EMMA SUÁREZ: “’Una ventana al mar’ me ha familiarizado con el hecho de morir, no dramatizarlo”

Emma Suárez (Madrid, 1964) es sin lugar a dudas una de las mejores actrices en la historia del cine español. Lo acreditan tres premios Goya (El perro del hortelano, Julieta y La propera pell), múltiples galardones y casi cien películas y personajes inolvidables: La Mosquitera, Sobreviviré, Tierra, La ardilla roja…

Presentada en el pasado BCN Film Festival, donde pudimos hablar con ella, estrena ahora de la mano de Filmax  Una ventana al mar, donde se enfrenta a un nuevo reto interpretando a una enferma de cáncer.

Presentas Una ventana al mar, una película muy personal de su director Miguel Ángel Jiménez. ¿Cómo llega el papel a tus manos y qué sientes al leer el guion?

Creo que lo leí sin saberlo, me enteré después de la historia del director, pero recuerdo que me gustó mucho. Primero se llamaba María y el volcán.

¿Sientes más presión al tratarse de una película en la que el director ha volcado experiencias propias?

Absolutamente. Hay una responsabilidad, un compromiso. Pero al ser algo personal para el director también se convierte en algo más personal para ti, y quieres ser tan honesta como lo ha sido el director. Eso, también, te genera trabajar desde otro lugar.

En la película interpretas a una mujer enferma de cáncer. ¿Cómo te preparaste el papel?

Dejándome llevar más, confiando en el director. Sabía que estaba muy apoyada por las imágenes en esta película tan visual en la que la fotografía explica mucho de lo que le sucede al personaje, que se cuenta a través de esos planos, esos pequeños detalles que van apareciendo a lo largo de la película. Y en ese sentido eso me daba muchísima confianza. Pensé que tenía que ser muy transparente, no recurrir a artificios o apoyos o pequeños trucos, si no dignificar el personaje desde la honestidad, siendo muy respetuosa.

En la película todo lo relacionado con la enfermedad del personaje está tratado con muchísimo respeto, discreción y elegancia.

Es la primera vez que interpretas a una enferma de cáncer, ¿verdad?

Yo creo que sí, es la primera vez. En la película todo lo relacionado con la enfermedad del personaje está tratado con muchísimo respeto, discreción y elegancia. Hay una distancia.  Y quizás no es el elemento protagonista en el personaje de María, aunque es muy importante. El elemento principal es el viaje interior que hace el personaje a raíz de la noticia de su enfermedad.

Una de las amigas de María, tu personaje, dice en un momento determinado que “con los años la vida en vez de ir sumando cosas, las va restando”. Me pareció una expresión muy melancólica, pero es todo lo contrario de lo que hace tu personaje, que al final de sus días intenta luchar contra esa melancolía y contra su vida hasta entonces y decide vivir una de nueva. Va sumando, aunque ve venir el final.

Dicen que uno nunca piensa cuando es joven que su vida sería como la que tiene ahora. Uno nunca tiene la vida que había pensado, soñado. Y la amiga dice sí, los que se atreven, los que no tienen miedo. Pero yo no soy así, dice María. Son tres amigas muy diferentes. Eso era muy curioso también. Era como tratar de complementar el universo de María y lo que a ella le sucede con el exterior. No era tan sencillo de complementar, porque lo que le está pasando a María por dentro es importante, es intenso. Es interesante ver como ese viaje lo viven sus amigas desde otro lugar, más turístico, fotografiando monumentos. Al mismo tiempo van acompañando a su amiga, que, aunque son muy distintas las tres, se quieren, se protegen y se cuidan.

La película está espectacularmente filmada en Grecia, un paisaje que es un protagonista más, un lugar abrazado por la luz y donde la eternidad de la obra humana se refleja en cada rincón. Creo que la película sería muy diferente si se hubiese rodado en otro lugar del mundo. ¿Qué os llevó hasta ahí?

Se rodó en Grecia porque los guionistas fueron allí a escribir el guion. Habían recibido una beca para escribir un guion, pero iban a escribir otra historia. Y estando allí, al director Miguel Ángel Jiménez le acababa de pasar lo de su madre. Quiso darle un final  y quiso llevarla de viaje a través de la película, por decirlo bonito.

Aunque eres actriz e interpretas a un personaje y luego te despides del lugar, hay personajes, sensaciones y películas que se quedan dentro, afortunadamente. Y ese lugar se ha quedado dentro. Espero volver algún día.

¿Cómo te ayudó el espacio a construir el personaje de María?

