Penélope Cruz: entre el tormento y el éxtasis

Este viernes 27 de septiembre, Penélope Cruz (Madrid, 1974) recibirá el Premio Donostia, galardón honorífico del Festival de San Sebastián, por toda su carrera. Con 45 años se convertirá en la actriz más joven en obtener dicha distinción y es que, pese a su edad, no ha dejado de acumular proyectos y éxitos desde que empezó en el mundo del cine con tan solo 18 años. Desde Industrias del Cine, repasamos su amplia trayectoria e intentamos descifrar y reflexionar (a favor y en contra) sobre algunos de sus códigos como actriz.

Juventud, divino tesoro

‘Belle epoque’ (Fernando Trueba, 1992)

Después de aparecer en el videoclip de La fuerza del destino, del grupo Mecano, o en el programa La quinta marcha, de Tele 5, Penélope Cruz hizo su incursión en el cine con Belle epoque (Fernando Trueba, 1992), Jamón, jamón (Bigas Luna, 1992) y El laberinto griego (Rafael Alcàzar, 1991): un inicio redondo teniendo en cuenta que la primera ganó el Óscar a Mejor Película Extranjera y que en la segunda, Cruz era la protagonista del film junto a un (muy) ibérico Javier Bardem. En las tres obras, así como en Alegre ma non troppo (Fernando Colomo, 1994), el magnetismo de la actriz resulta evidente a pesar de su juventud e inexperiencia. No hablamos solo de su presencia como mujer pasional, característica que la acompañará durante toda su carrera, si no de la frescura que irradia mezclando la naturalidad de sus inocentes personajes con toques soñadores propios de quien tiene todo por descubrir, de quien no tiene suficiente con que el día tenga las horas que se le suponen. La cinta que, quizás, muestre mejor estos cinéfilos destellos de luz es Belle epoque, donde encarna, valga la redundancia, a Luz, la menor de las cuatro hijas de Manolo (interpretado por un magnífico Fernando Fernán Gómez), quienes se disputarán el amor de Jorge Sanz, el galán definitivo del cine español en los años 80 y 90.

‘Jamón, jamón’ (Bigas Luna, 1992)

Poco después de filmar Jamón, jamón, film que le valdría su primera nominación al Goya, la actriz decidió cortarse el pelo y alejarse de papeles tan erotizados como el de Silvia, donde envuelta en tortillas de patata, ajos y otros estímulos patrios, mezclaba sensualidad y candidez bajo el toro de Osborne. Así vendrían Entre rojas (Azucena Rodríguez, 1995), donde descubrimos que era capaz de rebajar su tono entusiasta para encarnar a una presa política junto a María Pujalte, La celestina (Gerardo Vega, 1996) o El amor perjudica gravemente la salud (Manuel Gómez Pereira, 1996), con Gabino Diego y Ana Belén. En el clásico de Fernando de Rojas, la actriz madrileña no destaca especialmente entre sus compañeros (Jordi Mollà, Maribel Verdú…) y aparece un pequeño tono impostado en su voz al no encajar fácilmente el vocabulario propio de la época. Este pequeño destello artificial se seguirá apreciando cuando, con los años, adquiera en algunos films demasiada seguridad en su capacidad como intérprete todoterreno y el temperamento pese sobre el ingenio; pensamos, por ejemplo, en Todos lo saben, de Asghar Farhadi. No obstante, esa joven Penélope Cruz, con tan solo 22 años, era ya un rostro destacado del cine español y una más que solicitada actriz de peso para papeles protagonistas. Pronto llegaría Abre los ojos, segunda película de Alejandro Amenábar, donde la intérprete destacaría por su calidez y seriedad en el papel de Sofía, la bella de este film que volvería a rodar en 2001 junto a Tom Cruise en el remake estadounidense titulado Vanilla sky.

Y llegó “¡Peeeeeeedro!”

