Los Goya 2020: Las entrañas de las actuaciones de los nominados a Mejor Actor Revelación y Mejor Actriz Revelación

El pasado año, Eva Llorach y Jesús Vidal se alzaron como los últimos ganadores del Goya revelación, un premio que, en el mejor de los casos, abre de manera destacada las puertas de la industria para los que lo obtengan. Anna Castillo, Natalia de Molina, María León, Miguel Herrán, Dani Rovira y Carlos Santos fueron algunos de los que lo consiguieron y no podemos decir que sus carreras no hayan ido en ascenso desde entonces. En Industrias del Cine, intentamos desgranar los puntos clave de las actuaciones de los intérpretes nominados a los Goya 2020 para conocer mejor sus papeles e ir preparándonos para una nueva noche de cine, esta vez en Málaga y presentada, otra vez, por el dúo Andreu Buenafuente-Silvia Abril.

Nominados a Mejor actor revelación

Enric Auquer, por Quien a hierro mata (Paco Plaza)

2019 ha sido un año espléndido para el catalán Enric Auquer. A su memorable papel de narco millenial en Quien a hierro mata debe destacarse también el que interpreta en Vida perfecta, la serie de Leticia Dolera. En ambos casos, sus personajes han sido hombres muy singulares que demandaban un fuerte mimetismo por parte del actor, que no debía meterse en la piel de un ciudadano más, sino de personas con un imaginario y maneras de vivir muy concretas.

Uno de los rasgos a destacar de su rol en el film de Paco Plaza es ese nervio con el que aborda a su personaje, Kike, el hijo menor de un importante traficante gallego: al impecable acento que adopta debe sumarse el movimiento general que acompaña a sus pasos, un mínimo balanceo inquieto que aporta a la actitud efervescente y altiva de un chaval que acude al funeral de su padre a ritmo de trap. Auquer, que se inició en el mundo de la interpretación incitado por su madre (más que motu proprio), parece capaz de todo y de todos los papeles después de este año tan fructífero. 

Nacho Sánchez, por Diecisiete (Daniel Sánchez Arévalo)

Si algunos personajes destacan por su excentricidad, otros los hacen por su llanura y naturalidad. Es el caso del personaje de Nacho Sánchez en Diecisiete, la reciente película del director de La gran familia española, una feel good movie que únicamente cuenta con esta nominación en su palmarés. El actor abulense interpreta al hermano mayor de Héctor (un sorprendente Biel Montoro que no ha conseguido entrar como candidato en los Goya), un chico problemático que se escapa del centro donde reside en busca de su perro Oveja, al que han dado en adopción. El viaje que le sigue, en caravana y con la abuela incluida, es un emotivo viaje familiar donde la empatía y la calidez son dos compañeras de periplo más.

Nacho Sánchez toma a su personaje con la robustez propia de la experiencia que le deberían haber aportado unos años de más en la profesión y ofrece una interpretación convincente y segura que casa idealmente con el tono del largometraje. La dualidad entre la solidez que manifiesta ante su hermano y la más relajada cotidianeidad e imperfección del día a día elevan a su personaje hasta una destacada posición en la lucha por el Goya.

Santi Prego, por Mientras dure la guerra (Alejandro Amenábar)

Lleva años frente a la cámara, pero ha sido su papel como Francisco Franco en Mientras dure la guerra el que le ha dado más relevancia. El de Santi Prego es un rol muy técnico, cuidado y controlado al detalle para encarnar lo más fielmente posible al dictador español sin caer en la simple imitación que, seguramente, el director de Los otros jamás hubiera permitido.

Prego deja intuir un gran trabajo vocal y nasal para alcanzar la característica voz de Franco; una voz con un tono suave, hasta dulce, que no usaba en demasía si no era para decir algo muy relevante que llevaba tiempo cavilando. El actor mide también su compostura sobremanera y brilla en las escenas junto a su hermano Nicolás, encarnado por Luis Bermejo, que fue quien le empujó a postularse como generalísimo. Una nominación comprensible que, sin embargo, puede verse eclipsada por las actuaciones de los más jóvenes.

Vicente Vergara, por La trinchera infinita (Jon Garaño, Jose Mari Goenaga, Aitor Arregi)

El caso de Vergara es algo paradigmático. Como casi cada año, siempre hay algún candidato o candidata a Mejor intérprete revelación en los premios Goya sobre el cual, tras el anuncio de las nominaciones, debemos googlear su nombre para recordar qué cara tenía o cuál era su personaje (esto también lo podemos aplicar a Pilar Gómez). En La trinchera infinita, Vicente Vergara da vida al vecino del protagonista (interpretado por Antonio de la Torre), un hombre sin contemplaciones que sospecha desde el primer momento que en esa casa sucede algo extraño.

Su papel bien representa a la España represora, la chivata, la que aún habiendo vencido desea humillar día a día, noche tras noche, a los que perdieron la guerra. Vergara cumple en su papel de eterno examinador de todo aquello y todo aquel que se mueve a su alrededor en la dirección opuesta a sus ideas.

