MARÍA CEREZUELA: “Trabajar con Icíar Bollaín ha sido de las mejores cosas que me han pasado en la vida”

Pocos conocían el nombre de María Cerezuela antes de sorprenderse con su portentosa encarnación de María Jauregi en Maixabel, donde protagoniza un intenso viaje del desgarro a la esperanza que no ha pasado tampoco desapercibido a los académicos. El sábado sabremos si logra un merecido Goya a la Mejor Actriz Revelación, pero, más allá de los premios, María ya ha conseguido poner el foco sobre su talento curtido en intensas apariciones teatrales y enriquecido a base de formación y perseverancia. Si hace una semana hablábamos con Urko Olazabal sobre el impacto de su interpretación en Maixabel, esta vez es María quien comparte con nosotros sus recuerdos de un rodaje muy especial y sus reflexiones acerca de la película y el desafío de interpretar a una persona real. Se percibe en sus palabras el agradecimiento por una experiencia memorable, que esperamos sea la primera de muchas, y la frescura y naturalidad de quien obtiene, por primera vez, un reconocimiento popular que impulsará indudablemente una carrera prometedora.

¿Cómo estás llevando la carrera hacia los Goya, una experiencia nueva para ti?

Al principio me lo tomaba más tranquilamente, pero es verdad que, a medida que se acerca la fecha, me pongo más nerviosa. De todos modos, creo que en general lo estoy llevando bien. Son muchas cosas, y el estrés pre-gala está ahí, pero todo es positivo. Desde que te dicen que estás nominada, hay unos meses que te dan mucha visibilidad, lo que es importante y maravilloso si nos lleva finalmente a más ofertas y más trabajo.

¿Cómo llegaste a ‘Maixabel’?

Llevaba dos años de pelea buscando representante, algo difícil de lograr, que nunca se consigue a la ligera. De repente, me llegó el casting por una representante que contacté hace bastante tiempo. Sabía que buscaban a una actriz vasca para una película de Icíar Bollaín. Al principio, estaba resignada a la idea de que no me iban a coger (éramos 30 aspirantes, aproximadamente), pero no perdía nada por intentarlo. Cuando me dieron la separata, me quedé impresionada por la intensidad dramática de la secuencia. El primer casting que hicimos con Mireia Juárez, la directora de casting, fue por Zoom, con ella dándonos la réplica. Se me hizo muy raro, por la carga emocional que requería la escena, y el hecho de estar hablando a una persona que está al otro lado del ordenador y te está observando a ti, y también al texto para leer la separata. Cuando colgué, le dije a mi ama que no creía que me cogieran.

Al cabo de una semana, me dijeron que pasaba al casting presencial, ya con Blanca, que para mí ha sido siempre un referente como mujer, como actriz, como todo, desde mis inicios. Me quería morir de los nervios: ¡Blanca no, que me da un pampurrio! (risas) Con la presión que tenía ya encima por estar haciendo un casting con Icíar Bollaín, no podía hacerme a la idea de pasar una prueba con Blanca dándome la réplica. Lo recuerdo, no solo con cariño, sino con la emoción de los días especiales. Pensaba: “Si no me cogen, ya he tenido este momento con ella, nos hemos mirado a los ojos y hemos trabajado estos 5 minutos juntos. Ya me voy contenta a casa”. Y ya sabes cómo termina historia. No me creía que me hubieran cogido. Cuando me dieron la noticia, supe lo que es ser sentir la adrenalina recorriéndote el cuerpo. Siempre te imaginas cuál sería tu reacción a determinadas noticias, pero en este caso, mi cuerpo reaccionó de manera totalmente diferente a lo que hubiera previsto. El proceso de casting fue muy bonito, lo viví intensamente, como soy yo. Sin duda mereció la pena.

Blanca Portillo ha sido siempre para mí un referente como mujer, como actriz, como todo. Cuando me dijeron que pasaba al casting presencial, ya con ella, me quería morir de los nervios”

¿Cómo fue luego trabajar en una película de estas dimensiones, qué te llamó más la atención?

Cuando conocí a Icíar en la primera prueba de maquillaje y vestuario (porque durante el proceso de casting ella nos veía a través de Zoom), le confesé mi miedo. Ese día me había enterado de que en la película estaría también Luis Tosar. “¿Qué hago yo en una película con Portillo y Tosar?”, me repetía. No me entraba en la cabeza. Interpretar a una persona real, que va estar pendiente, era además un desafío para el que no sentía capaz. Icíar me tranquilizó, me dijo que no me preocupara, que todo iba a salir bien. Y así fue. Durante el rodaje me sentí súper querida y protegida en todo momento. Yo compartía sobre todo escenas con Blanca, y me cuidó muchísimo. Le estaré eternamente agradecida, porque este era mi primer proyecto cinematográfico y es fundamental, siendo nuevos o nuevas, que te acojan así. Trabajar con Icíar ha sido además de las mejores cosas que me han pasado en la vida. Ha sido un regalo.

¿Cómo es la dirección de actores de Icíar Bollaín?

