Los Goya 2020: Las entrañas de los nominados a Mejor Actor Secundario y Mejor Actriz Secundaria

Analizamos los nominados a mejor intérprete de reparto en un año en el que la mayoría ha estado ya varias veces en la situación de incertidumbre de saberse o no ganador de un premio Goya. El año pasado, dichos reconocimientos recayeron sobre un vigoroso Luis Zahera, por El reino, y sobre Carolina Yuste, por Carmen y Lola, demostrando así que los grandes favoritos no resultan siempre los vencedores.

Nominados a Mejor actor secundario

Asier Etxeandia, por Dolor y gloria (Pedro Almodóvar)

Personalidad, anarquía, encanto, arte… Todo ello rezuma el personaje de Asier Etxeandia en Dolor y gloria: una mezcla de resultado canalla para interpretar a un actor, Alberto Crespo, parcialmente aficionado a la heroína que se reencuentra con el director (Banderas) que le dirigió insatisfecho hace más de 30 años. En una escena del film, mientras prepara un texto sobre la vida de Mallo, Etxeandia nos seduce con un serpenteante baile que muestra, aún más, el potencial de este artista enérgico, también músico, que ya participó en Los abrazos rotos como camarero invidente, pero cuya escena fue desestimada en el corte final. Un potencial camaleónico y fiero que suele desconocer la indiferencia. El actor vasco recibió su primera nominación al Goya por La novia; donde dio vida a el novio, un hombre delicado, límpido, que ve a su mujer escapándose con otro la noche de bodas. Esta podría ser una buena ocasión para Etxeandia, quien coprotagoniza uno de los films más aclamados de la temporada, para recibir la preciada distinción que reconozca su talento.

Leonardo Sbaraglia, por Dolor y gloria (Pedro Almodóvar)

Sbaraglia aparece por primera vez ante el espectador sentado en una butaca del teatro donde Alberto Crespo (Etxeandía) actúa. Ha sonado Chavela Vargas, tiene los ojos llorosos y un nudo en la garganta y se reconoce en todas las palabras que Crespo pronuncia y que hablan de él y de su vida pasada junto al director. El actor argentino ofrece un emotivo papel como ex pareja de Salvador Mallo con una intervención más bien pequeña, pero pulida y contenida; no parece fácil aguantar las lágrimas y vivir al borde del derrumbe por esa nostalgia o simple recuerdo de juventud. Uno de los momentos más impactantes del actor de Relatos salvajes en el film de Almodóvar resulta ese beso furtivo “por los viejos tiempos” que comparte con Banderas y que hacen de su actuación algo destacable, pero más discreta que la de sus compañeros de nominación. Dolor y gloria le ocasiona su tercera opción de acceder al Goya, premio que ya obtuvo en 2002 como Mejor actor revelación por Intacto (Juan Carlos Fresnadillo, 2001).

Eduard Fernández, por Mientras dure la guerra (Alejandro Amenábar)

Un hombre a quien la suerte hirió con zarpa de fiera: un novio de la muerte. Así es José Millán-Astray, el personaje de Eduard Fernández en Mientras dure la guerra, militar que creó la Legión y a quien, sin duda, la suerte hirió con zarpa de fiera, pues era tuerto y manco. Millán-Astray fue uno de los que apoyó fervorosamente el nombramiento de Francisco Franco como Generalísimo y que, después, pasó a ocupar asuntos de prensa y propaganda. No era un papel fácil para Fernández puesto que no se tienen registros de la voz de Millán Astray y el actor debió pasar largas horas en maquillaje para favorecer la caracterización de tal tullido personaje. La falta de conocimientos sobre su manera de expresarse, importante a la hora de encarnar a alguien que existió, es resuelto por el actor de El hombre de las mil caras al inclinarse por un tono histriónico y cortante, cercano a transmitir miedo y peligrosidad. Uno de los momentos para el recuerdo es ese “¡Viva España!” desubicado que pronuncia el militar al verse sobrepasado por el discurso de Unamuno y no tener, al parecer, nada más inteligente que verbalizar para discutir con el escritor. Un “¡Viva España!” tembloroso, nervioso y enfurecido que, junto a todo el conjunto de su interpretación señala a Fernández como uno de los favoritos para conseguir su tercer Goya. Aunque ha estado nominado en 12 ocasiones (5 de ellas en los últimos años), el catalán no se lleva un cabezón a casa desde 2003.

Luis Callejo, por Intemperie (Benito Zambrano)

De complexión más bien discreta, Luis Callejo suele encarnar con comodidad al prototipo de hombre español de clase media; unas características físicas que, esta vez, no casaban fácilmente, o de manera directa, con su personaje en Intemperie: un tirano capataz en una España árida de desigualdades extremas. En lo último de Benito Zambrano, los pobres respiran y comen polvo y los ricos tienen relojes de oro. Precisamente un reloj de oro es lo que roba el niño, el otro protagonista de la historia junto a Luis Tosar. Ese hurto, junto a la desaparición del muchacho, hace iniciar una búsqueda desesperada por encontrar al joven, que ha decidido negarse a la compañía del capataz, con quien vivía desde que sus padres aceptaran mandarle allí para servir en su casa. Callejo construye un personaje cuya maldad no tiene ningún atisbo de humanidad, y si en algún momento se intuye (pensemos en la escena final), es algo cimentado sobre el horror. Un papel que intuimos de difícil arraigo en la relación actor-personaje, pero que le ha otorgado al intérprete de Tarde para la ira su tercera nominación al Goya.

