‘Sordo’: un western de posguerra donde el silencio también habla

En 1944, año en el que se ubica Sordo, el poeta Rafael Alberti ya había compuesto A cabalgar, uno de los himnos de la Transición española y de los opositores a la dictadura franquista gracias a la música que le añadió Paco Ibáñez décadas más tarde. No sabemos si Anselmo Rojas, el protagonista de esta historia, conocería el poderoso poema, pero de lo que estamos seguros es de que no llegaría a escuchar jamás la versión del cantautor. Ni la canción ni ningún otro sonido. 

En Sordo, un grupo de guerrilleros pertenecientes a un comando republicano que lucha para acabar con la dictadura (ardua tarea) sale herido cuando, en una acción de sabotaje, ocurre una explosión antes de tiempo. Debido al percance, Anselmo, interpretado por Asier Etxeandia, se queda sordo; una característica que marcará su huida y su carácter. El actor vasco, que también pone voz a una de las canciones de la banda sonora junto a su grupo Mastodonte, es como los intérpretes de antaño, como un Gene Kelly ibérico que tanto canta Morena mía para explicarle a una optimista Penélope Cruz en Ma ma que está recuperada, como que baila, conduce inocentemente a la ruina a Salvador Mallo en Dolor y gloria o eleva una serie como Velvet gracias a la vivaz construcción de su personaje. Etxeandía es un actor a reivindicar, un espécimen tan talentoso como peculiar que, en la última obra de Alfonso Cortés-Cavanillas (Los días no vividos, 2012), vuelve a mostrarnos sus cualidades artísticas mientras hace del silencio su peor enemigo. 

El film, inspirado en el cómic homónimo de David Muñoz y Rayco Pulido, luce sobremanera gracias a su cuidada producción y fotografía, representada en su mayoría por un paisaje árido y solitario que parece mimetizarse con el protagonista, un forajido errante que vaga con la única compañía de sus pensamientos… y de un caballo llamado Caudillo que, como se puede intuir, sustrae de un señoritingo que pasaba por allí. La ambientación, junto a los recursos oníricos del film, se convierte en uno de los puntos fuertes del largometraje y consigue perdurar en la mente del espectador que vaya buscando otro film sobre la Guerra Civil y sus estragos. Sordo, además, complacerá a los amantes del western por su vaporosa similitud con esas películas rodadas en el desierto de Tabernas y cuyos personajes, tan andrajosos como ágiles, no tardaban en desenfundar la pistola ante cualquier hostil que se cruzaran en su camino. Atentos, además, al valiente cartel del film, una creatividad mucho  más artística que comercial, que podemos disfrutar pocas veces en nuestro cine.

Completando el reparto de Sordo encontramos a Aitor Luna, Hugo Silva, Marian Álvarez, entre otros; un elenco notorio que baila alrededor del fugitivo maquis, quien como si al perder la audición hubiera adquirido un mal contagioso, arrastra a la desventura a todo aquel que se interpone entre él y el silencio.

Claudia Guillén
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Graduada en Publicidad y Relaciones Públicas por la Universidad Pompeu Fabra y Máster en Film Business por la ESCAC. También estudié un curso sobre Historia de Cine y Crítica cinematográfica en La Casa del Cine. Después de pasar por algunas agencias de comunicación, me encuentro iniciándome en el mundo de la distribución (ojalá que la fuerza cinéfila me acompañe durante mucho tiempo). En mis ratos libres leo con bastante avidez, hago mercadillos de segunda mano y busco películas españolas curiosas por los Encantes de Barcelona.

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