Creo que trabaja desde una empatía tan grande hacia el actor y hacia la actriz que jamás hubiera pensado que una directora podría estar tan en la piel del intérprete. Icíar es actriz, y va más allá de los roles establecidos. Respeta mucho los tiempos que necesita el actor. Por ejemplo, no decía “acción”, sino “cuando queráis”. Normalmente, te ponen la claqueta delante para empezar, pero ella la pone al final. Son gestos que revelan empatía, respeto, mientras, al mismo tiempo, te deja jugar y escucha tu propuesta. Ella se amolda, se acerca amablemente, te da cuatro claves, y con eso, sabías lo que querías. El equipo técnico y artístico íbamos a una, estábamos muy concienciadas de la importancia del tema que estábamos tratando. Como suele decir Blanca en las entrevistas, se creaba una ceremonia a la hora de rodar, en un ambiente de mucho respeto y ganas de hacerlo todo con el mayor cariño y respeto posible.

Icíar trabaja desde una empatía tan grande hacia el actor y hacia la actriz que jamás hubiera pensado que una directora podría estar tan en la piel del intérprete”

¿Qué supone ese elemento añadido de complejidad y desafío que supone interpretar a personas reales, en tu caso, María Jauregi?

Yo quedé con ella antes de rodar. Estaba atacada, llegué media hora antes a la cafetería. Lo primero que le dije fue que no quería entrevistarla, ni hacerle preguntas incómodas. Yo quería que ella me conociera, que se quedara tranquila y que me viera como alguien que iba a intentar contar su historia con todo el amor, la admiración y el cariño. Al final, acabamos hablando de un montón de cosas que no tenían nada que ver. Lo que me contó creo que fue porque se sintió cómoda en ese momento. El personaje lo vestí con sus silencios, su energía, su forma de mirar. Me guié mucho por la energía que me transmitió. Cuando rodábamos las secuencias, la tenía muy presente todo el rato.

Desde tu participación en la memorable obra teatral ‘Los Aborígenes’ a tu papel en ‘Maixabel’, pasando por tu incursión en la dirección teatral (‘Un lugar donde arder’), ¿hacia dónde vas a encaminar ahora tus pasos?

Sí, dirigir una obra de teatro fue un rato muy satisfactorio. Creo que hicimos un trabajo bonito, muy apañado. El 19 de febrero volvemos con Los Aborígenes a Basauri, y la verdad es que echo mucho en falta el teatro. Es cierto, desgraciadamente, que el audiovisual te da más sustento económico, pero me encantaría volver al teatro, que es donde he empezado. Me vais a poder ver también en un registro muy diferente en una próxima película de la que no puedo dar más detalles.

El trabajo de actor es una carrera de fondo (…). Tienes que encajar muchas negativas, hacerte fuerte, confiar en ti”.

¿Qué consejos darías a otras jóvenes intérpretes que están buscando también su camino?

Consejos pocos, porque yo también acabo de empezar realmente. El trabajo de actor es una carrera de fondo, de mucha perseverancia y fe un uno mismo. Es satisfactoria, pero también enormemente exigente. Tienes que encajar muchas negativas, hacerte fuerte, confiar en ti. Hay gente como yo que nos hemos pateado Madrid, nos hemos gastado mucho dinero en cursos, a veces como “pollos sin cabeza”. Hay que pelear, es una profesión pasional, te tiene que apasionar para entregarte en cuerpo y alma.

Icíar es de las pocas directoras que da oportunidades a gente joven y anónima. Ahí fuera hay muchos chicos y chicas con talento buscando su oportunidad. Es importante que la tengan. Por esto le estoy tremendamente agradecida a Icíar. Tenemos a grandes actores y actrices a nivel nacional, pero hay gente nueva muy formada y talentos que merece su oportunidad.

En ‘Industrias del Cine’ hemos publicado recientemente, con ocasión del 126 aniversario del cine, un sondeo a 134 profesionales de la industria para conocer la película que marcó sus vidas. ¿Cuál es el título que más te ha marcado a tí?

Con 8 años, mi padre me llevó a ver Harry Potter y la Piedra Filosofal, y cuando vi al personaje de Hermione, una niña valiente, salvaje, inteligente, que lucha al lado de dos niños, decidí ser actriz. Yo era una niña con mucha imaginación, creo que lo sigo siendo, pero entonces lo era de una manera mucho más acentuada, y de repente me pareció haber descubierto un mundo. Al comienzo de los 2000, hubo varias películas que marcaron un antes y un después, como esa saga o la de El Señor de los Anillos. Pero no tengo ninguna duda de que la primera película de Harry Potter me hizo ser actriz.

Por otro lado, películas como La voz dormida, El laberinto del fauno o Shrek también me marcaron en diferentes momentos y de maneras distintas.

Álvaro Gómez Illarramendi
Acerca de Álvaro Gómez Illarramendi 7 Articles
Cinéfilo desde que mi memoria alcanza, el disfrute de las películas ha sido siempre el complemento e incentivo perfecto de mi carrera profesional y trayectoria vital. Graduado en Administración de Empresas y Derecho, especializado en el ámbito de la fiscalidad, nunca he dejado de escribir sobre cine en diversos blogs y páginas webs. Fui alumno de Jordi Costa en su Curso de Crítica de cine de la Escuela de Escritores, y practico con frecuencia y disciplina el deporte de alto riesgo que algunos conocen como “festivales de cine”. Quizá ya no soy capaz de degustar seis películas en un mismo día, como cuando fui Jurado Joven del Festival de San Sebastián, pero mi apetito de buen cine sigue siendo insaciable. Amo el noir en blanco y negro, los melodramas a todo color de Douglas Sirk, la fantasía cañí de Edgar Neville, la psicología traviesa de François Ozon y la elegía clásica de Clint Eastwood.

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