Imprimiendo la leyenda: el hombre que mató al western

James Stewart, John Ford y John Wayne en el rodaje de 'El hombre que mató a Liberty Valance'

Depende del día, considero que es el mejor filme de la historia del cine, aunque ese puesto de honor lo suele compartir, de forma rotativa, con Vertigo. No solo me parece una obra cumbre del séptimo arte, sino que la amo profundamente. Decir El hombre que mató a Liberty Valance es decir una oda al cine; al western; a la leyenda y al mito. Esa carta de amor me conquistó a temprana edad (al igual que la obra maestra de Hitchcock) y me ha acompañado siempre hasta nuestros días. No hace mucho, tuve el inmenso placer de volverla a ver en pantalla grande, y no solo me pareció fabulosa, sino que incluso me gustó más. Sí, porque a cada nuevo visionado la cinta dirigida por John Ford se va haciendo más y más grande todavía; tarea ya de por sí complicada, pero las múltiples capas y lecturas que tiene esta película lo hacen posible.

El hombre que mató a Liberty Valance es un western atípico por varias razones:

La muerte del western como género cinematográfico

Sin duda, el filme de Ford, el auténtico y genuino western crepuscular, acabaría con este género, otrora popular pero que se encontraba ya en clara decadencia, al contarnos una historia sobre el mito y la leyenda, y sobre el paso del tiempo, en el que todo cambiaría para siempre y para no volver. El hombre que mató a Liberty Valance suponía un epílogo y hacía “imposible” contar algo nuevo y más allá de lo que planteaba el filme de Ford. Todo lo que vino después fueron o perversiones del género con Sergio Leone a la cabeza, o nuevos intentos de continuar con el western crepuscular con Sam Peckinpah y Clint Eastwood como los máximos valedores de este subgénero, que pretendía alargar la vida de algo que estaba completamente muerto.

Western de interiores

Atrás quedaron las grandes llanuras y paisajes; los colonos; las aventuras; las luchas contra los indios… Aquí todo sucede en espacios cerrados. La lucha es a varias bandas y casi todas suceden en el fuero interno de los personajes: el libro vs la pistola; el triángulo amoroso; el triángulo entre Valance y los dos héroes de la función…

John Wayne muere

Era tan grande su leyenda que no lo hace en pantalla. Junto a Valor de ley, solo murieron dos veces los personajes que El Duque interpretó en el cine, pero jamás lo hicieron frente al público. En esta ocasión, la muerte de Tom Doniphon (John Wayne), condiciona el regreso de Ransom Stoddard (James Stewart) y Hallie Stoddard (Vera Miles) al pueblo en el que vivían juntos, dando pie a un maravilloso flashback que supone la mayor parte del metraje.

La construcción del mito y la leyenda en el lejano oeste

Con este filme, Ford desmitificaba por completo al western y por extensión a su filmografía, plagada por este tipo de películas y en las que se exaltaban unos hechos que, posiblemente, jamás sucedieron. “Cuando la leyenda se convierte en un hecho, imprime la leyenda”. Con esta frase lapidaria se destruía por completo el género cinematográfico más genuinamente americano.

La construcción del héroe

Relacionado con el punto anterior, en esta película, el héroe se forja a través del equívoco. El verdadero héroe da un paso atrás, y se queda sin nada: mujer, casa, fama… En cambio, el “héroe por accidente” se lo lleva todo, aunque era inevitable. Con el paso del tiempo y los cambios que éste iba trayendo, finalmente, y para la construcción de un país, el libro debía imponerse a la pistola. Tom Doniphon encarnaba al viejo oeste, mientras que Ransom Stoddard era la representación de la nueva América.

No solo estas razones convirtieron a este filme en una obra de arte colosal, ya que Ford va más allá de los límites del género. Esta cinta también funciona como una carta de amor al cine, puesto que su plano inicial nos recuerda a uno de los primeros trabajos de los Hermanos Lumiére: La llegada de un tren a la estación de La Ciotat (1896). En el filme de Ford, el tren también llega a la pequeña población de la misma forma, de derecha a izquierda. De esta forma, se conseguía el efecto acercamiento. En cambio, la película concluye también con un plano de un ferrocarril, pero en esta ocasión el tren va de izquierda a derecha, consiguiendo el efecto contrario, el de alejamiento. La irrupción del tren en Estados Unidos cambiaría por completo al país. Con sutilidad y maestría se nos muestra ese cambio en este filme.

Estrenada en 1962 en un anacrónico y maravilloso blanco y negro, la película tuvo un reparto de infarto. A los ya mencionados John Wayne, James Stewart y Vera Miles hay que sumarles los nombres de Lee Marvin, Edmond O’Brien, John Carradine, Woody Strode y Andy Devine. Más de uno era un habitual en el cine de Ford, un cine que reflejaba la dualidad del alcohol, algo que vemos muy presente en esta película. El alcohol tiene dos caras: cuando los personajes beben en grupo es un acto positivo, social y de celebración; en cambio, cuando un personaje bebe en soledad se muestra los estragos y el daño que el alcohol ejerce en este personaje. El entierro en vida Tom Doniphon sucede de esta manera. Cuando él cede el testigo y toda la gloria a Ransom Stoddard y es consciente de que lo va a perder todo, se emborracha y destruye el hogar que estaba construyendo, y que sabía que jamás vería acabado.

El filme concluye de una manera brutal, alejado de toda épica, puesto que es justo al final del mismo, y después de tantos años de convivencia, cuando Ransom Stoddard se da cuenta de que su mujer, Hallie, siempre quiso a Tom Doniphon y no a él. Este demoledor final nos muestra que ninguno de los componentes del triángulo amoroso tuvo la vida que quiso. Ese poso de amargura e insatisfacción del desenlace nos muestra a unos personajes que hicieron lo que tuvieron que hacer por encima de sus deseos personales. Todos sacrificaron algo por el camino para la construcción de una nueva nación.

Pasarán los años y jamás dejaré de querer y recomendar esta película. La amo, y espero que ustedes compartan, aunque sea solo un poquito, ese amor que le profeso a este filme que fue el epílogo de mi género cinematográfico favorito.

Giovanni Casella
Acerca de Giovanni Casella 13 Articles
Licenciado en Comunicación Audiovisual por la UMA y Master en Ficción de Cine y Televisión por la U.R.L. Desde niño el cine ha sido mi principal pasión, aunque la he ido combinando con las series, los cómics y los videojuegos… Me interesa cualquier forma de expresión siempre que la historia o las sensaciones sean buenas. Actualmente colaboro en el weblog Zona Negativa, en la sección de cine y televisión.

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