La última noche del cine de mi vida

Maria Olivella en el Kubrick Cinema. Foto: Juan Plasencia. Fuente: Fila Siete. Reportaje documentalista sobre cines de sala única en España.

El Kubrick Cinema de Vilafranca del Penedès cerró ayer sus puertas tras 27 años de actividad.

Las administraciones públicas deberían considerar que en los pueblos es tan importante tener un cine municipal como una piscina municipal.

Poco después de las 21.20 de la noche de ayer 30 de diciembre de 2021 el haz de luz que ha proyectado imágenes en movimiento durante 27 años sobre la pantalla del Kubrick Cinema se apagaba definitivamente. De esta manera, la historia del cine de mi vida llegó a su fin.

Se ponía punto y final a una historia iniciada en 1994, cuando nacía en Vilafranca del Penedès el Kubrick Cinema, que se añadía al Bogart, de dos salas, y que en 1983 se convirtió en el primer multicines de la provincia de Barcelona inaugurado fuera de la capital. Ambos cines han sido durante estos años propiedad de la familia Olivella y fueron gestionados primero por Francesc Olivella, hasta su fallecimiento en 2008, y desde entonces por su hija Maria

Francesca Ferran y Cisco Olivella en la Sala 1 del Bogart Multicines.

Entre las ventajas que hemos vivido los nacidos en los años 80 en ciudades de provincia fue crecer en localidades abastecidas de suficientes pantallas de cine, videoclubs y algún cineclub, escenarios idóneos para inspirar vocaciones cinéfilas. En estos días previos al cierre y tratando de buscar unas palabras para despedir la que he considerado mi segunda casa durante tantos años, me preguntaba qué habría sido de mi vida naciendo en otro lugar u otra época.

Domingos de películas y sueños

El cine no tardó en aparecer en mi vida, primero como mero entretenimiento, eso sí. Como quien tiene fe en Dios y va a misa cada domingo, recuerdo visitar los fines de semana con mi padre el cine Bogart (situado frente al Kubrick y clausurado en 2006) y ver títulos que me marcaron en mi niñez como Aladdin, Hook, Jurassic Park, Casper y Jumanji. De camino a casa fantaseaba con todo lo que había visto en la gran pantalla, que aún parecía más grande al ser yo tan pequeño. Y llegaba a casa y recreaba las escenas que acababa de ver con mis juguetes, fueran o no de la película que terminaba de ver. Con 8 años llené mi habitación de dinosaurios, y es que recuerdo como si los ojos fueran los míos la mirada de Sam Neill y Laura Dern al ver por primera vez un brontosaurio. 

Inauguración del Bogart Multicine, en 1983.

A los catorce años de edad, en los primeros meses del 2000, una proyección en la Sala 1 del Bogart cambió definitivamente mi vida. Mi afición por el cine no había hecho más que acrecentarse con la entrada en la adolescencia, y eran habituales las visitas al cine el domingo por la tarde con mis amigos. Pero esa tarde en el invierno de 2000 marcó un antes y un después. American Beauty es la película que cambió mi vida.

Descubrí, gracias a esa película, que existía otro cine y que, de alguna manera que yo aún no sabía, quería dedicarme al séptimo arte. Fue entonces cuando empecé a escribir mis primeros guiones, que nunca llegué a filmar, y cuando el veneno del cine se fue apoderando de mis pensamientos y mi modo de vida. No concebía pasar la semana sin ver una película en pantalla grande. Y poco después llegó mi primera sesión de Cineclub Vilafranca en la Sala 2 del Bogart, hecho que marcaría definitivamente mi vida. 

Y si el Bogart fue el cine de mi infancia, el Kubrick lo fue de mi adolescencia, juventud y madurez. Ha sido el edén en los momentos más felices de mi vida y un oasis en los más difíciles. Momentos difíciles en los que recibí un inolvidable y caluroso apoyo de parte de todos los que formaban “la familia del Kubrick”.

¿Cómo sería hoy mi vida de no haber vivido todas estas vivencias?

En una palabra, gracias

Como decía líneas atrás, desde que el pasado 14 de diciembre se anunció el cierre del Kubrick Cinema centenares de pensamientos y recuerdos se han ido apilando en mi cabeza en busca de unas palabras que definan lo que han significado para mí estas cuatro paredes en las que he reído, he llorado, me he emocionado y he aprendido sobre el cine y la vida, que en mi caso, es lo mismo. 

Y tras intentarlo con infinidad de palabras, finalmente ayer encontré una que lo resume todo: gracias. 

Gracias Kubrick y gracias Bogart. Gracias Maria y gracias Cisco. Vuestro espíritu emprendedor y cinéfilo nos ha permitido disfrutar durante casi 40 años del mejor cine y en las mejores condiciones de comodidad, técnicas y humanas. Y gracias también a Francesc, proyeccionista durante los últimos 15 años del Kubrick y gran amigo.

Pablo Sancho París y Maria Olivella presentando ‘La travessa dels Oscar’, una iniciativa conjunta entre Cineclub Vilafranca y Kubrick Cinema.

La necesidad de un cine municipal

Y una reflexión para terminar. La exhibición cinematográfica está muy tocada y la pandemia no ha hecho más que hurgar en la herida. El Kubrick es un cadáver más en una interminable lista de templos del cine que han cerrado sus puertas en los últimos años. Y ni las administraciones ni el público supuestamente cinéfilo, han respondido hasta ahora. En las dos últimas semanas el Kubrick ha obtenido una muy buena entrada en prácticamente todas las sesiones. Películas como la nueva aventura de Spiderman y la revisión de Spielberg de West Side Story han ayudado. Pero a estas sugerentes propuestas hay que sumar el morbo de visitar el Kubrick por última vez. Muchas personas han querido acercarse a ver al moribundo, o directamente venir al funeral, mientras abandonaron el cine mientras estaba vivo. Esos “moviegoers”, término con el que en inglés se identifica a los cinéfilos y que significa “los que van a las películas”, han preferido no moverse y quedarse en casa optando por consumos más capitalistas. Y ahora todo son lamentos y palabras bonitas. 

¿Y las administraciones públicas? ¿Cuándo se plantearán los ayuntamientos que tener un cine municipal es tan importante como tener un teatro o un auditorio municipal, una piscina municipal o un campo de césped municipal?

Se acaba 2021 con el inesperado cierre del cine de mi vida, pero me quedo con las películas, las emociones, las amistades y la esperanza que más pronto que tarde la lámpara del Kubrick vuelva a encenderse y sus más de 300 butacas vuelvan a llenarse. 

¿Hasta siempre? Hasta pronto.

Pablo Sancho París
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Licenciado en Historia del Arte y Comunicación Audiovisual por la U.B., Master en Ficción de Cine y Televisión por la U.R.L. y Master en Film Business por ESCAC. He sido presidente de la Federació Catalana de Cineclubs entre 2015 y 2017, siendo actualmente responsable de proyectos de la entidad. Además, soy el programador de Cine Club Vilafranca, que gestiona la Sala Zazie y el Cine Kubrick de Vilafranca del Penedès. Además, he compaginado estas tareas con la de cronista cinematográfico, profesor de cine en talleres para niños y adolescentes, y la realización de audiovisuales y cortometrajes de ficción. Me podéis contactar en pablosanchoparis@industriasdelcine.com.

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