Hedy Lamarr, mito del cine y la ciencia

Pocas vidas resultan doblemente interesantes como para pasar a la historia. Hedy Lamarr lo hizo con ambas facetas: todo lo que tenía de belleza también lo tenía de inteligencia. Aunque si bien gran parte de su vida estuvo vinculada a su paso por la meca del cine, más tarde se reconocerían sus méritos en el mundo de la ciencia como inventora de mejoras tecnológicas de gran calado.

Nacida en la Viena de 1914, año en el que estalló la Primera Guerra Mundial, Hedwig Eva Maria Kiesler, conocida por su nombre artístico Hedy Lamarr, que adoptó a su llegada a Hollywood de la mano de Louis B. Mayer, fundador del mítico estudio de cine Metro-Goldwyn-Mayer, fue a lo largo de su vida una excepción en todo lo que se propuso.

Fue uno de los rostros más reconocidos de su época, pero nadie vio quien era realmente. Gracias al documental Bombshell, una historia de Hedy Lamarr, disponible en España en Movistar+, se nos brinda la oportunidad de conocer un poco más a la que fuera considerada la estrella de cine más hermosa, una mezcla de Blancanieves y Catwoman capaz de llevar en paralelo una carrera cinematográfica y una vida como inventora que fructiferó en grandes avances tecnológicos para toda la humanidad.  Suyo es el mérito de desarrollar la base de seguridad que más tarde se implementaron en dispositivos Wi-Fi, Bluetooth, GPS, teléfonos móviles y tecnología militar. Según el propio documental, el valor de mercado de su invento se estima en 30.000 millones de dólares.

Hedy Lamarr inventó la tecnología de los saltos de frecuencia, por la que fue reconocida con el Premio Pionero al ‘haber contribuido al bienestar de la sociedad’

Desde pequeña Hedy fue muy ingeniosa, apasionada por el funcionamiento de los aparatos que llegaban a sus manos. Su padre, al que adoraba, la formó en sus descubrimientos y le tomó mucha más atención de lo que era habitual en esa época para las niñas. Aunque siempre quiso dedicarse a la ciencia, se convirtió en una opción disparatada por su gran belleza. Procedente de una familia de judíos acaudalados, se casó a los 19 años con Fritz Mandel, aliado con los nazis y cuyos celos coartaban cualquier atisbo de libertad para su esposa. El ingenio fue quien salvó a Hedy de una vida frustrada al lado de un hombre que no le permitía cumplir con sus inquietudes. Un buen día de escapó haciéndose pasar por su criada y se fue para Londres, donde unos amigos la acogieron. Si bien en Viena ya hizo sus primeros pasos en el mundo del cine, empezando con películas picantes como Éxtasis (sin ella pretenderlo, ya que con el montaje consiguieron que ciertas escenas parecieran subidas de tono), cuando conoció a Louis B. Mayer se le abrieron las puertas de Hollywood, donde adquirió gran notoriedad por su belleza y sus agallas para abrirse su propio camino como productora de sus películas. Los inicios fueron complicados, sin saber el idioma y a merced de que le llegaran proyectos, ya que los contratos de los estudios con los actores en aquellos años eran más bien cadenas con las que retener al talento interpretativo. Aun así, consiguió seducir a todo el mundo con películas como Argel (1938), Fruto dorado (1940) y, más adelante, Sansón y Dalila (1949), que le devolvió la gloria después de un largo periplo en el que consiguió deshacerse de su contrato con la MGM y sacar adelante sus propios proyectos como La extraña mujer (1946) y Pasión que redime (1947). A lo largo de su carrera realizó una trentena de películas.

En paralelo, logró junto con el compositor George Antheil  inventar una tecnología pionera, los saltos de frecuencia, que patentó sin éxito, ya que el Gobierno de los Estados Unidos se negó a compensarla económicamente, primero argumentando que su invento no era de interés y, más tarde, excusándose por haber prescrito la patente. Fuera por uno u otro motivo, el reconocimiento le llegó décadas después gracias a los medios especializados en telecomunicaciones, que consideraron su invento como algo revolucionario. En 1997 al Electronic Frontier Foundation quiso enmendar el olvido al que se vio sumida Hedy Lamarr y le entregaron el Premio Pionero por haber contribuido al bienestar de la sociedad.

Lídia Oñate
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Licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad Pompeu Fabra y Máster en Dirección de Redes Sociales y Marketing Digital por Fundeun – Universidad de Alicante. Actualmente me encuentro inmersa en la distribución cinematográfica, un sector que vivo de lleno desde la comunicación y el marketing. Me encantan las bambalinas del mundo televisivo y cinematográfico, viajar (tanto cerca como lejos), hacer fotos de paisajes y gastronomía que luego irán a mi Instagram, disfrutar con la Historia y echar una partidas al Monopoly, la Play o lo que se tercie. Porque sí, la diversión en la vida es importante. Y el cine ayuda. Me podéis contactar en lidiaonate@industriasdelcine.com.

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