‘El insoportable peso de un talento descomunal’, oportunidad desaprovechada

El nombre de Nicolas Cage vuelve a sonar con fuerza en el panorama cinematográfico actual. Tras su declive a principios de la pasada década, en la que el actor protagonizó bochornos como El aprendiz de brujo, Furia ciega o la infame Ghost Rider: Espíritu de venganza y en la que parecía que lejos quedaban los tiempos de Adaptation y Leaving Las Vega – sin duda algunos de sus mejores papeles –, el cine independiente americano parece haber concedido una tregua al intérprete ganador del Oscar, y tras varias películas de género como Mamá y papá, Mandy, Color Out of Space y la todavía pendiente de estreno en nuestro país Pig, el actor ha logrado en cierto modo redimirse.

Cuando se anunció que Cage protagonizaría una película ciertamente autoparódica en la que haría de sí mismo, muchos empezamos a interesarnos por el proyecto, y más a medida que se fueron conociendo detalles tan hilarantes como que en dicha película el actor estaría desesperado por conseguir un papel en el último trabajo de Tarantino o el hecho de que tendría que salvar a la hija del presidente de Catalunya en Mallorca, por lo que, de algún modo, había bastante expectación en torno a El insoportable peso de un talento descomunal.

En el film, Nick Cage (Nicolas Cage) es un actor en crisis desesperado por conseguir un papel en una película de prestigio con toques de Mankiewicz. Hace lo posible por convencer al director de que necesita dicho rol, pero finalmente no lo logra. Al mismo tiempo, su relación con su hija Addy, una adolescente con la que intenta pasar el tiempo viendo y comentando El gabinete del Dr. Caligari sin que ella muestre el más mínimo interés por el film de Robert Wiene, se empieza a enfriar. En dichas circunstancias, Cage sólo tiene sobre la mesa una oferta para asistir al cumpleaños del empresario multimillonario Javi Gutiérrez (Pedro Pascal) en Mallorca, por lo que se plantea retirarse de la interpretación. No obstante, finalmente decide aceptar dicha propuesta, y viaja hasta las Baleares para conocer a Gutiérrez, con quien entabla una gran amistad y se propone coescribir el libreto de una película. Sin embargo, las cosas se torcerán cuando se descubra que Gutiérrez es en realidad el jefe de una organización criminal perseguida por la CIA.

Aún con todo, lo que empieza siendo un entretenimiento divertido y disfrutable – sobre todo para los fanáticos de Cage, entre los cuales se incluye un servidor – con alma de buddy film – por la relación que mantiene su personaje con el de Pedro Pascal a lo largo de la película – y con la promesa de acabar siendo una fiesta por todo lo alto, se termina convirtiendo finalmente en una cinta de acción mainstream bastante aburrida y quizá un poco excesiva, pues llega un punto en el que la idea parece agotarse una vez consumido el potencial cómico de la misma y la trama, en el fondo débil, no termina de aguantar del todo bien los 105 minutos de metraje.

Queda claro, eso sí, tras el visionado de El insoportable peso de un talento descomunal, que Nicolas Cage es en realidad un gran actor – ni que decir tiene que ha trabajado a las órdenes de directores como David Lynch, Brian de Palma, los hermanos Coen, Oliver Stone, Martin Scorsese, Ridley Scott, Francis Ford Coppola, Joel Schumacher y otros de prestigio internacional como Werner Herzog o Sion Sono –, que merecía un homenaje y que la mejor forma de hacerlo era tanto a través del cachondeo – aprovechando la naturaleza meme del intérprete – como de la metaficción, pero, tal y como ha dicho el crítico de cine Nando Salvá, “quizá el mayor problema no es que el actor no merezca un homenaje, sino que merece uno algo mejor que este”. Y es en ese sentido que El insoportable peso de un talento descomunal deja escapar la oportunidad de contentar tanto a un actor como a sus fans quienes, sin duda, se merecían un tributo un tanto más trabajado que el que ha terminado por ofrecernos el resultado final.

Miquel Felipe
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Graduado en Cinematografía por la ESCAC y en contacto con el CineClub Vilafranca desde mi infancia, empecé a reseñar películas en Internet a la edad de nueve años, labor que he continuado hasta el día de hoy. Aunque suelo ver todo tipo de propuestas, siento especial fascinación por los siguientes géneros: la ciencia ficción, el cine fantástico, el terror y el cine negro.

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