‘Tierra firme’, asentarse en la discordia

En su segunda película, Carlos Marqués-Marcet repite con la pareja protagonista que dio vida a los personajes separados por 10.000 km en su ópera prima, por la que obtuvo el Goya al mejor director novel y otros premios, pero aquí se añade una tercera en discordia: Oona Chaplin.

Según el Diccionario de la lengua española, el significado de discordia es “la oposición, desavenencia de voluntades u opiniones”. La voluntad de Eva (Chaplin) es latente desde la primera secuencia: el deseo de ser madre. Frente a esa voluntad, se encuentra la oposición de su pareja, Kat (Natalia Tena), que prefiere no tener que compartir a Eva ni quiere que ella comparta el amor que sienten la una por la otra. La voluntad de una frente al deseo de la otra las lleva a asimilar actitudes egoístas, aunque sin ningún tipo de maldad. Se enfrentan, pues, a dos momentos vitales diferentes. Eva prefiere asentarse en tierra firme, mientras que Kat prefiere seguir navegando en el barco en el que viven. La llegada a Londres de Roger (David Verdaguer), un amigo de Barcelona, alimentará los deseos de Eva, que ve en el mejor amigo de su chica a un donante de confianza. Él acepta, convencido de la paternidad pese a verse apartado de ella por su acuerdo con la pareja. Pero es difícil el desapego de un hijo en camino cuando además compartes casa, o barco en este caso, con ellas, y en tu vida tienes pocas motivaciones.

Uno de los mayores méritos de Tierra firme es su naturalidad. Cuando se usa esta palabra para hablar de un filme, suele utilizarse para destacar la franqueza con la que el elenco encara sus interpretaciones. Aquí va algo más allá y me parece destacable: la naturalidad con la que se narra el conflicto entre dos mujeres que se aman. Esta película va de personas, de cómo se sienten y qué anhelan, independientemente de su sexo y de su orientación. Insisto, me parece destacable al lado de otro reciente estreno, Perfectos desconocidos, una comedia que, de manera amena, plantea cuestionamientos acerca de la identidad sexual que deberían estar superados, ya que para muchos lo están. No se trata de hacer desaparecer del cine a personajes homófobos, pues están en nuestra sociedad mal que nos pese, pero me parece innecesario, a finales de 2017 y bien entrados en el siglo XXI, recurrir a chanzas más propias de décadas pasadas que de un presente en el que los diques que impiden pensar y amar libremente se están derribando. Tierra firme consigue demoler unos cuantos más.

La necesidad de películas como esta va indudablemente más allá de su calidad artística. Habla del presente, de cómo las personas decidimos vivir nuestra vida, y cómo, seamos hombres o mujeres, el amor nos sacude de la misma manera. Tarde o temprano, las personas debemos afrontar la madurez, que no implica necesariamente aceptar que ha llegado el momento de ser padre o madre, sino aceptar quiénes somos y de qué manera queremos vivir, asentarse en tierra firme, donde bajo sus propias condiciones, uno se sienta capaz de desarrollarse. Para Eva, su tierra firme es la maternidad. Para Kat, su barco. Y para Roger, la estabilidad que le aporta convivir con estas dos mujeres. Vivir amando y siendo amado implica navegar en la discordia y ceder, y evaluar si merece la pena hacerlo por otra persona.

El director filma con sensibilidad y delicadeza la intimidad del interior de un barco habitado por personas que sueñan, tienen miedo, y cagan, como se explicita en la película. Y en su periplo consigue llegar a buen puerto gracias al trabajo de David Verdaguer y en especial de una camaleónica Natalia Tena y una apasionante Oona Chaplin, que enamoran y sin duda deberían tener un hueco entre las mejores actrices del año de nuestro cine.

Pablo Sancho París
Acerca de Pablo Sancho París 95 Articles
Licenciado en Historia del Arte y Comunicación Audiovisual por la U.B., Master en Ficción de Cine y Televisión por la U.R.L. y Master en Film Business por ESCAC. He sido presidente de la Federació Catalana de Cineclubs entre 2015 y 2017. He trabajado como programador en Most Festival y Cine Club Vilafranca durante cuatro años. Además, he compaginado estas tareas con la de cronista cinematográfico, profesor de cine en talleres para niños y adolescentes, y la realización de audiovisuales y cortometrajes de ficción. Actualmente me dedico a la producción cinematográfica. Me podéis contactar en pablosanchoparis@industriasdelcine.com.

2 Comments

  1. Efectivamente me parece una película brutal, un peliculón, Natalia, Oona y David, magistrales, y magistralmente dirigidos, Carlos es un poeta: río, edificios, estructuras, diques…. la vida; primerísimos primeros planos, emociones, sentimientos; planos secuencias, relaciones, interacción, más vida. Lo que tú llamas naturalidad Pablo yo lo llamo verdad Cine de verdad y con verdad. Cómo siempre, excelente recomendación!!

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