MAITE ALBERDI: “El contexto online ha vuelto más democrática la campaña al Oscar”

Foto de Juan Naharro.

Hablamos con Maite Alberdi, directora del documental chileno ‘El agente topo’, representante de Chile en los Premios Oscar y una de las películas hispanoamericanas del año.

Desde que se presentó hace un año en el Festival de Sundance, El agente topo es unas de las películas latinoamericanas de las que más se está hablando en los últimos meses. Este documental parte de una premisa muy curiosa: Sergio, un octogenario viudo y jubilado, es contratado por un detective privado llamado Rómulo para infiltrarlo en una residencia de ancianos. ¿El motivo? La hija de una residente denuncia que su madre está recibiendo malos tratos, así que Sergio deberá investigar para encontrar las pruebas para confirmar si el maltrato es real o no.

El agente topo es la cuarta película de Maite Alberdi (Chile, 1983) y es la candidata elegida por Chile para representar al país en los Oscar en la categoría de Mejor Película Internacional. Además, es una fuerte contendiente en mejor documental, y ya ha sido nominada al Independent Spirit Award en esa categoría. Se trata de la primera vez que Chile presenta un documental al Oscar.

Foto de Juan Naharro.

Asimismo, El agente topo está nominada al Goya como Mejor Película Iberoamericana, categoría en la que nunca ha ganado un documental, y fue elegida por el National Board of Review como uno de las cinco mejores películas internacionales de 2020. 

La película es una coproducción entre cinco países, incluida España a través de la productora Malvalanda. Además, participan de la producción Chile, Estados Unidos, Alemania y Países Bajos.

El agente topo ha recibido halagos por parte de directores españoles y extranjeros como Fernando León de Aranoa, de la que destacó que “abraza al espectador y obra el milagro infrecuente de la ternura” y Carlos Vermut que la considera “conmovedora, la aproximación al cine negro más inteligente que he visto en mucho tiempo”.

Por su parte, el director y productor de Larry David (Curb your enthusiasm) Robert B. Weide afirmó que es “mi película favorita del año. Prepárate para reír y llorar. Una belleza” y para Darren Aronofksy “El Agente Topo es la mejor película de antiespías que he visto”.

El próximo martes la Academia de Hollywood dará a conocer las shortlist de las películas finalistas en diferentes categorías y la chilena aspira a estar en las de Mejor Película Internacional y Mejor Documental.

Buscabas hacer un documental sobre un detective privado. ¿Cómo das con esta historia y encuentras a Rómulo, el detective profesional, y a Sergio, el anciano agente topo?

Fueron dos personajes distintos de encontrar, con distintas formas de llegar a ellos. Partí con la intención de hacer un documental de cine negro, pensando que los detectives privados siempre eran terreno de la ficción. El proyecto partió con una investigación de agencias de detectives privados donde entrevisté a muchos en Chile y así llegué a Rómulo, que es el detective que aparece en la película y que fue el único que me ayudó, trabajando como su asistente para ver desde dentro cómo funcionaban las investigaciones. Y desde ese conocimiento de Rómulo vi distintos casos y distintos infiltrados y ahí la gran pregunta para mí como documentalista era qué tipo de documental podía filmar sin matar una investigación de un detective privado. Porque en el momento en el que pones la cámara, automáticamente, se acaba tu posibilidad de investigar en secreto. Entonces cuando vi que investigaban casos de maltrato en residencias de ancianos dije, bueno, en mis documentales anteriores tengo a varias personas mayores en ellas, si yo voy a una residencia por mi cuenta a la que haya que investigar y digo que quiero hacer un documental ahí, y luego el topo llega por su cuenta como si no nos conocemos, podría llegar a filmar esta película sin que me descubran.

“Partí con la intención de hacer un documental de cine negro, pensando que los detectives privados siempre eran terreno de la ficción.”

La película parte de un diseño bastante metodológico de cómo hacer viable un documental sobre una investigación privada. Me tomó un par de años de investigación y planearlo. Llegó el caso, nos autorizaron a grabarlo, tuvimos el permiso de la clienta que había contratado al detective y nosotros entramos al hogar. Pedimos permiso por nuestra cuenta, nos dejaron, y poco antes de empezar a rodar, el señor mayor con el que Rómulo trabajaba estos casos se rompió la cadera. Entonces yo dije: bueno, hasta aquí llegamos.

Pero seguiste.

Yo ya había visto la investigación a través de él y toda mi idea de la película estaba muy enfocada en lo que yo había visto antes, que era muy policial porque el viejo era un ex PDI que era muy parecido a Rómulo. Quería construir la película muy desde las pruebas, que le mandan a la clienta y lo que ella le responde. La clienta era un personaje muy importante para mí y la filmé mucho.

