COMPOSITORAS DE CINE VIII: ‘Eva Gancedo: sentido y sensibilidad’

En la gala de los Premios Goya, del 31 de enero de 1998, sucedió algo inédito en España y muy poco frecuente en el resto del mundo: una mujer subió al escenario a recoger el premio a la mejor banda sonora que le había sido otorgado por la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas. Esa mujer se llamaba Eva Gancedo. Ya con la estatuilla en sus manos, y acabada su breve alocución, propuso una especie de brindis: “Por todas las películas que muestran el lado divino del ser humano”.

Pienso que este imaginario brindis tiene que ver con la forma en que Eva Gancedo Huércanos concibe la música cinematográfica. Para ella el aspecto emocional es lo que verdaderamente importa, por lo que sostiene que el principal objetivo del compositor debe ser precisamente el de reconocer y potenciar la emoción que late en cada película. Cualquier otra cosa, incluido el proceso compositivo, es secundario:

No hay procesos únicos para componer. Puedes partir de una melodía, de un ritmo o de una armonía. No obstante, a mí siempre me gusta tener en cuenta el guion para saber si escojo un sistema armónico más direccional o más circular.

El guion, la historia, es el eje del que surge el componente emocional en los trabajos de Eva Gancedo quien, por otra parte, aplica su oficio de una manera muy racional. Compositora de cultura y formación muy completas, se muestra partidaria de incluir música solo cuando de verdad se necesite, de los instrumentos acústicos con preferencia a los sonidos sintetizados, de que la música sea un elemento complementario que funcione a manera de contrapunto con la voz y de resaltar el valor narrativo del silencio.

Muy probablemente en su primera juventud Eva Gancedo no pensó ganarse la vida con la música, ya que cursó Bioquímica y llegó a trabajar en un hospital durante unos meses. Sin embargo, a los 24 años y después de estudiar en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid, colgó la bata y se trasladó a Hungría para formarse como pedagoga musical y profundizar en el Método Kodaly. A la vuelta se matriculó en el Berklee College of Music de Boston, becada por el Programa Fullbright, para cursar Orquestación e Instrumentación. Cuando regresó a Madrid, con el Premio Fin de Carrera Magna Cum Laude bajo el brazo, se integró como intérprete y compositora en varios proyectos. En una actuación conoció al director Ricardo Franco y se dejó convencer para escribir la partitura del documental Después de tantos años (1994) y, tres años más tarde, de La buena estrella, que sería su debut en el largometraje y la convertiría en la primera compositora en ganar un Goya.

Cuatro meses después de que Eva Gancedo le diera un cariñoso beso a Ricardo Franco, antes de subir a recoger su Goya, el director murió a causa de un infarto. Estaba rodando la que sería su obra póstuma, Lágrimas negras, para la que también había contado con la compositora madrileña. Nunca sabremos lo que perdió el cine español con la traumática desaparición del cineasta y, por lo tanto, del tándem Franco-Gancedo.

El lirismo es un elemento esencial en la partitura de La buena estrella. Un lirismo que se expresa a través de delicadas melodías, suaves armonías y una refinada instrumentación. Todo ello contribuye a limar las asperezas del drama, aportando luz a una dura historia de marginación y soledad.

En La buena estrella la música aparece solo donde se considera necesaria. Algunos de los momentos clímax de la película están subrayados por significativos silencios, como sucede cuando el carnicero vuelve a casa por la noche, comprueba la infidelidad de “la tuerta” y espera apesadumbrado sentado en un sillón.

El tándem Gordon-Gancedo

Entre los asistentes a la ceremonia de entrega de los Goya de aquel 31 de enero de 1998 había un director y guionista que sintió un flechazo por la música de Eva Gancedo. Se llamaba Rafael Gordon y estaba destinado a formar otro corto e interesante tándem con la compositora madrileña. Lo antes que pudo concertó una cita con la compositora para proponerle que escriba una partitura para un monólogo que titulará La reina Isabel en persona. En esa primera reunión le explica el proyecto con detalle y también el tipo de música que quiere:

No me hagas música historicista ni experimental. Quiero que trabajes con el sentimiento.