‘Todo sobre mi madre’ (Pedro Almodovar, 1999)

En 1997, Penélope encarnó a una parturienta que daba a luz en un autobús al protagonista de la historia de Carne trémula. Esa fue su primera colaboración con Pedro Almodóvar; un pequeño rol en cuanto a metraje, pero grande en matices y entereza que la actriz de Alcobendas resolvió sobremanera haciendo algo que, dicha sea la verdad, se le da muy bien: vocear y mostrarse como una mujer fanática. Un año después, sería el director manchego quien le entregaría su primer Goya por La niña de tus ojos (Fernando Trueba, 1998), donde interpretó a Macarena Granada, una actriz andaluza que enamoraba al mismísimo ministro Goebbels. Las otras nominadas, Najwa Nimri, Cayetana Guillén Cuervo y Leonor Watling, poco tenían que hacer ese año frente al desparpajo y encanto que Cruz supo dar al personaje de Trueba, mucho más agradecido que el de las demás candidatas.

Antes de entrar en el nuevo siglo e iniciar su andadura por Estados Unidos, Penélope Cruz participó en Todo sobre mi madre (Pedro Almodovar, 1999), volviendo a colaborar en un film que le permitió una gran visibilidad internacional cuando este ganó el Óscar a Mejor Película Extranjera. Su papel de la delicada y recatada hermana Rosa le quedaba como un guante y la actriz pudo mostrar un muy notorio lado candoroso al que no nos tenía, ni tiene, acostumbrados.

Living the american dream

‘No te muevas’ (Sergio Castellitto, 2004)

Después de Todo sobre mi madre, la mayoría de proyectos de la actriz sucedieron en territorio estadounidense. De este periodo serían Blow (Ted Demme, 2001), junto a Johnny Depp, Sahara (Breck Eisner, 2005), junto a Matthew McConaughey, o Bandidas (E. Sandberg & J. Ronning, 2006), al lado de su gran amiga Salma Hayek. Durante esos años de principios de los 2000, Cruz dio preferencia a proyectos comerciales donde compartía cartel con caras tan conocidas de la industria hollywoodiense como Matt Damon o Halle Berry, algo comprensible para alguien que quiere hacerse un hueco en la industria pero más cuestionable desde un punto de vista puramente artístico. Al revés que Robert Pattinson, quien primero resultó una estrella en sagas adolescentes para después permitirse escoger trabajos más underground, la madrileña empezó a participar en blockbusters después de haberse abierto camino en España, algo, por supuesto, totalmente coherente con el orden natural del éxito: de menos a más (si entendemos Hollywood como la meca del cine).

Pese al momento álgido que vivía en el país americano, destacamos su papel en No te muevas (Sergio Castellitto, 2004), un film italiano por el que Penélope consiguió un David de Donatello, el premio más prestigioso de Italia, a Mejor Actriz encarnando a una prostituta a la cual dotó de gran compostura y fuerza, e insistió en que era capaz de resolver, con un cuerpo y una mirada de gran expresividad, toda la problemática que podría haber tenido al trabajar en un idioma extranjero. Una de las fortalezas de “la chica Almodóvar” es precisamente la prodigiosa osadía con la que ha sido capaz de abordar numerosos proyectos (a priori complejos para una actriz que interpreta fuera de su país de origen) con la determinación propia de quien se siente preparada para todo.

Volver y la primera aproximación al Óscar

‘Vicky Cristina Barcelona’ (Woody Allen, 2008)

Imposible marginar en nuestra memoria cinéfila a las actrices de Volver (Pedro Almodóvar, 2006) y a la escena donde, con gran preocupación, Raimunda se despedía de la tía Paula (una añorada Chus Lampreave) después de visitarla al pueblo. Este film del director manchego fue una nueva y necesitada perla dentro de la filmografía de Penélope, quien volvía a destacar, entre tanto producto yankee, en un artefacto patrio que la condujo a su primera nominación al Óscar y a un nuevo Goya. Un papel que resultaba hecho a medida para su lucimiento y que, por muy maravilloso que sea verla cortar pimiento o contonearse por las calles ventosas del film, representa el tipo de papeles que más ha trabajado y mejor se le dan: personajes de mujeres fuertes con una vitalidad excesiva y alegría o tormento desmesurado.

