Cuarenta años al abrigo de la federación cineclubista, recogidos en una exposición en la Filmoteca de Cataluña

Todo amante del cine ha tenido contacto en su día con un festival, un ciclo o un cineclub. La experiencia de entrar en una misma sala en la que encontrar compañeros de pantalla, cinéfilos empedernidos o aficionados a lo que se ha bautizado como séptimo arte forma parte de su adn. En Cataluña, además, muchos de ellos habrán formado parte o conocerán el movimiento cineclubista, una gran ‘familia’ de personas con una sensibilidad por el cine que va más allá de las sesiones comerciales.

Bajo el paraguas de la Federació Catalana de Cineclubs (FCC) se concentra la mayor parte de cineclubs del territorio de habla catalana. La entidad está de celebración, ya que ha cumplido su 40 aniversario, toda una proeza que ha conmemorado con un ciclo de cine y una exposición en la Filmoteca de Cataluña. Desde la FCC destacan que “en un momento de auge de las plataformas, los cineclubes mantienen e incrementan su programación en pantalla grande dentro y fuera de los núcleos urbanos”. Con una cifra anual de casi 80.000 espectadores y 1.300 sesiones, los cineclubes se han ido consolidando como “un proyecto sostenible gestionado por el propio público, que decide qué programa y qué ofrece cada pueblo y ciudad”.

Hasta el 12 de enero de 2020 se puede visitar la exposición Cineclubisme: el públic s’organitza (Cineclubismo: el público se organiza) en la Filmoteca de Cataluña, un recorrido por los 40 años de la institución y de los cinceclubes catalanes, con el fin de reivindicar su importancia para el sector del cine tanto en nuestro país como alrededor del mundo. El lema ‘El público es el protagonista’ sirve de hilo conductor de la exposición y la razón de existir de los cineclubes, que beben de las inquietudes y preferencias de sus espectadores, a menudo socios de la entidad organizadora.

Una historia aún por redescubrir

Entorno a los años 10 del siglo XX en Italia empezaron a surgir los primeros grupos de espectadores que se reunían para hablar de los filmes de arte. Pero todos los textos señalan Francia como la cuna del concepto de cineclub tal y como lo entendemos ahora. El 12 de junio de 1920 tuvo lugar en París la reunión inaugural del cineclub pionero creado por Louis Delluc, Georges Denola y Charles de Vesme, miembros del comité de la redacción de Le Journal du Ciné-Club, y es en 1921, cuando Ricciotto Canudo funda uno similar, el Club des Amis du Septième Art. La primera proyección con presentación y coloquio posterior organizada por Le Journal du Ciné-Club fue la de El Gabinete del doctor Caligari el 14 de noviembre de 1921 en el cine Coliseé de la ciudad. A partir de entonces, el cineclubismo vivió una época de expansión por otras ciudades europeas como Londres, Amsterdam, Bruselas, Moscú y Madrid. En el caso de Barcelona, se suele citar el Cineclub Mirador como el pionero: su primera sesión fue el 29 de abril de 1929, aunque se han localizado algunos más antiguos como el Club Cinematográfico de Horta (1923). En este sentido, la exposición plantea reescribir la historia tomando de referencia otro tipo de cineclubismo, más alejado de los círculos acomodados, pero con la misma vocación de organizarse para llevar el cine por doquier. Fruto de estas investigaciones, han surgido documentos que arrojan luz a nuevas asociaciones con las mismas características que un cineclub fundadas antes de 1920. Así pues, todavía queda historia por redescubrir.

El final del franquismo y la Transición: el cineclubismo cobra auge

Muchos de los cineclubes que se fundaron en la última etapa del franquismo y durante la Transición siguen hoy más activos que nunca. Durante esa época se forjó la idiosincrasia propia de los cineclubes: ser punto de encuentro y debate de cinéfilos, que en su mayor parte buscan un tipo de películas más de autor, alejadas de los circuitos comerciales. Al amparo de la iglesia o de instituciones que contaban con la aprobación del gobierno, estas organizaciones consiguieron sortear la parafernalia burocrática necesaria de la época y llevar a cabo su actividad cultural.

