URKO OLAZABAL: “En ‘Maixabel’ el mensaje trasciende al arte, mostrándonos que las heridas se curan”

Urko Olazabal es probablemente la revelación interpretativa del año en el cine español. Pocos conocían a este actor curtido en mil batallas (ha participado en series de televisión y online, dirigido y protagonizado cortometrajes) que, a sus 43 años, conoce las mieles del éxito gracias a su inolvidable encarnación del etarra arrepentido Luis Carrasco. El vértigo de los premios y la popularidad no han trastocado la naturalidad, cercanía y honestidad de un bilbaíno apasionado de la enseñanza que apareció también recientemente en la serie Patria y el documental El instante decisivo, encarnando, respectivamente, a Manuel Zamarreño y Bolinaga. La contribución del cine a restañar heridas, su trabajo con Icíar Bollaín y sus impresiones sobre la evolución de su carrera centran nuestra conversación con él.

¿Cómo estás llevando la carrera hacia los Goya, el reconocimiento que te están dando la condición de favorito gracias a un papel que está llegando tanto al público?

En otras circunstancias de mi vida quizá estaría muy nervioso, pero ahora es al contrario, estoy muy con los pies en la tierra, gracias principalmente al trabajo. Ejerzo de profesor en una escuela en Bilbao, y aparte tengo una academia de interpretación (BIZIE), por lo que estoy tan inmerso en mi trabajo del día a día que, aunque los premios y reconocimientos me hacen súper feliz, no tengo tiempo para degustarlos.

En este sentido, ¿has notado diferencias en tu vida diaria o a nivel profesional gracias a la popularidad que te ha dado el papel?

Sí las he notado. Mi representante ha recibido muchas nuevas ofertas, que está ahora estudiando para que pronto elijamos, y lamentablemente, tengamos que descartar alguna. Ha habido desde luego un subidón de trabajo que deberé gestionar para compaginar con mis otros trabajos, pero estoy encantado. Después de muchos años haciendo castings, de repente tengo este momento de esplendor que hay que aprovechar e ir a por todas.

“Estoy tan inmerso en mi trabajo del día a día que, aunque los premios y reconocimientos me hacen súper feliz, no tengo tiempo para degustarlos”

La carrera del actor parece condenada a ser muy irregular, ¿verdad?

En mi caso desde luego lo ha sido. Empecé con 25 años a actuar en mis propios cortometrajes, de ahí salté al teatro, actué en series como Goenkale y me curtí en cortometrajes principalmente locales dirigidos por amigos que ahora son técnicos en la industria. Ese fue mi aprendizaje. La escuela de teatro también me ha permitido explorar todo el lado emocional y desarrollar mi sensibilidad.

Desde tu faceta de director y profesor, ¿qué puedes decirnos del trabajo de Icíar Bollaín en la dirección de actores de ‘Maixabel’?

Icíar es una mujer súper inteligente y ya desde el casting, sabe lo que quiere. La labor de un director cuando está con los actores es encontrar esa línea de la realidad desde la que quiere afrontar la película. No es lo mismo una película de género, donde predominará una línea más histriónica o “hacia arriba”, que el tono más reposado y contenido, hacia abajo, de un drama. Ella lo tenía claro desde el casting. Tanto María Cerezuela como María Jesús Hoyos, Tamara Canosa o yo mismo, el elenco por así decirlo más desconocido, nos sentimos muy cuidados y cariñosamente arropados.

Icíar tiene algo curioso y es que no le gustan los ensayos, porque dice que, si no tiene la cámara grabando, teme perderse algo. Ya desde el principio, hicimos lecturas de guion juntos y pronto pasamos a grabar. Es muy cómodo trabajar con ella, porque respeta mucho al actor, lo que se nota también en pequeños detalles como el hecho de no ponerte claqueta al comienzo, solo al final de la escena, para no entorpecer al actor.

Por poner otro ejemplo: había un momento en que Icíar tenía que rodar la conversación entre Blanca y Luis, que alcanzaba los 20 minutos de duración. Había un problema con las tarjetas de grabación, que no permitían abarcar tanto. Ella prefirió bajar la resolución para grabarlo todo de una vez, lo que habla mucho de su enorme implicación con el actor y la obra. Es una crack.

“Icíar sabe lo que quiere desde el casting. No le gustan los ensayos, porque teme perderse algo si no tiene la cámara grabando”

¿Cómo fue esa convivencia entre los dos elencos, el más conocido, formado por Blanca y Luis, y los que sois más desconocidos para el gran público?

Luis y Blanca son dos personas consagradas, pero a pesar de ello, son muy cercanas. Eran conscientes de la delicadeza del proyecto que teníamos entre manos, y se desvivían porque estuvieras a gusto, echándote siempre una mano. Nos lo han hecho todo muy sencillo.

¿Cómo fue tu aproximación al personaje de Luis Carrasco, con el que llegaste a reunirte? ¿Más instintiva o más metódica?

Si te dijera que no hay método, te mentiría, porque cada uno yo creo que tiene su propio método. En mi caso, como profesor, me he leído todos los libros habidos y por haber sobre el método. Yo no sigo ninguno en particular, pero los sigo todos. La aproximación a un personaje de este calibre ha sido más instintiva, en el sentido de que, siendo de Bilbao, teniendo 43 años, y habiendo vivido de cerca la violencia de ETA y el entorno abertzale, te haces una composición bastante aproximada del personaje, tanto en su etapa joven, de anti-españolismo extremo, como en su madurez de toma de conciencia sobre la monstruosidad de lo que ha hecho. Cuando conocí a Luis, me di cuenta de ese carisma herido, de cómo ahora se sentía un “pringado”, un pobre hombre hecho polvo. Yo até esos dos mundos, procuré mirar hacia atrás desde su yo actual para descubrir quién podía haber sido Luis en la juventud, un hombre que creía que la liberación del País Vasco se encontraba en las armas, y no en la cultura, en hablar una lengua, en vivir de una manera determinada.