Nominadas a Mejor actriz revelación

Carmen Arrufat, por La inocencia (Lucía Alemany)

Lucía Alemany, directora de La inocencia, analizó más de 150 vídeos de posibles candidatas a protagonizar su ópera prima antes de toparse con la mirada de Carmen Arrufat. Según confiesa, lo que más le llamó la atención de la castellonense fue ese rasgo y la combinación de inocencia y madurez que conllevaba asumir el papel de Lis y que, por fin, encontró en la joven. La película, rodada en valenciano y en el pueblo de Alemany, ha sido el primer largometraje para ambas y ese nexo de unión se ha hecho notar. Arrufat ha sabido mostrar con mucha naturalidad la intranquilidad de ser adolescente en un pueblo donde uno no solo debe lidiar con la familia, sino también con los vecinos, conocidos y los chismes que se derivan de sus enrevesadas mentes.

A medio camino entre la dependiente niñez y la libertad de los adultos, Lis se enamora y desenamora del intenso Néstor (Joel Bosqued), de quien se queda embarazada tras un accidente propio, nunca mejor dicho, de una noche de verano. Su cara, sus gestos, todo en la joven destila el sentimiento exacto que su personaje atraviesa en cada momento: desde la despreocupación que le ocasiona una divertida noche de fiesta en la discoteca, hasta la desesperación de verse en una situación que jamás hubiera esperado para sí cuando su único problema hasta la fecha era saber si sus padres la dejarían irse a Barcelona para ser artista de circo o no.

Benedicta Sánchez, por Lo que arde (Oliver Laxe)

Difícil obviar la escena donde una enjuta anciana camina por un bosque de Galicia: se agarra a los árboles, se apoya, tentativa pero con firmeza, en la naturaleza… Esa señora es Benedicta Sánchez y es la que, seguramente, más encaje con la palabra revelación de todas las nominadas al Goya en esta categoría. Como le sucedió a la difunta Antonia Guzmán en A cambio de nada, es la primera vez que la ahora actriz gallega se ponía ante la cámara.

Como si de un documental se tratara, Sánchez hace caso omiso de la cámara para transmitirnos una de las actuaciones más puras del cine reciente: un papel exageradamente costumbrista que pone en alerta al espectador ante la duda de saber si esa señora es una intérprete o parte del paisaje y las raíces de la tierra filmada. De conseguir el preciado cabezón, resultaría una victoria justa pese a aparecer notablemente menos que otras actrices nominadas. Tal despliegue de naturalidad debería ser reconocido.

Ainhoa Santamaría, por Mientras dure la guerra (Alejandro Amenábar)

Curtida en la pequeña pantalla desde hace años, no ha sido hasta 2019 que la vasca Ainhoa Santamaría se ha iniciado en el séptimo arte con Amenábar y su película sobre Unamuno. La actriz de la serie Isabel interpreta aquí a un personaje real: Enriqueta Carbonell, la mujer de Atilano Coco (Luis Zahera), un pastor protestante, republicano y masón íntimo amigo del escritor y que fue detenido en 1936 por los militares sublevados.

Santamaría, en un papel bastante secundario, sabe transmitir con dulzor y esperanza la inquietud de una esposa a la que le cuesta entender que su marido, seguramente, no volverá a casa (el pastor fue fusilado el mismo año de su encarcelamiento, pero se desconocen exactamente las claves sobre su desaparición). Es Enriqueta, con cierta timidez, quien le entrega una nota al escritor donde le pide ayuda para librar a su marido de la prisión, y es esa nota la que Unamuno usaría para redactar de imprevisto el discurso que pronunció en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca. Al contrario que la famosa sentencia para el recuerdo, Ainhoa Santamaría puede no vencer el próximo 25 de enero, pero sí ha logrado convencer.

Pilar Gómez, por Adiós (Paco Plaza)

La presencia de la onubense fue la gran sorpresa de las nominaciones, y es especialmente flagrante por que intuimos que su candidatura ha dejado sin sitio a una de las grandes favoritas: María Rodríguez Soto (Els dies que vindran), con la que los Goya ya tiene una deuda pendiente. 

El papel de Pilar Gómez es minúsculo, pues tan solo aparece en dos escenas bastante iniciales. En ellas, interpreta a una mujer de los suburbios sevillanos acostumbrada a moverse con comodidad en los bajos fondos, que vale más por lo que calla que por lo que dice y que tiene un ratón como mascota. Una interpretación efectiva pero cuya nominación le queda algo grande.

Claudia Guillén
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Graduada en Publicidad y Relaciones Públicas por la Universidad Pompeu Fabra y Máster en Film Business por la ESCAC. También cursé Historia de Cine y Crítica cinematográfica en La Casa del Cine. Después de pasar por algunas agencias de comunicación y adquirir experiencia en el sector de la distribución de cine, trabajo en una plataforma digital (ojalá que la fuerza cinéfila me acompañe durante mucho tiempo). En mis ratos libres leo con bastante avidez, hago mercadillos de segunda mano y busco películas españolas curiosas por los Encantes de Barcelona.

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