‘The Florida Project’, atrapados en violeta

Dos años después de dar una vuelta de tuerca a su tradicional –si puede decirse- cine indie y de bajo presupuesto rodando Tangerine con un Iphone, Sean Baker dejó a parte de la crítica boquiabierta en el último festival de Cannes. The Florida Project, rodada ahora en 35 milímetros, se presiente como su gran presentación cinematográfica más allá de Estados Unidos. Un retrato de la extraña ‘comuna’ residente en los esperpénticos moteles a las afueras de Disneyworld contado a través de Moonee y sus seis años. Un fresco colorista sobre aquéllos que habitan fuera del sistema que le ha valido a Willem Dafoe su nominación a los Oscar como Mejor Actor de Reparto.  

Si ‘Tangerine’ era la loca carrera de Sin-Dee por las calles de Hollywood en busca de venganza y de Chester, The Florida Project es el estancamiento contrastado con esa metáfora de los helicópteros que levantan el vuelo frente al Magic Castle donde vive Moonee. “Esto no es una cárcel”, repite Halley, su madre, escaleras abajo en la enésima pelea con el gerente del complejo, Bobby, encarnado por Willem Dafoe. Pero lo cierto es que en esa gigante casa de Polly Pocket violeta se consumen las vidas de quienes viven al margen del sistema: familias desestructuradas, narcotraficantes de medio pelo, prostitución, madres adolescentes, pobreza, pereza, trabajos en bares de barras aceitosas.

Con The Florida Project –que Diamond Films estrena en España el 9 de febrero- Sean Baker  da un salto objetivo a una carrera construida sobre el relato de los suburbios. La crudeza y la desnudez de Take Out o Prince of Broadway dan paso a una película concebida como una trampa. Lo primero que atrapa al espectador son esas moles con forma de castillo –Disneyworld aparece demasiado tarde y torpemente para darle al contraste la importancia que los críticos se empeñan en subrayar-, esa efectiva paleta de colores pastel, esa infancia de Monee transcurrida entre árboles caídos que siguen creciendo –el simbolismo de la cinta es permanente-, sirope de arce, helados mendigados y escupitajos desde el balcón.

Bajo ese vistoso papel de regalo se esconde una historia trágica y dura. Baker (New Jersey, 1971) viste de forma inteligente el relato para jugar con el espectador hasta el punto de hacerle creer que, como alguno apuntó en el pase de prensa, lo que ve es una apología de las malas madres. Su trampa, pues, funciona. El recuerdo del excelente Wasp, el film con el que Andrea Arnold se hizo con el Óscar al Mejor Cortometraje en 2003, es continuo. La propia Moonee podría crecer como la adolescente de ‘American Honey’. Sin embargo, aquí el sufrimiento, la pena, la desesperanza están velados. Pintados, ocultos, bajo esa capa de felicidad infantil aparente.

Pocos peros hay que ponerle a esta cinta en la que, junto a Dafoe, sobresalen las interpretaciones de la jovencísima Brooklyn Prince (Moonee) y Bria Vinaite (Halley). Pocos más allá de un metraje excesivamente largo y un final, reconocido cine de guerrilla, demasiado metido con calzador para el desenlace esperado. Pero Baker, insisto, no hablaba de la negrura de la tragedia.

Laura Jurado
Acerca de Laura Jurado 22 Articles
Licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense (2008), y especializada en Producción Cinematográfica tras cursar el máster de ESCAC (2017). Fanática de Linklater y Lanthimos. Amante del cine escandinavo. Después del curso sobre Cultura Cinematográfica y Televisiva en Escandinavia con la Universidad de Copenhague, debutó en el cine como auxiliar de producción de ‘A Woman at War’, la segunda película del islandés Benedikt Erlingsson.

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