Entonces Rómulo puso un anuncio en el diario y apareció Sergio casualmente. Yo no tenía fe en el anuncio, porque pensé que las personas mayores no compran el diario para encontrar trabajo. Y sí lo hacen, lo que te habla de que quieren estar activos, de lo malo del sistema de pensión, y de muchas otras cosas.

“Cuando vi a Sergio fue como amor a primera vista. Lo ves y te llena todo, por su espontaneidad, su humor, como era de rápido, de encantador.”

Y aparece Sergio, que yo cuando lo vi fui como amor a primera vista. Es un buen personaje, sientes esa cosa de estómago, que lo ves y te llena todo, por su espontaneidad, su humor, como era de rápido, encantador. Para mí era él, y le tuve que suplicar a Rómulo que lo contratara porque no era su mejor candidato, pero después de llevar tiempo trabajando con él yo ya tenía derecho a opinar. También le pude convencer diciendo que yo iba a estar allí y puedo ayudar, no dándole instrucciones, porque teníamos que actuar como si no nos conociéramos, pero sí ayudando a mirar. Así llegó Sergio, que le da otra vida a mi idea inicial. Lo que partió siendo un documental de investigación de una residencia de ancianos, o de un caso y las implicaciones de ese caso, termina siendo un documental de una experiencia de vida, la de Sergio y las relaciones que él va estableciendo, muy distinto a mi punto de partida.

Viendo la película aprecias que el punto de partida se va diluyendo y lo que realmente flota, o reflota, es el retrato de este microcosmos particular que vive Sergio en la residencia. La investigación acaba siendo finalmente un McGuffin…

Yo no le decía mucho a Sergio sobre la investigación, porque ya estaba muy dirigido por Rómulo. Yo ya tenía una misión y el que tenía que encauzarlo ahí era Rómulo y no yo. Ya tenía una presión sobre el deber de lo que tenía que hacer, y al revés, yo estaba filmando como al principio muy alineada con Rómulo pero después también entendiendo que tenía que dar otro espacio porque estaban pasando otras cosas. Me costó entender que esas otras cosas eran las importantes.

Hay escenas claves para mí en rodaje que van marcando, como que un personaje llore, y ella llora con Sergio. Y como ese momento en el que yo personajes que se atreven a llorar frente a una cámara. Y donde sientes la desolación del lugar y es como ok, la vida está pasando acá, no en las pruebas que él tenía que presentar por muy entretenido que fuera. Que no es menor lo de las pruebas, porque de alguna manera lo que le regala a la película mi intención inicial del proyecto es una buena excusa, liviana, para entrar a un tema duro, porque si yo invito a ver una película sobre el abandono de las personas mayores en las residencias de ancianos, no le pongo play a la tele jamás, no me interesa.

La realidad ya está lo suficientemente pesada para elegir ver eso en mi plataforma de streaming. Pero si entonces digo que es un documental, que es verdad, sobre entrenar a un anciano que jamás ha trabajado como detective y es el peor espía del mundo e infiltrarlo en una residencia, es un buen gancho para conectarte emocionalmente con las temáticas de la película.

Esa excusa inicial no la abandonamos. Es una invitación que te da la mano para ir más hondo y conectarte con la experiencia de un dolor que está conviviendo también con un goce de la vida en paralelo y en contraste. La vida es eso también. En El agente topo hay muchos matices, hay humor y hay dolor, como una zona de grises. El sonidista me decía que se había sorprendido porque se había emocionado mucho viendo la película y en su memoria él se había reído todo el rodaje, como que su percepción en el recuerdo del lugar era como de mucha risa y el resultado, al limpiarlo narrativamente, con los eventos que lo han resumido, aparecería el dolor en ese lugar donde nosotros teníamos el recuerdo cotidiano de goce.

Pero eso está en la vida, puedes pasar un duelo profundo interno, pero riéndote en el cotidiano. De alguna manera la película logra rescatar esa emocionalidad y ese contraste.

Tu película se estrenó en Sundance hace un año. Han cambiado mucho las cosas desde entonces. El agente topo es un documento sobre la vida en una residencia y una carta de amor a los ancianos, ¿crees que con todo lo que estamos viviendo tu película adquiere otra dimensión, teniendo en cuenta que los ancianos y las residencias han sido los principales perjudicados y damnificados por el coronavirus?

Yo creo que en la película hay una lectura prepandemia y una postpandemia. En la pre, pasa algo en Latinoamérica que es bastante parecido en España y es que tenemos una cultura que es distinta a la del norte de Europa y a la norteamericana, donde los hijos se van de la casa, no viven achuclunados, como decimos en Chile, como que la familia no vive toda en la misma casa. Yo me crie con los abuelos y los bisabuelos en casa, en las familias grandes todos conviviendo en el mismo lugar.