Cuando Gordon terminó de hablar, la compositora le contestó con un escueto “es difícil”. A pesar de lo cual, aceptó el encargo. Como el presupuesto era corto lo abordó con un pequeño grupo que incluía quinteto de cuerda, algunos laúdes, tres maderas y una zanfona, firmando un trabajo espléndido que recibió el Premio a la mejor banda sonora del Círculo de escritores cinematográficos en el año 2000. Así suena el tema principal tocado, primero por los laúdes y luego por el quinteto de cuerda, seguido por el viento-madera:

Tres años más tarde Gordon le propuso otro proyecto que sin duda también le resultaría “difícil”, titulado Teresa, Teresa: una presentadora-estrella de televisión (Assumpta Serna) entrevista a Santa Teresa de Jesús (Isabel Ordaz), teletransportada al plató gracias a la realidad virtual. En esta ocasión Eva Gancedo pudo contar con una orquesta más nutrida y con cantantes: una mezzo lírica (Lola Bossom) y una voz moderna (Celia Vergara) que interpretan la canción Eleva el pensamiento, basada en Nada te turbe, célebre poema de la santa:

Eleva el pensamiento,
al cielo sube,
por nada te acongojes,
Nada te turbe.

¿Ves la gloria del mundo?
Es gloria vana;
nada tiene de estable,
Todo se pasa.

 La adaptación de Eleva el pensamiento, el poema de Santa Teresa es espectacular. Las palabras están hechas para esa melodía. (Rafael Gordon)

La última colaboración del tándem Gordon-Gancedo fue La mirada de Ouka Leele (2009), documental en torno al trabajo creativo de la multifacética artista madrileña. Rodado mientras Ouka Leele pinta un enorme mural de 240 metros en Ceutí (Murcia), Gordon ofrece a la fotógrafa la oportunidad de reflexionar en torno a su pensamiento, el talento y la belleza. Este trabajo coincidió con una época en la que Eva Gancedo debía atender a otros compromisos profesionales, por lo que pidió ayuda a su colega Jorge Magaz. Juntos acabaron el encargo que incluía desde temas orquestales, un tema semiorquestal/semiprogramado al estilo del Tubular Bells de Mike Oldfield  y una canción titulada Alguna isla desierta, con texto de Ricardo Franco que estaba destinada en un principio a Lágrimas negras.

Yo me largo con la música a otra parte

y ahí os dejo vuestros trágicos presagios.

Ser torpe no me obliga a ser cobarde

Voy a buscarte entre los restos del naufragio,

Quisiera hablarte de un amor inmenso

que no por ello no pueda ser amable.

Hoy me siento derrotada e indefensa

Pero en mar abierto, sigo siendo inalcanzable.

El primer verso de la canción resultó premonitorio, pues La mirada de Ouka Leele fue el último trabajo importante de Eva Gancedo para el cine ya que, en 2009 y tras una carrera de poco más de diez años, abandonaba la composición cinematográfica. Atrás dejaba once largometrajes, varias series de televisión, cuatro cortos y algún documental. En ese momento, su trabajo como compositora en otros ámbitos artísticos, profesora y autora de materiales educativos resultaba incompatible con el estresante oficio de componer para la imagen.

No me cabe duda de que su decisión ha privado a la industria cinematográfica de un talento muy poco común, lo cual es ciertamente lamentable. En cualquier caso su obra, en la que buen oficio y sensibilidad se dan la mano, se agranda con el tiempo. Su nombre es, hoy en día, una referencia dentro del cine europeo y se sitúa, con toda justicia, como una de las mejores compositoras de cine que ha dado el viejo continente.

En la actualidad Eva Gancedo imparte clases en el Máster en Composición para Medios Audiovisuales en el Centro Superior Katarina Gurska de Madrid.

Puedes leer los anteriores capítulos de la serie COMPOSITORAS DE CINE:

Lamberto del Álamo
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Me llamo Lamberto del Álamo. Soy músico (clarinetista y saxofonista), musicólogo y profesor. Como profesor de música he intentado descubrir la magia de las bandas sonoras a mis alumnos, enseñándoles a disfrutarlas y a descubrir sus secretos. Me gusta divulgar la música cinematográfica ante auditorios muy heterogéneos y dedico mi tiempo libre a escribir sobre este tema. En solitario he publicado dos libros hasta el momento: “El psicópata que amaba a Beethoven y otros cien apuntes de música y cine” y “El cine y su música. Secretos y claves”. En la actualidad estoy preparando un tercero.

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