No sucumbiría el Óscar a sus exóticos encantos hasta dos años más tarde, cuando fue nominada a Mejor Actriz Secundaria por Vicky Cristina Barcelona, de Woody Allen. Y hace ya diez años de su papel de María Elena, esa enloquecida artista al borde del suicidio que, como anticipábamos antes, reproduce las características que mejor se le dan a la intérprete, que vuelve a encarnar a una mujer con una personalidad exagerada al borde del desquicie. Así, con un personaje a punta de pistola cual souvenir traído de Estados Unidos, resultando tan magnética e inspiradora como en sus primeros papeles de juventud, la actriz se convertía en la primera española en ganar un valiosísimo Óscar de la Academia.

Una época fértil: desde Nine a Ma ma

‘Nine’ (Rob Marshall, 2009)

Los siguientes años después del gran triunfo serían bastante equilibrados y fructíferos, volviendo a ser nominada al Óscar por Nine (Rob Marshall, 2009), donde se convertía en la entregada y juguetona amante de Guido (Daniel Day-Lewis), un director de cine que atraviesa una crisis profesional. Su sensual número musical aún sigue en la mente de muchos espectadores y su actuación en sí rebosa vida y carisma desde la primera escena. No obstante, en cuanto a abanico interpretativo, el papel resulta algo así como un déjà vu ya que vuelve a encarnar a una mujer pasional como en El amor perjudica seriamente la salud o como sucedió en A Roma con amor, su siguiente proyecto con Woody Allen.

Antes de volver a colaborar con el director de Manhattan (1979), Penélope protagonizó Los abrazos rotos, el nuevo drama de Almodóvar. Para el film, se despojó de cualquier tono elevado o estridente y se abandonó a un lado dulce y ligero para un personaje menos singular que los anteriores que le valió, igualmente, una nominación al Goya. En 2011, entrando en la nueva década, la madrileña protagonizó Piratas del Caribe: en mareas misteriosas, de nuevo a las órdenes de Rob Marshall y haciendo de partenaire de Johnny Depp. La química entre ellos no era de excelencia, pero como pirata, Cruz resultaba convincente. Una vez visitada la Fuente de la Juventud (el objetivo en Piratas del…), la actriz se embarcó en dos proyectos donde debía defenderse en italiano y en inglés con acento italiano: hablamos de A Roma con amor, donde daba vida a una prostituta con mucha cara y de Volver a nacer (Sergio Castellito, 2012), que le valió otra nominación a los Premios Goya dejando claro que los académicos la adoran y la alaban siempre que existe la oportunidad.

En 2013 llegaría El consejero, de Ridley Scott, un film en el que no cabían más estrellas: Michael Fassbender, Cameron Díaz, Brad Pitt, Javier Bardem… y un proyecto que no hacía más que asentar a la actriz en su hábitat postizo, el hollywoodiense; territorio que empezaría a combinar muy regularmente con el español hasta la fecha. Sus siguientes películas serían Los amantes pasajeros, en una breve colaboración junto a Antonio Banderas, y Ma ma (Julio Médem, 2015), film que además de protagonizar, producía. Retomando su papel de mujer vital, Cruz destaca en la cinta del director de Lucía y el sexo (2001) por su descenso al mundo terrenal, al de las personas de carne y hueso que sufren y padecen enfermedades. En Ma ma, llena de encanto y energía pese al cáncer que la consume, intenta encarar de la mejor manera el hecho de que no podrá ver crecer a su hija y que dar a luz será el último presente que le dejará a la vida y a su familia. Por encarnar a este personaje, Magda, Penélope volvió a postular al Goya por octava vez.

Entre España y Hollywood

‘Todos lo saben’ (Asghar Farhadi, 2018)

Después de una producción tan española como Ma ma, la ya entonces oscarizada actriz se sumó a dos comedias americanas en un año, 2016, plagado de espionaje: Agente contrainteligente (Louis Leterrier), junto a Sacha Baron Cohen y Zoolander 2, dirigida y protagonizada por Ben Stiller; productos comerciales, tan gamberros como torpes, donde encarnaba a una filántropa y a una agente de la divisón de moda de la Interpol, respectivamente. Un año más tarde llegaría La reina de España (Fernando Trueba, 2017) y su regreso al personaje de Macarena Granado. El film, que como lo describiría el crítico Javier Ocaña, fue “un pálido reflejo de aquella niña de tus ojos”, pasó muy desapercibido en salas pero a la actriz le ocasionó una nueva nominación al Goya. ¿Justificada? Penélope retoma vagamente sus orígenes interpretativos y vuelve a jugar como si no fuera la artista que es gracias a un deje juvenil y vivaracho que, no obstante, no es suficiente para hacernos olvidar su persona y bagage mientras vemos a Macarena.