Ser cineclubista, una vocación ligada al debate

Los cineclubs siempre han tenido un cierto ritual, centrado básicamente en la presentación de la película, su proyección y un coloquio posterior, prolongado, muy a menudo, si la sesión realmente lo vale, en el café de la esquina. En la exposición se recogen numerosos documentos y materiales que permiten hacerse una idea del gran archivo histórico que se ha ido construyendo a lo largo de las décadas gracias a la actividad cineclubista y su pericia para difundir sus actos. A todo esto se suman las revistas, libros y otras publicaciones que han ido surgiendo con motivo de aniversarios, dossieres o memorias.

La transformación digital: el celuloide cede paso a los nuevos cambios

De igual forma que se han visto forzadas las grandes cadenas de cines, los cineclubes también han tenido que ir adaptándose a los nuevos medios de exhibición cinematográfica. La exposición hace un breve repaso por el reto que han tenido que superar, pasando de los formatos de proyección más primitivos, 16mm y 35mm, a los VHS, DVD, Blu-ray y el reciente DCP.

Los cineclubes como revitalizadores e impulsores de nuevas salas

Con la crisis de la distribución cinematográfica comercial tradicional y su encarecimiento, que obligó a adquirir nuevos y costosos sistemas de exhibición, el impulso de los cineclubes fue decisivo para alcanzar la recuperación y mantener en funcionamiento las veteranas salas de cine de poblaciones que, de otra forma, se quedarían sin la posibilidad de ver cine en pantalla grande. Casos como los del Cinema Catalunya de Ribes de Fresser, Cinema Alhambra de La Garriga, el Ateneu Igualadí o la Sala Zazie de Vilafranca del Penedès demuestran que la batalla a los cambios es posible con el apoyo del público, principalmente cineclubista.

Al amparo de una federación fuerte que dé apoyo a los cineclubes

Los cineclubes se unen para constituir una federación que los aglutine y crear, así, una red con la que ayudarse mutuamente. Después de años de batalla, la Federació Catalana de Cineclubs logra constituirse en 1957, aunque su actividad se vio mermada durante los años de franquismo, que no reconocía el derecho de reunión. A lo largo de su historia la federación ha ido adaptándose a las necesidades de sus miembros, los cineclubes, a los que ofrece servicios de asesoramiento, formación y apoyo. Además, promueve cursos y otras actividades pedagógicas para favorecer la formación de nuevos públicos y consolidar los ya existentes. Entre sus principales funciones destaca la gestión de derechos de exhibición y la ayuda a la programación de los cineclubes. Aunque hoy en día todo está informatizado y la mayor parte de los trabajos para montar una programación se hacen telemáticamente, anteriormente la Federación buscaba las películas en los catálogos de las distribuidoras, las instituciones o cinematecas.

A pesar de los cambios que ha sufrido la exhibición cinematográfica en los últimos años, el número de cineclubes federados en la Federació Catalana de Cineclubs ha ido aumentando. Actualmente reúne 54 cineclubes alrededor del territorio de habla catalana, cuyas sesiones consiguen tener una media de 60 espectadores, más del doble que la de las salas de cine en general.

Lídia Oñate
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Licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad Pompeu Fabra y Máster en Dirección de Redes Sociales y Marketing Digital por Fundeun – Universidad de Alicante. Actualmente me encuentro inmersa en la distribución cinematográfica, un sector que vivo de lleno desde la comunicación y el marketing. Me encantan las bambalinas del mundo televisivo y cinematográfico, viajar (tanto cerca como lejos), hacer fotos de paisajes y gastronomía que luego irán a mi Instagram, disfrutar con la Historia y echar una partidas al Monopoly, la Play o lo que se tercie. Porque sí, la diversión en la vida es importante. Y el cine ayuda. Me podéis contactar en lidiaonate@industriasdelcine.com.

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