El espacio fue definitivo, determinante e imprescindible. Porque hay lugares que lo son, que tienen una energía especial, que provocan. Si eres receptivo, te cuentan cosas. Y este espacio era así. De hecho, tengo la suerte de tener muy presente ese lugar. Se ha convertido en algo que está dentro. Porque eso es lo que le pasaba a María también. Aunque eres actriz e interpretas a un personaje y luego te despides del lugar, hay personajes, sensaciones y películas que se quedan dentro, afortunadamente. Y ese lugar se ha quedado dentro. Espero volver algún día.

Además, recuerdo un día que estábamos rodando la película y yo estaba sintiendo esa relación con esa isla. Los colores, las piedras, el atardecer. Los tonos que cogía la piedra. Los rojizos, los mosaicos, los caminos, las caras de la gente. Había una mujer muy mayor que siempre estaba en su puerta por la mañana, por la tarde, sola. Al final cuando pasaba por ahí la saludaba, pero ella no me conocía. El entorno se vuelve algo familiar.

Un día, era domingo, Miguel Ángel vino por la mañana a mi habitación del hotel sencillito donde estábamos y llamó a la puerta. Y me dice, perdona, es que estoy pensando en una cosa, llevo toda la noche sin dormir. Es algo que quiero poner en la película. Ayer estuve viendo Los puentes de Madison y hay una escena muy bonita de Meryl Streep con Clint Eastwood, y mira, me gustaría rodar algún plano de María en la isla, con las piedras ¿Te importa? Y le digo “no, vámonos”.

¡Me hizo un regalo! Cogí el vestido de María, que era uno mío que aporté a la película, y nos fuimos a rodar. Fue cuando filmamos el plano de ella cuando coge la arena con su mano. Eso lo rodamos ese día. Faltaba eso en la película. Y cuando me lo estaba explicando, pensé, ostras, lo había pensado. Y decía, esta isla es impresionante. Pensaba en como los lugares te impactan y se apoderan de ti, y pensé en la película faltaba esto. Y el director llegó el domingo con la misma idea.

¿Qué ha aportado este personaje a ti y a tu carrera?

A mí me ha aportado la importancia y el significado de asumir que la muerte es algo que está cerca. De alguna manera, familiarizarme con el hecho de morir. Aceptarlo desde otro lugar. No dramatizarlo, si no encontrar la posibilidad de convertirlo en algo de lo que aprender, sobre lo que reflexionar. No desde la educación que hemos recibido, si no de una forma más humana.

En la mayoría de películas en las que aparece un enfermo de cáncer el personaje tiene un final irremediable. Cuando en España cada vez más enfermos logran salvarse, ¿cómo crees que tu película intenta no perpetuar el cliché de que el cáncer es igual a muerte?

La película no habla de la permanencia, de la existencia y la temporalidad de la vida, de los que se quedan, de los que se van, de la continuidad de la vida. En ese sentido, la película respeta mucho la naturaleza del ser humano. Y ahí Miguel Ángel ha querido ser positivo con la pérdida. No es una pérdida, al final, porque ella ha creado algo también, una nueva familia y sigue sumando. Pero yo creo que eso pasa cuando alguien se muere, sabes. Cuando una persona que ha sido importante en tu vida se muere, se muere, pero no se va. Toma un lugar que tiene más intensidad y te enseña cosas desde ese lugar. No es que yo sea creyente, no estoy hablando en ese sentido. Si no desde la experiencia. Yo recuerdo cuando murió mi padre, con el que yo tenía una relación muy especial, tomé consciencia de donde venía y al tomar consciencia de donde venía, que era mi padre, tomé consciencia de quién era yo.

Pablo Sancho París
Acerca de Pablo Sancho París 393 Articles
Licenciado en Historia del Arte y Comunicación Audiovisual por la U.B., Master en Ficción de Cine y Televisión por la U.R.L. y Master en Film Business por ESCAC. He sido presidente de la Federació Catalana de Cineclubs entre 2015 y 2017, siendo actualmente responsable de proyectos de la entidad. Además, soy el programador de Cine Club Vilafranca, que gestiona la Sala Zazie y el Cine Kubrick de Vilafranca del Penedès. Además, he compaginado estas tareas con la de cronista cinematográfico, profesor de cine en talleres para niños y adolescentes, y la realización de audiovisuales y cortometrajes de ficción. Me podéis contactar en pablosanchoparis@industriasdelcine.com.

1 Trackback / Pingback

  1. 'Industrias del Cine' cumple su tercer aniversario - Industrias del Cine

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*