COMPOSITORAS DE CINE. Capítulo X: ‘Zeltia Montes: raíces y vocación internacional’

Gane o no gane el Goya 2022 a la mejor banda sonora original con su partitura para El buen patrón, el nombre de Zeltia Montes está destinado a destacar en el panorama cinematográfico español. El talento y la juventud de la compositora española hacen pensar que tiene mucho que decir también más allá de nuestras fronteras.

A día de hoy su obra para el audiovisual es ya relevante. Una treintena de créditos, que incluyen cortos, series de TV y nueve largometrajes, ampliamente reconocidos con premios y nominaciones en España y Estados Unidos, son una excelente carta de presentación. A esto hay que añadir sus composiciones orquestales y de cámara, estrenadas casi todas en Estados Unidos. Estos datos hablan de una mujer a la que, como le sucedía a Ennio Morricone, la inspiración le suele llegar trabajando. Tal es así que, en una entrevista para Días de cine (TVE), la compositora afirma:

Muchas veces no tengo tiempo ni de dormir lo suficiente. He pasado años sin un día libre.

Nacida en Madrid, ciudad en cuyo conservatorio cursó estudios superiores de música clásica, se especializó en música moderna en la Escuela de Música Creativa, donde recibió clases de Eva Gancedo, primera mujer en ganar un Goya por la mejor música original (La buena estrella, 1997). Zeltia reconoce que Eva es una persona muy importante en lo que se refiere a su carrera como compositora para la imagen:

Si no llega a ser por otra mujer compositora, yo no estaría aquí. Yo, después de dieciocho años yendo al conservatorio, y antes de ir a Berklee, fui a la Escuela de Música Creativa y ahí conocí a Eva Gancedo. Ella me dijo: tú puedes ir a Berklee. Creo sinceramente que si ella no me hubiera dicho esto, no me habría atrevido.

Y vaya si se atrevió. En 2005 se matriculó en el Berklee College of Music de Boston, donde se graduó muy brillantemente en la especialidad de bandas sonoras. Tres años después se trasladó a Los Ángeles, ciudad con la que tiene un vínculo especial. En la actualidad vive Madrid, aunque sigue conservando su apartamento en LA.

Estos trazos dibujan una artista cosmopolita que, sin embargo, conserva un innegable arraigo sentimental con Galicia, tierra natal de su padre. Este vínculo con sus orígenes paternos se ha materializado en varias colaboraciones con el director y guionista orensano Ignacio Vilar, cuyas películas se desarrollan en Galicia y, en su mayor parte, se ruedan en gallego. Así que no cabe duda de que Montes es una mujer que conjuga con naturalidad sus raíces con una incuestionable vocación universalista que traslada a su quehacer como compositora:

El cine español es ya internacional y no entiende de fronteras ni de distancia, son historias universales las que quiero contar con mi música

El tándem Vilar-Montes

La colaboración de Montes con el director orensano Ignacio Vilar se ha concretado en tres películas en las que la compositora madrileña ha dejado su impronta. De hecho fue Vilar quien le brindó la oportunidad de escribir la primera partitura para un largometraje, cuando la llamó para Pradolongo (2008). Cuatro años después, repitieron en Vilamor (2012). En estas dos películas está muy presente la defensa de la identidad gallega y del medio rural, una constante en un realizador fiel a sus orígenes que siente pasión por la naturaleza y la cultura tradicional de su tierra.

Se podría decir que las partituras de estos dos melodramas rurales con trasfondo romántico tienen resonancias celtas y efectivamente así es. De hecho incluyen gaitas, zanfona, guitarra, percusión y otros instrumentos tradicionales. Pero también hay lugar para los violines, los clarinetes, el oboe, la flauta o el contrabajo. Con timbres tan variados Zeltia Montes sendas bandas sonoras, consiguiendo que queden como un traje a medida. La clave para que así sea, puede que nos la dé ella misma:

Hay que escuchar a la película, porque la música ya está en la película. La película sabe lo que necesita. Yo soy una intermediaria.

Dos años después, en 2014, el mismo director requirió de nuevo sus servicios esta vez para A esmorga, película basada en la novela homónima de corte tremendista escrita por el vigués Eduardo Blanco Amor. La partitura es simple y, paradójicamente, compleja. Música pianística, minimalista y de carácter improvisatorio, que interpreta la propia compositora de principio a fin. Música que acompaña de manera compasiva el camino autodestructivo que emprenden tres amigos a lo largo de una jornada completa.

