‘Moonfall’, la cara oculta

El cine de Roland Emmerich guarda ciertos puntos en común con el de otro director despechado en Hollywood: Michael Bay. Mientras el primero destaca por su fascinación por las películas de catástrofes, el segundo debe su fama principalmente a las películas de robots que viene realizando en los últimos años. Pero en ambos casos, todo se encuentra sazonado por unas cotas de humor absurdo marca de la casa y se incluye una trama familiar de por medio.

Moonfall, último film del realizador germano, no es una excepción a dicha regla, y puestos a compararle con Bay, podríamos definir su nuevo largometraje como un cruce entre dos obras del director estadounidense: Armageddon (1998) y la tercera entrega de la saga Transformers, subtitulada (precisamente) El lado oscuro de la Luna (Dark of the Moon, 2011).

La película, cuyo arranque recuerda inevitablemente al de Gravity (Alfonso Cuarón, 2013), nos habla de un teórico de la conspiración que acude a la NASA después de descubrir que la Luna se ha salido de su órbita, sosteniendo a su vez que, en realidad, esta siempre ha sido una megaestructura, y que hay algo en ella que le impide funcionar correctamente. Mientras nadie de allí le cree, la Luna se encuentra a punto de impactar contra la Tierra, y el ejército de los Estados Unidos inicia un plan para lanzar misiles nucleares contra el satélite. Sin embargo, la ex astronauta Jo Fowler (Halle Berry) parece tener una idea clara de cómo salvarla evitando a su vez que caiga sobre nuestro planeta, pero para llevarla a cabo deberá unir fuerzas y embarcarse en un peligroso viaje junto con el astronauta Brian Harper (Patrick Wilson) y KC Houseman (John Bradley), el ya mencionado teórico de la conspiración.

Sin embargo, a pesar de que es innegable que, cuando se lo propone, Moonfall posee cierto sentido del espectáculo y resulta cuanto menos distraída, también lo es que sus muy perogrulleros diálogos, a cada cual más evidente que el anterior – el tándem formado por el propio Emmerich y el guionista Harald Kloser, con quien ya trabajara en el libreto de la apocalíptica 2012, sigue sin funcionar –, empañan bastante el resultado final, haciendo que resulte difícil tomarse en serio un film que cuenta con varias caras conocidas en su reparto. Por suerte, la previsibilidad y cámara lenta que caracterizaban las risibles secuencias de acción de El Patriota (The Patriot, 2000), otro de los films de Emmerich – y posiblemente, el más maniqueo – quedan aquí a un lado, y no estamos tan lejos de propuestas igualmente fallidas pero destinadas a entretener al público de masas como la ya mencionada 2012 o incluso El día de mañana (The Day After Tomorrow, 2004).

Por lo tanto, sólo queda afirmar que Moonfall no supone ni un paso hacia adelante ni un paso hacia atrás en la carrera de un director ya acostumbrado al cine de acción y de catástrofes, pero sí puede considerarse como una de sus obras menos desastrosas.

Miquel Felipe
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Graduado en Cinematografía por la ESCAC y en contacto con el CineClub Vilafranca desde mi infancia, empecé a reseñar películas en Internet a la edad de nueve años, labor que he continuado hasta el día de hoy. Aunque suelo ver todo tipo de propuestas, siento especial fascinación por los siguientes géneros: la ciencia ficción, el cine fantástico, el terror y el cine negro.

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