Foto: Gari Garaialde

Además de tus papeles en ‘Maixabel’ o ‘Patria’, también protagonizaste una película, ‘Ira’, que abordaba directamente la venganza de un padre por el crimen de su hijo. ¿Crees que el cine es una herramienta útil para el mensaje del perdón?  ¿Es siempre posible el perdón?

El cine siempre va a ser una herramienta poderosa, de la misma manera que lo es Ibai Llanos, en su calidad de comunicador al que siguen muchos jóvenes y mayores, contribuyendo a moldear su forma de pensar. Con el cine es lo mismo. Siempre tiendes a empatizar con los personajes, sean asesinos o pacificadores, buenos o malos. Hace poco estaba viendo la serie de Narcos y me sorprendí a mí mismo sufriendo por el destino de semejante criminal. El cine tiene esa capacidad, la de hacerte sentirte reconocido en el personaje que tienes delante. Hay guiones que utilizan ese poder para fines más correctos, como el de Maixabel, donde asistimos a su evolución emocional y a su condición de verdadera “heroína”, sin ningún postureo, pues todo en ella es real. Por tanto, sí que creo en la fuerza del cine en ese sentido, aunque siempre haya cierto grado de manipulación. Pero es bonito. En este caso, el mensaje trasciende el arte y nos muestra que las heridas se curan.

“Para encarnar a Luis Carrasco, procuré mirar hacia atrás desde su yo actual para descubrir quién podía haber sido Luis en la juventud”

¿Qué consejo darías a los actores y actrices jóvenes que se están haciendo un camino en el mundo de la interpretación?

Jóvenes y no tan jóvenes. Aunque ahora yo esté viviendo una época dorada, hay muchos compañeros y compañeras de mi edad que siguen haciendo castings con la ilusión del primer día. Yo les diría que, mientras exista ilusión y un mínimo de trabajo, hay que seguir persiguiendo el sueño. A los jóvenes les diría otra cosa: esto es una carrera de fondo, que a veces no sale, por lo que hay que buscar alternativas. No se deben poner todos los huevos en la misma cesta. La vida es más amplia que tener un sueño.  Quienes vienen a la escuela con la idea fija de ser intérpretes en exclusiva me encantan por sus ganas y seguridad, pero es tan difícil y depende de tantas cosas, más allá de tu talento y de tu trabajo…Siempre les recomiendo actuar, pero sin dejar de buscar otras cosas y ampliar sus conocimientos en otros sectores y disciplinas. Para ser actor hay que tener la comida y la casa resueltas.

El sueño debe permanecer intenso y vigoroso, para lo que siempre tienes que sacrificar algo. Quizás a veces caigan en el error de pensar que no son tan buenos cuando tienen mala suerte, pero muchas veces es eso, suerte, la importancia de estar en el sitio adecuado, con un proyecto que funcione. Yo soy muy afortunado, y me ha pillado en un buen momento, ya muy rodado, con 20 años de oficio y la cabeza muy amueblada, sin que se me haya apagado nunca la mecha del sueño, aunque durante un tiempo fui director, tarea que me pareció aún más difícil.

En ‘Industrias del Cine’ hemos publicado recientemente, con ocasión del 126 aniversario del cine, un sondeo a 134 profesionales de la industria para conocer la película que marcó sus vidas. ¿Cuál es el título que más te ha marcado a tí?

A mí el título que más me apasiona es La Misión. Es aventura, es drama, son unos maravillosos decorados en el Amazonas y es la música de Morricone. Es una de mis películas favoritas.

De todas maneras, a mí lo que me hizo hacer cine fueron los viejos clásicos: John Wayne, Burt Lancaster, James Stewart, Gary Cooper, Rock Hudson. Me quedaba maravillado ante la tele. Solo había dibujos los domingos a la tarde, así que el resto de días tocaba película.

Felicidades de nuevo y mucha suerte en las próximas entregas de premios.

Eskerrik asko, voy a tener la suerte de asistir a unos cuantos saraos (risas).

Álvaro Gómez Illarramendi
Acerca de Álvaro Gómez Illarramendi 7 Articles
Cinéfilo desde que mi memoria alcanza, el disfrute de las películas ha sido siempre el complemento e incentivo perfecto de mi carrera profesional y trayectoria vital. Graduado en Administración de Empresas y Derecho, especializado en el ámbito de la fiscalidad, nunca he dejado de escribir sobre cine en diversos blogs y páginas webs. Fui alumno de Jordi Costa en su Curso de Crítica de cine de la Escuela de Escritores, y practico con frecuencia y disciplina el deporte de alto riesgo que algunos conocen como “festivales de cine”. Quizá ya no soy capaz de degustar seis películas en un mismo día, como cuando fui Jurado Joven del Festival de San Sebastián, pero mi apetito de buen cine sigue siendo insaciable. Amo el noir en blanco y negro, los melodramas a todo color de Douglas Sirk, la fantasía cañí de Edgar Neville, la psicología traviesa de François Ozon y la elegía clásica de Clint Eastwood.

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