Cine para cuando llueven piedras

Lo único bueno que nos dejará la epidemia del Covid-19 será una sanidad más fuerte.

Diez películas que desnudan las contradicciones de sistemas que privatizan beneficios y socializan pérdidas.

No aprendemos. Hizo falta que se desatara una crisis financiera que casi acaba con el capitalismo para que entendiéramos que el sector tiene que estar regulado. Vimos cosas que nunca antes habíamos visto, como a los ricos pidiendo pagar más impuestos y a los banqueros obligados a regularse. El estado entró al rescate para no provocar un cataclismo y, al final, se salvó el sistema. Si es que realmente está salvado.

El problema es que pasan diez años y nos olvidamos de lo peor de todo aquello, y ha hecho falta una epidemia para que las costuras de nuestra sociedad se vuelvan a tensar. Ahora vemos que los recortes en sanidad, los que se hicieron para cuadrar las cuentas con el club de los super-austeros, se nos vuelven en contra. Al fin y al cabo, ¿qué podía salir mal, si sólo estábamos jugando con nuestra salud?

Cuando salgamos de ésta –porque vamos a salir de ésta – espero que se inicie un debate no de cómo volvemos a la sanidad que teníamos antes de la crisis, sino de cómo hacemos para tener la mejor sanidad que nos podamos permitir. Pista: será muy, muy buena, puede que la mejor del mundo.

Se darán las mejores condiciones para sentar las bases de un acuerdo que blinde, de una vez por todas, un sistema sanitario libre, gratuito, universal y de calidad. No hay que desaprovechar la oportunidad porque durante un tiempo nadie osará oponerse; pero hay que ser rápidos, porque los mantras del anti-estado volverán, como siempre, a decirnos que no nos lo podemos permitir, que hay que recaudar menos impuestos, que hay que tener menos estado, y que lo privado es siempre más eficiente. Es que, sabéis: no hay alternativa.

Si todo eso fuera cierto, y de verdad se adelgazara tanto al estado, en la siguiente no lo contaríamos. A ver si con un poco de suerte la que venga después es energética y nacionalizamos de nuevo los servicios básicos. Con lo que recaudemos lo podemos invertir en educación, por ejemplo. Quizás así, a largo plazo, nos ahorraríamos el debate.

Os presentamos diez películas que desnudan las contradicciones de un sistema que privatiza los beneficios y socializa las pérdidas para que al final los que lo acaben pagando sean los de siempre: nosotros.

Robocop

Paul Verhoeven, 1987.

En un futuro distópico las fuerzas del orden pasan a manos privadas. Se necesitan buenos policías que cumplan las normas y, a poder ser, que sepan bien a quien deben obedecer; para eso, nada mejor que resucitar a un agente caído en acto de servicio y borrarle la memoria.

Primera incursión de Paul Verhoeven en Hollywood, las escenas de ultraviolencia marcaron un hito en la época.

La cuadrilla

Ken Loach, 2001.

Ken Loach siempre habla de los más desfavorecidos, la working class que acaba pagando el precio de la desigualdad. En La cuadrilla vemos la privatización de los ferrocarriles británicos y como eso afecta a los trabajadores de la compañía.

El capital

Constantin Costa-Gavras, 2012.

Costa-Gavras es otro cineasta comprometido que no duda en denunciar los abusos de poder. En El capital centra su mirada en la corrupción de un joven banquero como metáfora de los desatinos del sistema financiero previos a la crisis de 2008.

Confesiones de un banquero 

Marc Bauder, 2013.

Rainer Voss era un poderoso ejecutivo alemán de un banco de inversiones que nos describe la manera de operar de estos bancos hasta llegar a la crisis. Si en el caso anterior partíamos de la ficción, en este lo hacemos a partir de la realidad.

Memorias del saqueo 

Fernando E. Solanas, 2004.

Este otro documental muestra como Argentina pasó de la prosperidad a la necesidad desde el fin de la dictadura hasta 2001. Veinticinco años de paz y tranquilidad que escondían una terrible corrupción política, una deuda nacional disparatada, y el expolio de los bienes públicos con la complicidad de numerosas multinacionales; todo bajo la complaciente mirada de los organismos financieros internacionales.

Billy Elliott 

Stephen Daldry, 2000.

Aparte de ser una historia de superación contra la adversidad, Billy Elliott es un magnífico retrato de la lucha de los sindicatos mineros británicos frente al desmantelamiento del sector por la dama de hierro, Margaret Thatcher. Como ella mismo dijo después de derrotarlos, No hay tal cosa como la sociedad. Hay hombres y mujeres y hay familias. Lo individual frente a lo colectivo.

American Factory

Steven Bognar, Julia Reichert, 2019.

En las ruinas de lo que había sido una fábrica de General Motors, un multimillonario chino abre una fábrica de parabrisas. Lo que al principio parece una manera de recuperar el trabajo y la dignidad para miles de trabajadores se convierte pronto en el descubrimiento de que no solo las culturas son muy diferentes, también lo son las condiciones laborales. Oscar al mejor documental 2020.

Los miserables 

Ladj Ly, 2019.

Las banlieues de París demostraron ser un polvorín donde cada etnia busca dominar el territorio. Rodada desde el punto de vista del poder –la policía, el estado- y sus métodos poco ortodoxos, nos sirve en bandeja  la rabia de los que no tienen ninguna esperanza ni nada que perder.

Las nieves del Kilimanjaro 

Robert Guédiguian, 2011.

El marsellés Robert Guédiguian nos muestra como un activista político y líder sindical, orgulloso de su lucha, ve tambalearse sus principios al sufrir un robo con violencia en su casa. El conformismo de la clase trabajadora al desnudo para recordarnos que la lucha no se acaba nunca.

Dos días, una noche 

Jean Luc y Pierre Dardenne, 2014.

Sandra es una trabajadora que será despedida a menos de que convenza a sus compañeros de que renuncien a su paga extraordinaria. Para ello dispone de un fin de semana, en el que hará el periplo de visitarlos uno por uno y escuchará la multitud de razones, todas personales, todas comprensivas, con que comprobaremos que ante la crisis no existe la solidaridad

Jaume Felipe
Acerca de Jaume Felipe 5 Articles
Vinculado al CineClub Vilafranca durante más de dos décadas, y con media vida en el mundo de los medios de comunicación y la fotografía, actualmente me hallo en la biblioteca pública, desde donde dinamizo programas colaborativos de cine para la Xarxa de Biblioteques Municipals de la Diputació de Barcelona.

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