COMPOSITORAS DE CINE VI: ‘Vivian Kubrick: una extraña en el paraíso’

Vivian Kubrick en la habitación en la que escribió la partitura de 'La chaqueta metálica'.

En los listados de compositoras cinematográficas más relevantes casi nunca falta Vivian Kubrick (Los Ángeles, 1960). La cuestión es si la hija de Stanley Kubrick, uno de los cineastas más relevantes de todos los tiempos, debe figurar en este pequeño olimpo. Dicho de otra forma, ¿tiene los méritos suficientes como para ocupar un lugar entre las principales mujeres que han escrito música para la industria audiovisual. ¿Cuál es su obra? ¿Qué calidad tienen sus partituras?… Tras una somera búsqueda es fácil darse cuenta de que el recorrido como compositora de Vivian Kubrick es muy escaso.

Para ser más exactos su aportación a la música de cine se reduce a La chaqueta metálica (1987), célebre largometraje dirigido por su padre, además de un casi desconocido drama titulado The Mao Game (1999), que fue dirigido por un tal Joshua Miller. A esto hay que añadir el documental Shooting Full Metal Jacket (1986) y otro sobre la guerra de Vietnam titulado First Kill (2001). Con un currículo tan exiguo llama la atención que Vivian Kubrick ocupe ese lugar de privilegio al que hacíamos referencia.

Su relevancia mediática (más bien escasa) durante los últimos veinte años tiene que ver, sobre todo, con sus posicionamientos ideológicos muy cercanos a la extrema derecha. Durante la pandemia de Covid-19 se ha sumado al movimiento contra el uso de mascarillas y las vacunas. Unos años antes, cuando gobernaba Barack Obama, no dudó en tildar al entonces presidente de “loco tirano”. Y volviendo la vista todavía más atrás, en 1999 fue noticia cuando acudió al funeral de su padre bajo la estricta vigilancia de un componente de la Iglesia de la Cienciología y se marchó sin dirigir la palabra a ningún miembro de su familia.

Cuando murió el famoso director, Vivian llevaba ya un tiempo en esta organización religiosa y sin el menor contacto familiar. Un poco antes, su padre la había llamado para escribir la partitura de Eyes Wide Shut, pero ella se negó en redondo, sin que hiciera efecto la carta (¡de cuarenta folios!) que él escribió para intentar convencerla. Parece claro que no le agradaba trabajar de nuevo al lado de su genial progenitor y puede que tampoco le apeteciera mucho seguir adelante con su carrera musical. De hecho, desde que en 2001 compuso The Mao Game, no se le conoce ninguna otra obra.

Sea cual fuere la relación entre ambos lo que sí es cierto es que Vivian hizo cameos y trabajos técnicos en varias películas de su padre, lo que le dio la oportunidad de conocer de primera mano hasta dónde llegaba su perfeccionismo y el grado de tensión que conllevaba trabajar con el genio neoyorkino. Como compositora es de suponer que sufrió en sus carnes las neuras añadidas de Stanley Kubrick en lo que respecta al tratamiento de la música.

Foto que Stanley Kubrick hizo a su hija, durante el montaje de ‘El resplandor’, en 1980.

Con estos datos cabe preguntarse a qué pudo deberse el abandono temprano de la carrera musical de Vivian Kubrick. ¿Tuvo algo que ver su entrada en la Cienciología? ¿Acaso no pudo soportar el peso de su apellido? ¿Hubo algún otro condicionante que le impidiera seguir una carrera que podía haber sido exitosa?… No parece que nadie esté en condiciones de dar respuesta a estos interrogantes. Lo cierto es que los intereses actuales de Vivian Kubrick, una mujer ya con 60 años, tienen muy poco que ver con la música y mucho más con sus preocupaciones políticas.

Trabajando para el ogro

La relación entre Kubrick padre y los músicos que colaboraron con él nunca fue relajada. Gerald Fried, amigo del director y autor de cinco de sus bandas sonoras, afirmó: “Tenía tales delirios de grandeza que creyó que ningún compositor vivo podía estar a su altura”. En efecto, ni siquiera Alex North, uno de los músicos más prestigiosos que ha trabajado en Hollywood, autor de la magnífica partitura de Espartaco, pudo librarse de sus malos modos. No sería exagerado afirmar que hay una cierta leyenda respecto a Kubrick y su actitud hacia “sus” músicos que lo presenta como una especie de temible ogro. Con esta tarjeta de presentación, aceptar el encargo de escribir la partitura de una película para él era como para echarse a temblar. A pesar de lo cual, Vivian accedió a poner música a La chaqueta metálica, el penúltimo de sus trece largometrajes, y lo hizo firmando con un seudónimo (Abigail Mead) como queriendo sacudirse el tremendo peso de su apellido. Además, aceptó un brevísimo papel como operadora de cámara de una cadena de televisión, filmando una fosa común.