“En la película hay una lectura prepandemia y una postpandemia. Muchas residencias habían cerrado las puertas, simbólicamente, mucho antes. Ya no había visitas de familiares.”

En España pasa un poco parecido. Quizás en los últimos 20 años nos hemos enfrentado a un cambio cultural muy radical, de empezar a vivir en espacios más chicos donde las personas mayores ya no viven en las casas y donde empezamos a necesitar socialmente las residencias como una alternativa muy válida como hogar para las personas mayores. Sin embargo, si bien las necesitamos por este cambio demográfico, también no nos preocupamos como de establecer puentes con estos lugares, las residencias, y la vida anterior que tenían las personas mayores en sus casas. Como que se produce un quiebre en el momento en que te vas a vivir a la residencia y empiezas a otra vida. Eso es muy fuerte porque implica una muerte simbólica, donde al final ninguna persona mayor hoy se quiere ir a vivir a una residencia y prefiere vivir sola en su casa porque “nadie me va a venir a ver, voy a estar solo, me va a dar demencia…”, y lo asocian a la enfermedad, cuando no tendría por qué ser así. Por qué no podría ser buenísimo para una persona mayor estar en un lugar donde te hacen el aseo, te dan la comida, y donde podrías salir y tener amigos y pasarlo bien, como un poco más la mentalidad gringa de senior suite, donde van a pasar feliz los últimos años.

Las culturas latinas tenemos esta cosa de hay un delito, lo están tratando mal, no lo cuidan… yo parto filmando de ese prejuicio, y yo misma me tengo que dar la vuelta dándome cuenta de que en realidad es un buen lugar donde sí cometen errores, pero los mismos errores que yo puedo cometer con mi hijo en mi casa. No es nada grave. Al asumir eso y darte cuenta que los problemas son otros como que no se generan vínculos sociales ni culturales entre la residencia y la sociedad y la residencia y la familia, estamos en un periodo de transición y tenemos que hacernos cargo del rol que le tenemos que dar a las residencias, y creo que eso no se ha trabajado.

¿Y la lectura post pandemia que extraes de tu película cuál es?

Por otra parte, la lectura post pandemia tiene que ver con el visitar. Como este año todos hemos sido conscientes ante la imposibilidad que nos ponía el virus de poder visitar a las personas mayores, a tus padres, a tus abuelos, porque son población de riesgo y los hogares de ancianos tenían que cerrar sus puertas, ¿qué pasa en las residencias? Siempre cuento eso, y me surgió mucho en el Festival de San Sebastián ante las preguntas, sobre todo españolas. La directora del hogar me decía: yo he cerrado las puertas mucho antes de la pandemia, simbólicamente; acá no había visitas. Si recuerdas el personaje de la Marta, en la reja de la venta, tiene alzhéimer, pero decía “no salgo de acá, a mí nadie me saca y yo quiero salir”, también a un mundo que no existe, a otro tiempo, pero no están saliendo de ahí, porque nadie les está invitando a almorzar el domingo, cuando cualquier familiar podía irlos a buscar y sacarlos, pero no, los dejaban en la residencia.

Nos tocó vivir funerales sin familiares, donde los duelos que lloraban eran las enfermeras y las auxiliares de la residencia, pero ningún familiar. Con el covid cambiaron los protocolos y la gente no podía ir a los funerales y no podía ir a visitar, pero eso ya estaba pasando antes. Como nosotros decimos, la pandemia de la soledad ya estaba arraigada prepandemia en esos lugares. Ahora ante la imposibilidad de poder ir a las residencias, empezaron a llamar más gente para conversar con sus abuelos… cosa que no pasaba hace cinco años. Agradezcamos también a la tragedia, la conciencia y la visibilidad temática que antes no tenía y que, si ahora no nos empezamos a hacer cargo de este cambio social y de la necesidad que tenemos de la existencia de las residencias, podríamos haber seguido en este aislamiento total.

Me ha pasado mucho mostrando la película, y no me había dado cuenta cuando la hice, y es que la han visto varios niños, porque como no hay salas, la gente la ve en streaming y la ven con sus hijos y con adolescentes. Y muchos niños muchos dicen como que no habían visto a tanto viejo junto, a tanto anciano junto. Como que les choca. En realidad, te das cuenta que son generaciones que se están criando sin ancianos en el cotidiano, que a mí no me pasó. No los ven en la calle, no los ven en la casa. Eso te habla también del aislamiento.