Nominadas a Mejor actriz secundaria

Nathalie Poza, por Mientras dure la guerra (Alejandro Amenábar)

Ser la mujer de un alcalde republicano en 1936 es sinónimo de sufrir, aguantar e implorar. Nathalie Poza adopta en el film de Amenábar la posición de esposa de Castro Prieto, alcalde encarcelado durante las primeras horas del golpe y finalmente asesinado tras negarse a unirse a los sublevados. La curtida actriz, ganadora de su primer Goya en el certamen de 2018 por No sé decir adiós, realiza una notoria interpretación que, como el de la mayoría de las demás candidatas este año, resulta un tanto discreta (por ello, no obstante, se encuentran en la categoría secundaria) y se pierde entre la magna producción de la que forma parte. Aun así, Poza vuelve a demostrarnos su amplio y sacrificado registro y consigue hundir de malestar y vergüenza a Unamuno, amigo de su marido y del cual Ana Carrasco, que así se llama su personaje, esperaba una ayuda extra para sacar al alcalde de la prisión.

Julieta Serrano, por Dolor y gloria (Pedro Almodóvar)

La portadora de esas pestañas de ensueño en Mujeres al borde de un ataque de nervios llevaba desde 1990 sin trabajar con Almodóvar. Para encarnar a la madre de Salvador Mallo, su yo ficticio, el director de ¡Átame! sintió la necesidad de llamarla y hacerla partícipe de su película más personal. 29 años después, Julieta Serrano se pone en la piel de una señora que vive sus últimos años de vida con su hijo en Madrid y cuya preocupación principal es que su hijo sepa cómo amortajarla bien cuando llegue la hora de su fallecimiento. A sus 86 años, Serrano sigue conservando una cara aniñada y una actitud de cierta distancia con la cámara, como si  no fuera capaz de llegar a revelarle todos sus secretos pese a la naturalidad que muestra en sus diálogos. Ese distanciamiento, sin embargo, parece casar con el de su personaje, inspirado en la madre del manchego: una mujer que ama a su hijo pero que nunca lo ha llegado a sentir próximo, ya sea por los kilómetros, los años o los cambios culturales. La catalana, que nunca ha ganado un Goya pese a optar dos veces a ello, podría convertirse en la actriz con más edad en obtenerlo tras esta nominación con regusto a saldar cuentas honoríficas.

Natalia de Molina, por Adiós (Paco Cabezas)

En pocos años, Natalia de Molina se ha convertido en un rostro habitual y muy reconocible de nuestro cine; un must, que dirían los ingleses. Con tan solo 29 años, la malagueña ya acumula en su palmarés dos premios Goya y un total de cuatro nominaciones, la última por la película de Paco Cabezas. David Trueba, Paco León, Isabel Coixet o Carlos Vermut son algunos de los que ya han contado con la andaluza en sus proyectos.

En Adiós, interpreta a la mujer de Mario Casas, la sentida madre que sufre la muerte de su hija el día en el que la niña ha celebrado su primera comunión. Pese a que su papel tiene menos recorrido de lo esperado, pues se limita a ser “la madre de” o “la esposa de”, la actriz de Techo y comida demuestra una vez más la facilidad con la que se viste de personajes que viven su existencia al límite, no por un cúmulo de excesos sino de desgracias que la convierten en una fiera luchadora cuya frágil y reconocible voz es capaz de soportar las palabras más duras que una persona pueda llegar a decir.

Mona Martínez, por Adiós (Paco Cabezas)

La actriz malagueña recibe su primera nominación al Goya con este papel tan conmovedor. En Adiós interpreta a la madre de Mario Casas y matriarca de un clan gitano que vive con desgarro como su familia y su entorno se resquebraja a sus pies, sin poder hacer gran cosa aparentemente.

Martínez interpreta a una madre dura y muy sufrida, pero calculadora y gélida como el azul de su mirada, capaz de hilar tretas con el fin de poder vengar la muerte de sus seres queridos y entregada para sacrificarse, inmunizada ya al dolor. Un papel pequeño, pero muy agradecido, para una intérprete que está empezando a disfrutar de sus primeros reconocimientos en su madurez.

Claudia Guillén
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Graduada en Publicidad y Relaciones Públicas por la Universidad Pompeu Fabra y Máster en Film Business por la ESCAC. También cursé Historia de Cine y Crítica cinematográfica en La Casa del Cine. Después de pasar por algunas agencias de comunicación y adquirir experiencia en el sector de la distribución de cine, trabajo en una plataforma digital (ojalá que la fuerza cinéfila me acompañe durante mucho tiempo). En mis ratos libres leo con bastante avidez, hago mercadillos de segunda mano y busco películas españolas curiosas por los Encantes de Barcelona.

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