La chaqueta metálica es un film basado en el libro titulado The Short­Timers, publicado en 1979 y escrito en clave autobiográfica por Gustav Hasford, periodista y novelista veterano de Vietnam. Hasford fue un corresponsal de guerra que escribió para los medios del ejército norteamericano, tal y como hace el Soldado Bufón, protagonista de la película. Su novela, escrita a su vuelta de la contienda tuvo un enorme éxito y Kubrick contactó con él para su adaptación cinematográfica. La chaqueta metálica es una película bélica con un evidente sesgo antibelicista, cuyo trasfondo filosófico nos lo dará el propio protagonista en la escena en la que un irritado comandante le recrimina que lleve el símbolo de la paz en el pecho y la leyenda “Nacido para matar” en el casco, a lo que el soldado replica escuetamente: «Intento decir algo sobre la dualidad del hombre. Esto es lo que dice Jung, señor». En esta sencilla frase se resume, en mi opinión, el mensaje que Kubrick pretende transmitir en esta película, profundamente anclado en la visión pesimista que tenía el director acerca del ser humano.

Vivian con su padre Stanley Kubrick.

La banda sonora de este filme consta de dos bloques muy diferenciados que reflejan lo que implica concebir al hombre como capaz de lo mejor y de lo peor. El primer bloque (compuesto por Vivian Kubrick) es música de fondo a base de inquietantes colchones armónicos, percusiones castrenses (redobles) y tambores japoneses, que sugieren nítidamente los sonidos de la guerra. En la mayor parte de los cortes escritos por Kubrick-hija apenas hay melodía y, cuando esto sucede, se trata de motivos muy simples que consiguen intensificar la sensación de desasosiego. Es una música que aporta sensación de tensión, sufrimiento y muerte:

El segundo bloque musical está formado por una sucesión de canciones populares de la época. De entre todas ellas destacan “Hello Vietnam” de Johnny Wright, una pieza en estilo country que suena en los títulos de crédito, mientras cortan al cero el pelo de los reclutas. El conocidísimo tema “These Boots Are Made for Walking”, cantado por Nancy Sinatra, se escucha en la primera escena en que aparecen Bufón y su compañero Rompetechos ya como soldados en Vietnam, cuando una prostituta se acerca a ofrecerles sus servicios.

Un tercer tema significativo es el titulado Surfin ́ Bird, interpretado por The Trashmen, utilizado en pleno ataque de los marines a un poblado vietnamita. Se trata de una desenfadada canción con abundantes onomatopeyas: “Papa ooma mow mow, papa ooma mow mow…”. En esta escena la música comparte protagonismo sonoro con los sonidos de guerra. Los reporteros filman la batalla y, en su conjunto, la sensación que traslada al espectador es de irrealidad, como de estar contemplando un videoclip en lugar de una acción bélica.

A estos dos bloques habría que añadirle los cantos de los marines, tanto los del período de instrucción como los de las acciones bélicas en Vietnam. De entre todas estas canciones, la más sorprendente es, sin duda, la del Club de Mickey Mouse, que los soldados entonan después de una dura escaramuza en la que han muerto varios de ellos. La escena es muy efectista. Ha caído la noche y las llamas lo arrasan todo. El Soldado Bufón, que acaba de perder a su mejor amigo abatido por una joven francotiradora, dice con ironía: «Por hoy ya hemos inscrito nuestros nombres en la página de la historia». Mientras caminan, todos comienzan a cantar. No se trata de un himno solemne, sino de un paródico himno militar, basado en la Marcha de Mickey Mouse, que era la sintonía de un programa de TV de los años cincuenta, titulado El Club de Mickey Mouse. Este canto sirve como telón de fondo para una amarga y cínica reflexión en voz alta del soldado:

“Este mundo es una puta mierda, sí. Pero estoy vivo. Y no tengo miedo.”

Resumiendo. La banda sonora de la película es sobresaliente, incluida la parte escrita ex profeso por la compositora. Además no hay duda de que tiene mucho mérito atreverse, como hizo Vivian Kubrick, a trabajar con su controvertido y genial padre. Sería interesante conocer los pormenores de esta colaboración, aunque no es difícil imaginar que saltarían chispas en muchas ocasiones y que para ambos tuvo que ser difícil compaginar un trabajo profesional con las inevitables confrontaciones que surgen en cualquier relación paternofilial. Pero reconocer todas estas dificultades no puede llevarnos a considerar a Vivian Kubrick como una compositora de primera fila, cuyo nombre deba aparecer junto a las diez, quince o veinte mejores profesionales de la música cinematográfica.

Lo cierto es que siempre quedará la duda de si, de no haber tenido que cargar con tan ilustre apellido, Vivian Kubrick habría explotado sus cualidades hasta convertirse, por derecho propio, en una de las “grandes” de la música cinematográfica.

Lamberto del Álamo
Acerca de Lamberto del Álamo 17 Articles
Me llamo Lamberto del Álamo. Soy músico (clarinetista y saxofonista), musicólogo y profesor. Como profesor de música he intentado descubrir la magia de las bandas sonoras a mis alumnos, enseñándoles a disfrutarlas y a descubrir sus secretos. Me gusta divulgar la música cinematográfica ante auditorios muy heterogéneos y dedico mi tiempo libre a escribir sobre este tema. En solitario he publicado dos libros hasta el momento: “El psicópata que amaba a Beethoven y otros cien apuntes de música y cine” y “El cine y su música. Secretos y claves”. En la actualidad estoy preparando un tercero.

3 Comments

  1. Excelente artículo, como todo lo que escribes Lamberto. Ameno y lleno de información interesante y valedera. Comparto tu opinión respecto de la compositora. Es un placer seguir esta serie de trabajos dedicados a las mujeres relacionadas con la música de cine.

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