Estamos inmersos en la temporada de premios ya. El agente topo ha sido nominada al Goya a la mejor película iberoamericana, al Independent Spirit Award a mejor documental, y podría estarlo en los Globos de Oro y los Premios Oscar, tanto en la categoría de mejor documental y mejor película internacional. ¿Cómo es vivir una temporada de premios sin poder viajar con la película?

Tengo sentimientos encontrados con el tema. Ahora estaría en España, esta semana, en todas las funciones de la Academia y me costó mucho decidir no viajar para ir a hacer la campaña. Tuvimos que plantearnos el sentido del presencial en este contexto. Fue una decisión difícil no estar ahí ahora, porque lo hice en las anteriores, porque tengo un equipo español con el que me encanta trabajar también y queríamos hacerlo juntos. En el presencial son las productoras las que están ahora haciendo los conversatorios y lo hacen perfecto. Pero creo que era un momento de compartir con ese público y esos académicos españoles.

“Sí puedo estar soñando, que es difícil, con un shortlist en los Oscar que no podría estar soñando el año pasado porque no tengo el presupuesto para hacer una fiesta en Los Ángeles e invitar a cien académicos a un coctel carísimo.”

Pero por otra parte, también debo decir que debo agradecer a este contexto online que vuelva democrática las formas de hacer campañas. Yo sí puedo estar soñando, que es difícil, con un shortlist en los Oscar que no podría estar soñando el año pasado porque no tengo el presupuesto para hacer una fiesta en Los Ángeles e invitar a cien académicos a un coctel carísimo. Yo vivo en Chile, y soy una documentalista latina donde nadie le pone play a un documental latino y no puedo estar paseando en una alfombra roja con mis actores porque mi película no tiene actores. Pero al no haber alfombra roja este año las condiciones de entrada de las películas se volvieron más democráticas en Hollywood, entonces yo puedo soñar con una shortlist sin dejar de ir a buscar a mi hijo a la sala cuna ningún día de mi vida y eso es impensado en otro contexto, porque tengo que estar de lobby en lobby de networking en networking en Los Angeles y no es real para mi vida. De alguna manera si tienes cosas buenas esta situación.

Es la primera entrevista que hago por zoom, si no es por la situación actual no se me hubiese ocurrido hacer una entrevista así a una directora chilena porque nunca antes había utilizado esta plataforma ni ninguna similar.

Sí, yo también iba a España a hacer todas las entrevistas y ni siquiera me había tocado nunca hacer una entrevista telefónica con España. Es cierto.

Además de directora, eres la productora de El agente topo, una película coproducida hasta por cinco países (Chile, Estados Unidos, España, Alemania y Países Bajos). ¿Cómo ha sido trabajar con productores de tantas nacionalidades y qué han aportado capital artístico?

Yo creo que es una mezcla de cosas. Hay ciertos proyectos que cuando los explicas la gente se quiere sumar, y eso no pasa siempre, atraer a muchos países que quieran ser partes. Eran muchos los productores con los que nosotros queríamos trabajar y que admiramos. Y no era gente que solo invertía dinero si no que los cinco países fueron un aporte creativo importante. Ahora que la película funciona en todos los territorios y se vende en muchos países, es el resultado de la coproducción y del aporte creativo de cada mirada. Cada reunión sobre los cortes de la película parecía una reunión de la ONU. Y está bien. Yo como directora he tenido todas las libertades artísticas con productores que nunca me impusieron nada, pero yo les escuché a todos siempre y no era que yo hiciera las soluciones que me proponían ellos, pero trataba de entender las preguntas de cada país para el entendimiento de la película, porque a veces hay cosas muy cerradas e idiosincráticas de mi país que igual el alemán y el holandés no están entendiendo. Y decía, ok, cómo lo cuento para que lo entiendan, para que no sea un problema, cómo lo explico. Un montón de decisiones de montaje donde los productores ayudaron mucho y que están consiguiendo que la película viaje bien y que tenga el resultado que tiene gracias a ellos, también, sin duda.

Pablo Sancho París
Acerca de Pablo Sancho París 393 Articles
Licenciado en Historia del Arte y Comunicación Audiovisual por la U.B., Master en Ficción de Cine y Televisión por la U.R.L. y Master en Film Business por ESCAC. He sido presidente de la Federació Catalana de Cineclubs entre 2015 y 2017, siendo actualmente responsable de proyectos de la entidad. Además, soy el programador de Cine Club Vilafranca, que gestiona la Sala Zazie y el Cine Kubrick de Vilafranca del Penedès. Además, he compaginado estas tareas con la de cronista cinematográfico, profesor de cine en talleres para niños y adolescentes, y la realización de audiovisuales y cortometrajes de ficción. Me podéis contactar en pablosanchoparis@industriasdelcine.com.