sintonía muy especial entre Watanabe y Yoko Kanno. De hecho, el director parece ser que se inspiraba en su música para crear las escenas. Por su parte la compositora escribía nuevos temas a medida que iba viendo lo que Watanabe hacía, generándose de esta forma una envidiable sinergia creativa.

La serie tiene acción, personajes con entidad propia, un enfoque narrativo singular y una atractiva mezcla de géneros: western futurista, cine negro, artes marciales… Y, sobre todo, un trasfondo dominado por una profunda melancolía. Todos estos elementos contribuyeron a que rompiera moldes y traspasara las fronteras geográficas del anime, siendo muy apreciada también en el mercado audiovisual occidental.

La poderosa banda sonora de esta serie no hubiera sido posible sin la participación de los Seatbelts, una nutrida big band de jazz, rock y pop liderada por Yoko Kanno. Ella compuso, dirigió y arregló, intentando que cada tema sonara de manera genuina, lo que implica que raramente mezcló los géneros. El sonido de Cowboy Bebop era algo que llevaba concibiendo mucho antes del anime. Ya en sus tiempos de estudiante, cuando tocaba en la banda de su instituto, se dio cuenta de lo mucho que le aburrían los estándares que formaban parte de su repertorio, así que se dedicaba a componer nuevos temas, buscando algo que le hiciera “hervir la sangre”. De esta forma fue como concibió Tank, el tema que suena al principio de cada uno de los capítulos a modo de sintonía; el tema más conocido y representativo de la serie:

Desde luego es un tema capaz de hacer hervir la sangre a cualquiera. Al escucharlo es inevitable preguntarse cómo demonios es posible que una japonesa pueda escribir algo parecido. Pues seguramente porque la compositora fue capaz de hacerse la pregunta correcta:

Me pasaba días transcribiendo música negra y me preguntaba: ¿Cómo es que los negros y los blancos tocan las mismas baterías y suenan tan distintas?

Para buscar una explicación a ese interesante interrogante Yoko se cruzó en autobús Estados Unidos, desde California hasta Luisiana. Escuchó a muchos músicos en las calles y los bares, dándose cuenta de que a medida que se acercaba a Nueva Orleans los ritmos eran cada vez más intensos. Tomó buena nota de todo lo que iba escuchando y no pudo evitar sentirse frustrada al comprobar que era incapaz de tocar con el mismo feeling que los músicos de por allí. Finalmente acabó aceptando que, aunque realmente era así, su estilo tampoco estaba mal del todo.

Películas de acción en vivo (no animes)

Pero Yoko Kanno no ha dedicado su talento solo al anime. En varias ocasiones ha sido requerida para películas de acción en vivo por varios directores nipones, algunas de las cuales pueden verse en las plataformas digitales globales más conocidas. La versatilidad de la compositora hace que se mueva cómodamente en géneros dispares que van desde el drama a la comedia en sus múltiples variantes y cuentan historias muy diversas.

En Woman of Water (Hidenori Sugimori,2002) una joven empleada en unos baños públicos ve cómo los acontecimientos más importantes de su vida están relacionados con el agua, hasta que un día conoce a un chico obsesionado con el fuego. Tokyo Sora (Hiroshi Ishikawa, 2002) se centra en la historia de seis mujeres que tratan de salir adelante en la ciudad de Tokio. Kamikaze Girls (Tetsuya Nakashima, 2004) es una comedia fantástica que reúne a dos jóvenes: Momoko, solitaria obsesionada por el rococó e Ichigo, una gamberra urbana motorizada. Su-ki-da (Hiroshi Ishikawa, 2005) cuenta la romántica historia de un chico tímido que canta y toca la guitarra y una chica tan retraída como él. Honey & Clover (Masahiro Takada, 2006) es el un drama con toques románticos centrado en las venturas y desventuras de dos parejas de jóvenes artistas. Muy distinta es The Whow Must Go On (Han Jae-rim 2007), comedia policíaca protagonizada por un gángster de poca monta intenta dejar su mala vida.  En Petal Dance (Hiroshi Ishikawa, 2013) cuatro mujeres miran hacia el pasado mientras emprenden un viaje con el que intentan rehacer su vida y finalmente Nuestra hermana pequeña (Hirokazu Koreeda, 2015) es un melodrama intimista que nos muestra a tres hermanas que viven juntas en la casa de su abuela y deciden acoger a la hija que su padre tuvo tras abandonarlas para irse con otra mujer.

