‘Heartstone’: un remoto desamor adolescente.

A Guðmundur Arnar Guðmundsson le perseguían la belleza y la potencia visual de ese plano de Hvalfjörður (Whale Valley). Sabía que al menos una vez al año una ballena gigante queda varada en alguna playa de Islandia. Y quería ese plano. El momento llegó en un día de tormenta. Ni siquiera había empezado el rodaje ni tenía equipo. Pero consiguió ese momento único: Ágúst mirando fijamente al animal muerto mientras el viento se llevaba los gritos con los que llamaba a su padre.

Aquel cortometraje -nominado a la Palma de Oro en su categoría en Cannes y mención especial en el mismo certamen en 2013-, contenía ya dos de los elementos característicos de la aún incipiente carrera de Guðmundsson (Reykjavík, 1982): la naturaleza y la infancia. Dos ingredientes que conectan su filmografía con la tradición del cine islandés.

“La naturaleza siempre ha sido la característica definitoria de gran parte de la cinematografía islandesa”, subraya el teórico Bjorn Aegir Nordfjörd en Adapting Literary Nation to Film. Un hecho mitad accidental, mitad voluntario que es común en el cine escandinavo. El origen está en los melodramas rurales de los años 20 en los que, ante la falta de estudios e infraestructura para rodajes, los cineastas se lanzaron a rodar en plena naturaleza. Los paisajes se convirtieron entonces en una forma de reflejar y amplificar el estado de los personajes.

En el caso del cine islandés la naturaleza se ha unido a la voluntad de retratar ese aislamiento, esa nada en la que viven los personajes. Hay muchas cosas de la vida en Islandia que sólo pueden explicar sus inviernos. Por eso pronto los coming of age se convirtieron pronto en el género perfecto para sumar ambos elementos. La influencia de la naturaleza, de los paisajes eternos y vacíos, de los pueblos de apenas cincuenta habitantes asentados en fiordos en la transformación de un niño en adulto.

Quizá Nói albinói de Dagur Kári ya podría insertarse en esa nueva ola, pero sin duda fue Þrestir (Gorriones) de Rúnar Rúnnarsson -Concha de Oro en el Festival de San Sebastián en 2015- la que mejor representó esa unión de elementos. Hasta que llegó Guðmundur. La ternura con la quel retrata a sus personajes y sus historias le aleja en cierto modo de la incomodidad y el desasosiego del film de Rúnnarsson.

Dos años después de su estreno oficial y después de verse en el FIRE!! Mostra Internacional de Cine LGBT de Barcelona, Heartstone ha llegado por fin a la cartelera de la mano de la distribuidora Abordar – Casa de Películas. La ópera prima de Guðmundsson  llega avalada por más de 35 premios en todo el mundo y la excelente fotografía de Sturla Brandth Grøvlen, responsable también de la excelente Rams de  Grímur Hákonarson y de, oh sorpresa, Victoria, el vertiginoso plano secuencia de Sebastian Schipper.

Heartstone es el retrato de ese mundo adolescente tan alejado del adulto. De las vidas de Thor (Baldur Einarsson) y Kristján (Blær Hinriksson) y su propia amistad fracturándose hasta el abismo. La fuerza de la naturaleza que les rodea, les marca y les posee por momentos compite aquí con el golpe imparable del desamor, el choque entre la fantasía feliz de su adolescencia y la realidad. Incluso la realidad de su propia relación.

El film es ambivalente, un Jano Bifronte de colores, de sensaciones, de paisajes. Es el sol radiante sobre un mar azul y la lluvia grisácea devorando las nubes y su propia felicidad. Es el descubrimiento y el escondite. Es su vitalidad enmarcada en esos vehículos oxidados y olvidados que salpican Islandia. Las únicas pegas que pueden ponérsele a este debut son su duración quizá excesiva y un recurso demasiado fácil en las historias de adolescencia a lo 13 reasons. Aunque detrás se esconda la inspiración de un personaje real.

En cierto sentido podría decirse que Heartstone conecta también con el cine del noruego Joachim Trier en su intención de narrar esas tragedias personales -a menudo ocurridas en la adolescencia- que marcan un antes y un después en la vida de sus personajes. En el caso del islandés con una combinación más equilibrada de diálogo e imagen. El juego de las percepciones y de la realidad. De lo que no se quiere ver.

Laura Jurado
Acerca de Laura Jurado 18 Articles
Licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense (2008), y especializada en Producción Cinematográfica tras cursar el máster de ESCAC (2017). Fanática de Linklater y Lanthimos. Amante del cine escandinavo. Después del curso sobre Cultura Cinematográfica y Televisiva en Escandinavia con la Universidad de Copenhague, debutó en el cine como auxiliar de producción de ‘A Woman at War’, la segunda película del islandés Benedikt Erlingsson.

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