La balanza se inclina a favor de ZM

En 2021 Zeltia Montes recibió el espaldarazo definitivo que hará de ella una compositora conocida a nivel global. Ese año el director y guionista Fernando León de Aranoa la llamó para que colaborara con él en El buen patrón, película que ha terminado acaparando una enorme cantidad de nominaciones a los Premios Goya 2022: veinte en total, incluyendo mejor música original.

El buen patrón, es una fábula que no deja títere con cabeza y cuyo mensaje viene a ser que, en nuestra sociedad, la vileza general es lo que nivela la balanza. Y que, cuando ni siquiera con la mezquindad se consigue este equilibrio, entonces se coloca una bala como contrapeso y asunto terminado. Esta inclasificable película (¿comedia dramática?) encierra una visión ácida y desesperanzada de la sociedad española con la que han conectado la mayor parte de los espectadores de nuestro país.

Componer la música de un largometraje de estas características no es tarea fácil. En principio requiere encontrar un tono adecuado y luego acertar a trasladarlo al pentagrama. Zeltia Montes aborda este arriesgado trabajo y consigue escribir una banda sonora que funciona como envoltorio perfecto para el amargo caramelito que nos regalan Aranoa y Javier Bardem. Su partitura se basa en temas esperpéntico-humorísticos que colocan la emoción del espectador en modo comedia, hasta que éste se da cuenta de que el fondo de la cuestión no tiene nada de gracioso. Una vez encontrado el tono adecuado (algo “muy delicado” cuando se trata de este género, según afirma la compositora), supo abordar con acierto el siguiente reto: conseguir que la música funcione de manera orgánica:

La clave está en la arquitectura y que funcione como banda sonora global.

Este logro es el que de verdad diferencia a una buena banda sonora de otra mediocre, porque ayuda a estructurar la narración y contribuye a modular la emoción del espectador. Para conseguirlo hay que tener formación, oficio y cultura cinematográfica, algo de lo que ciertamente anda sobrada Zeltia Montes.

La partitura de El buen patrón se estructura en torno a un tema generador del que, de alguna manera, surgen los demás. Desde este punto de vista cabría decir que sigue una orientación llamémosle clásica. A partir de una idea musical la compositora pone en juego su oficio para desarrollarla tal y como requiere cada escena, eligiendo de manera perspicaz la orquestación más adecuada según el momento. Este juego, ejecutado con soltura y técnica, desemboca inevitablemente en una música con carácter protagónico y un enfoque cien por cien cinematográfico. Y esto no surge de manera casual, sino de forma absolutamente consciente.

Me gusta que los directores me hablen como si fuera una actriz, no una compositora. Que me digan lo que quieren conseguir. De hacerlo, me encargo yo.

Tan “clásica” (en el mejor sentido de la palabra) resulta esta partitura que no es difícil aventurar alguna influencia cercana, dicho sea sin menoscabo de la originalidad de Zeltia Montes. Y, puestos a especular, yo diría que esta influencia podría ser del mismísimo John Williams. Más concretamente del tema principal que escribió para La terminal (S. Spielberg, 2004). Una curiosa influencia en la que no encontraremos ni una sola nota igual y que tiene que ver sobre todo con variados aspectos del tratamiento musical. Sea como fuere, la intención de proporcionar un carácter amable a un guión endiabladamente venenoso está sobradamente conseguida.

Así que consiga (o no) el Goya a la mejor banda sonora original, sea seleccionada (o no) la película para los Óscar, estoy seguro de que Zeltia Montes tendrá una enorme proyección en un futuro cercano. Es una profesional con determinación e inspiración que, además, tiene muy claro que el oficio de componer para el cine es un juego en el que hay que asumir ciertos riesgos, ideas que deja bien patentes en estas dos frases:

La música es juego (en inglés se dice play). Esta sería la mejor forma de definirla.  

Solo quienes arriesgan consiguen nuevas sensaciones en el espectador.

Lamberto del Álamo
Acerca de Lamberto del Álamo 17 Articles
Me llamo Lamberto del Álamo. Soy músico (clarinetista y saxofonista), musicólogo y profesor. Como profesor de música he intentado descubrir la magia de las bandas sonoras a mis alumnos, enseñándoles a disfrutarlas y a descubrir sus secretos. Me gusta divulgar la música cinematográfica ante auditorios muy heterogéneos y dedico mi tiempo libre a escribir sobre este tema. En solitario he publicado dos libros hasta el momento: “El psicópata que amaba a Beethoven y otros cien apuntes de música y cine” y “El cine y su música. Secretos y claves”. En la actualidad estoy preparando un tercero.

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