Sus siguientes proyectos, Loving Pablo (Fernando León de Aranoa, 2017) y Todos lo saben (Asghar Farhadi, 2018) presentarían ciertas dificultades idiomáticas que, al menos en la primera, la intérprete supo capear como la histriónica amante del colombiano Pablo Escobar. En cuanto al film de Farhadi, muchos apuntan a que el halo errático que se pasea por la obra se debe a la dirección: el iraní y su ego se encargaron de deslucir a gran parte de sus artistas donde solo se salvaron Bárbara Lennie y Bardem de una imaginaria quema. Penélope y su acento argentino no cuajaron, y sus gritos de desesperación ante la desaparición de su hija son más que dudosos. Cómo no, volvió a ser nominada al Goya. Y ya van once.

En 2018 destacamos su participación en la serie de Netflix El asesinato de Gianni Versace, donde encarnaba a Donatella Versace, la hermana del diseñador. Con el beneplácito de la Donatella real, a quien le une una gran amistad, la madrileña encaró el papel sin caer en la caricaturización; al contrario, de manera solemne y con un trabajo vocal estupendo no apreciado hasta la fecha, Cruz usó su gran presencia para recrear a una Donatella sensible y favorecida en su primera actuación para una gran serie.

‘El asesinato de Gianni Versace’, del creador Tom Rob Smith.

Para terminar este repaso por su carrera profesional, celebramos la última actuación en la que hemos podido verla: como Jacinta en la laureada Dolor y gloria (Pedro Almodóvar, 2019), donde interpreta a la madre del protagonista cuando este es pequeño. Tradicional, entregada y muy de su casa, Penélope vuelve a coordinarse perfectamente con el director de Hable con ella en un papel en el que se mimetiza y está tan cómoda como le sucedió con Raimunda, una mujer muy, muy parecida a Jacinta.

Entonces, ¿a favor o en contra?

Queda claro que Penélope es nuestra actriz internacional por excelencia, la que más logros ha obtenido y la que más papeletas tiene para trascender en la historia de nuestro cine. Tiene magia, una exuberante y bella presencia que conmueve a la cámara y altas dosis de vitalidad que ha sabido encajar con sublimidad en gran parte de sus roles más exitosos. ¿Es Penélope una gran actriz? Sin duda. No obstante, consideramos justo recalcar su (a veces) limitado repertorio, más predispuesto a papeles de mujer castiza y decidida, que son los que, sin embargo, la han llevado a lo más alto. Por otro lado, echamos de menos que la actriz haya apostado por proyectos más independientes en vez de asegurar siempre la jugada con películas de directores de renombre o comerciales. En ese punto, añoramos a una actriz que arriesgue más, que sea capaz de capitanear una obra pequeña y valiente como hizo Nicole Kidman en Dogville (Lars von Trier, 2003) o en la más reciente El sacrificio de un ciervo sagrado (Yorgos Lanthimos, 2017). ¿Será su asignatura pendiente? La esperamos. Aun así, si bien es cierto que contamos con otros rostros en España que pueden llegar a mayores registros, no es otra sino Penélope Cruz la que ha encandilado a medio planeta y la que, este viernes, recoge el Premio Donosti.

Claudia Guillén
Acerca de Claudia Guillén 8 Articles
Graduada en Publicidad y Relaciones Públicas por la Universidad Pompeu Fabra y actualmente cursando el Máster en Film Business por la ESCAC. También estudié un curso sobre Historia de Cine y Crítica cinematográfica en La Casa del Cine. Después de pasar por algunas agencias de comunicación, me encuentro iniciándome en el mundo de la distribución (ojalá que la fuerza cinéfila me acompañe durante mucho tiempo). En mis ratos libres leo con bastante avidez, hago mercadillos de segunda mano y busco películas españolas curiosas por los Encantes de Barcelona.

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