‘Kamikaze Girls’ (2004)

La protagonista, Momoko Riugasaki, tiene 17 años, vive en una pequeña ciudad cercana a Tokio y su estima está bajo mínimos. Cuando empieza el bachillerato decide escapar de la realidad y hacerse lolita. En este mundo ficticio encuentra consuelo, pensando que vestida a la manera rococó, nunca podrá ser vulgar. Lo cual tiene cierto sentido, teniendo en cuenta que en su pueblo todos sin excepción, llevan chándal “desde la cuna hasta la tumba”, como ella misma dice. “La apariencia lo dice todo de ti”. Este será su lema y el motor de su vida.

En cuanto a la coprotagonista, se llama Ichico. También intenta huir de las reglas, enrolándose en una banda de chicas moteras con estilo de vida rockero. Persigue leyendas que den sentido a su vida, pero finalmente descubrirá, junto con Momoko, que la amistad es el valor que de verdad merece la pena. El resultado es una comedia con aire de comic, humor grueso y una potente banda sonora en la que caben todos los estilos posibles: rock, pop, valses de Strauss, collage de músicas occidentales, ragtimes, boleros a la mejicana, temas románticos al estilo de Hollywood de la época dorada, música de cine mudo… Todo muy adecuado a un pastiche tan desconcertante como atrayente para el espectador occidental.

‘Nuestra hermana pequeña’ (2015) 

A Yoko Kanno le llegan trabajos muy variopintos, como demuestra que le encargaran poner música a este amable retrato familiar con tintes costumbristas. La trama gira en torno a tres jóvenes hermanas que, tras morir su padre, se enteran de que tienen una hermanastra más pequeña a la que proponen vivir con ellas en la vieja casa de su abuela. Se trata de una historia sencilla, centrada en la relación entre las cuatro y las influencias mutuas que van apareciendo.

La película, cercana e interpretada con admirable frescura, arrasó en gala de los Premios de la Academia de Japón de 2016, donde obtuvo una gran cantidad de galardones, incluyendo mejor película, director, iluminación, fotografía y varios más a repartir entre las jóvenes protagonistas. La partitura de Yoko Kanno fue nominada, pero el premio ese año recayó sobre la banda de rock Sakanaction que le había puesto música a una comedia manga titulada Bakuman.

Para esta película la compositora nipona escribió una partitura muy “cinematográfica”, en la que es fácil adivinar la influencia de compositores como Ennio Morricone. Se trata de una banda sonora discreta, efectiva, tierna y muy orgánica, donde el piano es el instrumento protagonista. La música de Kanno contribuye a sostener el tono intimista del relato y es eficaz cuando tiene que añadir significados, como el de atenuar el dramatismo de la muerte, o acompañar las escenas más dinámicas.

No hay un claro tema principal, aunque puede destacarse el titulado Tema de Suzu, asociado a la hermana pequeña y al vínculo que se va estableciendo entre las tres hermanas mayores y la recién llegada.

La música que Kanno escribió para esta película se comporta a imagen y semejanza de la propia compositora, ya que sirve para que la película funcione a la perfección sin que se note mucho que está ahí, tal y como hemos visto que hacían los kuroro en el teatro tradicional japonés.

Yoko Kanno, mujer inteligente, trabajadora, discreta y retraída, es muy conocida y querida en su país, a lo que ella responde con la misma moneda. El 11 de marzo de 2011 la prefectura de Miyagi, donde nació, sufrió un terrible terremoto que dejó casi 20.000 víctimas entre muertos y desaparecidos. Al día siguiente publicó en Youtube una canción compuesta e interpretada por ella (Kimi de ite, Buji de ite) para recaudar fondos y ayudar a las víctimas. Un año después salió a la venta un disco sencillo con canciones y arreglos suyos, interpretado por cantantes, actores y deportistas de las zonas más afectadas, cuyas ganancias fueron destinadas a la reconstrucción de la zona. Desde entonces Kimi de ite, Buji de ite forma parte del repertorio de los coros escolares y es cantada por mucha gente que no tiene ni idea de quién la compuso.

Me hace muy feliz que la gente piense que es una canción tradicional. A veces paso al lado de una escuela y la escucho… El hecho de que sea una canción tan querida es uno de los principales premios que puede tener una compositora.

Yoko Kanno

Puedes leer los anteriores capítulos de la serie COMPOSITORAS DE CINE:

Lamberto del Álamo
Acerca de Lamberto del Álamo 17 Articles
Me llamo Lamberto del Álamo. Soy músico (clarinetista y saxofonista), musicólogo y profesor. Como profesor de música he intentado descubrir la magia de las bandas sonoras a mis alumnos, enseñándoles a disfrutarlas y a descubrir sus secretos. Me gusta divulgar la música cinematográfica ante auditorios muy heterogéneos y dedico mi tiempo libre a escribir sobre este tema. En solitario he publicado dos libros hasta el momento: “El psicópata que amaba a Beethoven y otros cien apuntes de música y cine” y “El cine y su música. Secretos y claves”. En la actualidad estoy preparando un tercero.

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