‘Uno para todos’: el profesor que todos quisimos tener

Tras varios meses en casa devorando las plataformas, conmemorando en nuestro imaginario los últimos festivales presenciales a los que habíamos asistido y comprobando el éxito de algunos de ellos en formato online (como el caso D’A en Filmin), por fin nos es posible volver al cine para disfrutar de las películas en pantalla grande (un placer que aún sigue siendo incomparable para muchos y jamás equiparable a ver las cintas en casa). Originalmente pensado para celebrarse del 17 al 24 de abril, ayer se inauguró la cuarta edición del Festival Internacional de Cine de Barcelona – Sant Jordi (BCN Film Festival), con sede en los Cines Verdi del barrio de Gràcia, con la película Uno para todos, dirigida por David Ilundain y protagonizada por uno de los actores catalanes más demandados del momento: David Verdaguer. Seguro que algún despistado transeúnte pudo cruzarse con ellos por las callejuelas del barrio barcelonés antes o después de presentar la película.

Uno para todos, con guion de Coral Cruz y Valentina Viso, narra la historia de un profesor interino (Verdaguer) que debe iniciar el curso escolar en un pueblo desconocido para él y con una clase en la que falta un alumno, enfermo de cáncer, y cuyos compañeros no tienen muy claro si quieren que vuelva. La precariedad laboral que viven muchos de los docentes de nuestro país que no tienen una plaza fija o que engordan las listas de espera para ser llamados a ejercer su profesión se retrata de la mano de un personaje, Aleix, algo destartalado y descrito por el propio actor como un “catalán triste”, que solo desea poder acabar el curso trabajando en el mismo sitio -aunque para eso deba desear una prolongada baja a la persona a la que sustituye-. David Verdaguer, un tipo singular y talentoso como ha demostrado ya en varios films (recordamos al hiperactivo Roger de Tierra firme o al personaje de Esteve en Estiu 1993, que le valió el Premio Goya), se mete en la figura del profesor al que casi todos admiramos de pequeños y que, de una manera u otra, veló por nuestros intereses más allá de los libros y la casuística escolar. Un profesor sacrificado, motivado y con la voluntad de educar en valores sin caer en moralismos al que, sin embargo, poco le importan los adultos ni integrarse en su nuevo pueblo con sus compañeros de profesión. Un maestro al que, salvando las distancias con la magistral La lengua de las mariposas (José Luis Cuerda, 1999), sus alumnos solo hubieran podido gritar “espiritrompa” u otras palabras interesantes.

Uno de los pilares del film es el casting infantil, un reparto creíble que refleja los estereotipos que se dan en las aulas

La película incluye algunos chascarrillos y cuenta con la curiosa participación del actor aragonés Miguel Ángel Tirado (al que muchos reconocerán por Marianico el Corto), quien hace poco lanzó una serie: El último show, al estilo de ¿Qué fue de Jorge Sanz?, demostrando su notable valía como actor dramático. Otro de los pilares de Ilundian, que en 2015 firmó el film de B, sobre las declaraciones de Luis Bárcenas en la Audiencia Nacional, es el casting infantil. En este caso, un reparto creíble que consigue reflejar los diversos estereotipos de alumnos que se dan dentro de las aulas sin que estos caigan en lo fácil. No obstante, quizás el film está algo falto de más protagonismo adulto, ya que en algún momento el peso de la narrativa recae demasiado en los jóvenes, concretamente en el personaje de Selva, una chica que claramente no quiere que su compañero enfermo vuelva a las aulas. Un poco más de claridad en el por qué de su rechazo o algo menos de importancia en el guion podrían haber mejorado el tramo final de esta feel-good movie con intenciones de removernos por dentro.

‘Uno para todos’ deja un poso optimista y dialoga sobre el perdón hacia aquellas personas que han cometido errores en el pasado

Al contrario que Cobardes (José Corbacho y Juan Cruz, 2008), Uno para todos desprende optimismo, dialoga sobre el perdón hacia aquellas personas que han errado y sobre reconducir nuestra manera de actuar, así como trata de manera suave el acoso que se sufre en las aulas. Y es que un año da para mucho (excepto para descubrir de dónde sale el ruido del molesto goteo de un grifo en el piso que Aleix alquila) y para aprender, cuando uno cuenta con 12 años, sobre lo que te definirá en un futuro.

Uno para todos, sin caer en clichés ni sentimentalismos, resulta una correcta opción para volver a las salas y disfrutar de una carismática panda de intérpretes en su mayoría noveles, pero capitaneados por el actor de Lo dejo cuando quiera, un hombre al que deseamos ver en registros más arriesgados próximamente, pero que borda como pocos el papel de tipo normal, muy humano, que necesita dos cafés cargados para despertarse y que también vive su particular redención a lo largo del metraje.

Industrias del Cine
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