‘Haz lo que debas’, los chicos del barrio de Spike Lee

En el documental de Frederick Wiseman Ex Libris: The New York Public Library (2017) asistimos a una charla entre vecinos de Harlem comentando los problemas de su comunidad. Uno de ellos se queja de que la gente del barrio no gasta en los negocios del barrio, que prefieren ir al centro a comprar; otro explica que las tiendas regentadas por afroamericanos deben enfrentarse a los distribuidores blancos, que les venden los productos mucho más caros que a otros negocios de otros barrios de la ciudad. “Así es como mi abuela perdió su tienda”, dice.

Casi treinta años antes, Spike Lee recreaba un diálogo similar en Haz lo que debas (Do the right thing, 1989): tres hombres de edad que pasan sus días bajo una sombrilla delante de una pared de ladrillos rojo fuego, se quejan de unos inmigrantes coreanos que han montado una tiendecita. “Y no hace ni un año que bajaron del barco”, masculla uno de ellos, mientras que otro sentencia “si no hacemos las cosas de otra manera, no sé que será de nosotros”. Con este nosotros se refiere a la comunidad, al barrio, y a la gente de color que lo habita, vecinos de Bedford Stuyvesant en Brooklyn.

Viendo la vida pasar

Los vecinos, la comunidad, el barrio, son los verdaderos protagonistas de Haz lo que debas, una película coral que sigue las andanzas de Mookie (Spike Lee) como repartidor de la pizzeria de Sal (Danny Aiello), un negocio de italoamericanos en medio de un barrio negro. Mookie es el nexo de unión de los variopintos habitantes, la mayoría pobres desempleados, que pasan lo mejor que pueden un dia de tórrido calor amenizado por la música de la emisora de Dr. Love (Samuel L. Jackson).

Pese a las constantes llamadas a la calma del locutor, pese a las muchas veces que se menciona “paz” y “amor” en la película, pese a que en el combate entre los puños del personaje de Radio Raheem gana el amor frente al odio -igual que en la famosa escena de La noche del cazador (The night of the hunter, 1955; Charles Laughton) y ya sabemos como acaba-, flota en el ambiente un aire de injusticia, racismo y desesperación que el calor hará explotar tarde o temprano. El gran mérito de Spike Lee es dejar espacio a la comedia durante buena parte del metraje y dejar que el drama se vaya cocinando a fuego lento, hasta llegar a la catarsis cuando parecía que la sangre no iba a llegar al río.

El combate entre el amor y el odio de Radio Raheem

Y es que lo más curioso de la película es que todas las comunidades se odian entre si pero nadie quiere hacer daño a los demás. Con los personajes hablando directamente a cámara los italianos se quejan de los negros, éstos de los judíos, los otros de los latinos; el hijo mayor de Sal, Pino (John Turturrro) desprecia al barrio y a sus habitantes, y hasta intenta que su padre traslade el negocio a un barrio de los “suyos”; el activista Buggin’ Out (Giancarlo Espósito) quiere organizar un boicot a la pizzería porque en su pared de la fama no hay fotos de afroamericanos; y los pobres coreanos de la tienda de conveniencia son ridiculizados por su mal inglés.

Sin embargo, Sal se siente orgulloso de haber dado de comer a los vecinos durante más de veinticinco años y no quiere ni oír hablar de dejar la tienda; los ídolos musicales y deportistas de Pino son negros, como le reconoce a Mookie, aunque sean “negros de otra forma”; el boicot de Buggin’ Out fracasa porque nadie quiere dejar de comer pizza en Sal; y cuando se insinúa algo parecido contra la tienda de los coreanos, Sweet Dick Billie es el primero en levantarse e irles a comprar una cerveza.

Mookie y Pino hablan de racismo

Entonces, ¿cómo se llega al estallido? Pues es una combinación de cansancio, calor, el odio latente, y la colaboración especial de la policía, que entonces al igual que ahora, cuando emplea la fuerza suele acabar con la vida de alguien… de color. Ahí se desata la rabia que lleva a la destrucción, el acabar con todo, la violencia irracional que arrasa con el otro aunque a ese otro lo quieras. Esa dualidad acaba en la película con dos citas contrapuestas, una de Martin Luther King denostando la violencia, y una de Malcom X justificándola cuando es en legítima defensa. De fondo, una foto de ambos dándose la mano, en un ejemplo gráfico de la idea de que la no violencia y la violencia van de la mano en los seres humanos, y que solo un gran esfuerzo puede hacer que una no venza sobre la otra.

Spike Lee filmó Haz lo que debas con brío, dejando que la cámara se moviera libremente por el ambiente y cediéndole el sitio cuando algún personaje tenía algo importante que decir. El interlocutor se aparta para que el personaje nos hable directamente, en movimientos fluidos que nos transportan al meollo de la calle, muy a menudo en formato gran angular muy cercano para que nos fijemos en los detalles sin perder de vista el fondo. El ritmo es entonces preciso en todo momento, pausado cuando en plano detalle Mookie juega con la anatomía de Tina (Rosie Pérez), frenético cuando se suceden las escenas al ritmo de Public Enemy.

La música es omnipresente en toda la película, no sólo la que pincha el Dr Amor, sino también la que contó con el gran Brandford Marsalis en fusiones de jazz y clásica para acompañar a muchos de los diálogos. Un auténtico tributo a la música negra, de la que se llega a dar una lista completa de intérpretes para recordarnos su contribución esencial al jazz, por supuesto, y también al rock y el pop.

Con Haz lo que debas Spike Lee en el rol de productor, guionista y director consiguió su primer éxito internacional, con nominaciones en los Globos de Oro, premios Oscar, y Palma de Oro de Cannes, y aunque no se llevara ninguno de estos premios, la gran labor de Danny Aiello como secundario y la del mismo Lee fue recompensada por los críticos de Los Angeles, Boston y Chicago. Ahora DVD Store Spain relanza la película con una edición Blu-ray con la que disfrutar de este clásico.

Jaume Felipe
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Vinculado al CineClub Vilafranca durante más de dos décadas, y con media vida en el mundo de los medios de comunicación y la fotografía, actualmente me hallo en la biblioteca pública, desde donde dinamizo programas colaborativos de cine para la Xarxa de Biblioteques Municipals de la Diputació de Barcelona.

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