Diez películas de amor (y desamor) para San Valentín

En más de una ocasión nos habremos sentido sacudidos por algún film romántico y la sensación de necesitar recrear algo parecido a lo visionado habrá acudido a nosotros. Usando como excusa el día de San Valentín, día de los enamorados en muchos lugares del mundo, recopilamos algunas cintas basadas en el amor, la pasión y algo de desamor que permiten evocar sentimientos muy variados: desde la emoción de revivir un clásico eterno como Drácula, de Bram Stoker hasta algo mucho más contemporáneo y realista como 500 días juntos. Desde Industrias del Cine, destacamos diez películas que consiguen despertar en nosotros ese cierto deseo de habitar el mundo que narran, ya sea debido a una increíble historia de boy meets girl o a una inevitable atracción sexual que trastoca el cuerpo y la mente.

10. La vida de Adèle (Abdellatif Kechiche, 2013)

Ganadora del Festival de Cannes en 2013, La vie d’Adèle será recordada, además de por la entregada interpretación de sus actrices, por contener algunas de las escenas de sexo más expresas y complejas de las últimas décadas: pura pasión y precisión. El film de Kechiche, no obstante, indaga también en la parte del querer, de ese amor que nace entre Adèle y Emma y que resulta para la protagonista su primera odisea homosexual, una historia aparentemente sencilla que desarma por su verismo (narrativo y formal, de cámara al hombro) y por una actriz novel arrebatadora pese a algún que otro exceso de naturalismo que, no obstante, resulta mucho más atractivo que cualquier aspaviento teatral (¡cómo come espaguetis!). Para aquellos que no la hayan descubierto aún, La vida de Adèle se encuentra en Filmin.

9. El graduado (Mike Nichols, 1967)

El graduado es, junto a Nymphomaniac, la oveja negra de esta selección de films si pensamos puramente en términos amorosos ya que, precisamente, es una película para no enamorarse y para permanecer siempre ojo avizor ante todas aquellas decisiones importantes que tomamos en la vida. Siempre recurrente y compleja es esa imagen final de la película en la que Dustin Hoffman y Katharine Ross cogen un bus que les llevará hacia una vida juntos después de que esta haya dejado plantado a su marido el día de su boda. Se cuenta que el director usó fragmentos en los que los actores pensaban que ya habían acabado la toma, por lo que el sutil cambio en su semblante refleja sobremanera la posible sensación de vértigo de los protagonistas tras haber reiniciado, de manera algo precipitada, su historia de amor.

La película, que le ocasionó a Nichols el Óscar al mejor director, cuenta con las míticas canciones de Simon y Garfunkel y con la también interesantísima trama de la Sra. Robinson, un referente aún usado hoy en día para referirnos a una mujer madura que conquista a un chico más joven. Aunque tiene más de 50 años, lo cierto es que El graduado ha envejecido muy, muy bien.

8. Soñadores (Bernardo Bertolucci, 2003)

Ambientado en las revueltas de mayo del 68, Soñadores narra la historia de una pareja de hermanos ricos que, jugando a ser bohemios (que también lo son), invitan a un estudiante estadounidense a su casa y le convierten en el compañero perfecto para sus aventuras. Con ese Il est interdit d’interdire (“prohibido prohibir”) más que presente, los jóvenes, Louis Garrel, Michael Pitt y Eva Green, se prestan a todo tipo de juegos (sobre todo sexuales, pero también cinéfilos) para sustentar aquellas intenciones revolucionarias que evoca la lucha que defienden. Altamente sugerente, en el film brillan Green y el terrible Garrel como promiscuos hermanos entregados al libre albedrío que no entiende de responsabilidades ni lazos de sangre. En la plataforma Filmin encontraréis Soñadores junto a varias películas más de Bernardo Bertolucci.

7. Orgullo y prejuicio (Joe Wright, 2005)

Uno de los clásicos románticos por excelencia de las últimas décadas: la adaptación fílmica de la novela homónima de Jane Austen. En Orgullo y prejuicio, no se necesita más que un suave apretón de manos para obtener la sensación de que ese gesto tiene la misma fuerza que un caudaloso río. Es fascinante la tensión entre Lizzie (Keira Knightley) y Mr. Darcy (Matthew Macfadyen), los protagonistas de esta cinta, quizás porque su relación se encuentra bajo el control de ese orgullo y ese prejuicio que ambos tienen contra el otro, lo que imposibilita que aflore la verdadera admiración que sienten. La reciente Mujercitas, de Greta Gerwig, podría ser la hermana pequeña y más alocada de la cinta de Wright, más serena y con personajes más maduros. No obstante, ambas dejan un poso similar en el espectador, que desde el inicio de la historia ha encontrado en los protagonistas a unos aliados con los que identificarse y sufrir.

6. Nymphomaniac (Vol. 1 y Vol. 2) (Lars von Trier, 2013)

Este manifiesto pretencioso contra el amor también tiene cabida en un 14 de febrero. El film del intenso Lars von Trier acoge la historia de Joe (Charlotte Gainsbourg), una mujer que ha dedicado toda su vida a la búsqueda del placer y que narra su historia a través de poéticas alegorías que va encontrando junto al lobo con piel de cordero que resulta el personaje de Stellan Skarsgard. Ambos volúmenes de Nymphomaniac son igual de ásperos y directos, haciendo del sexo un arma desesperada para el desfogue, que no tanto para el disfrute, y muestran un sinfín de imágenes totalmente explícitas sobre prácticas eróticas en los lugares y situaciones más dispares. Incomodando a la par que fascinando, algunos podrán sentirla como filosofía barata, pero lo cierto es que algo de grandeza hay en estos largometrajes del creador del Dogma 95 para que nos abandonemos a su juego. Las dos películas, junto a la versión larga del director, pueden encontrarse en Filmin.

5. Drácula (Francis Ford Coppola, 1992)

El director de El padrino conquistó a los académicos con esta exquisita y ambiciosa versión del Drácula de Bram Stoker que contó con un reparto estelar: Gary Oldman, Anthony Hopkins, Winona Ryder y Keanu Reeves. Una historia de amor y terror (magnífica mezcla en este caso) donde el deseo es un hambre que se mantiene a través de los siglos: “He cruzado océanos de tiempo para encontrarte”, dice el Conde (Oldman) a Mina (Ryder), la viva reencarnación de su esposa fallecida cuatrocientos años atrás.

Con una atmósfera totalmente embriagadora que toma los tonos rojizos de la sangre y el amanecer como un potente atributo y uso gran parte de las sombras de manera independiente a los cuerpos que estas siguen, el film resulta una obra altamente estimulante y sensorial donde las afiladas manos de Drácula parecen tocarnos y el deseo ataca nuestro cuerpo como le sucede a la protagonista, que siente una conexión especial con ese desconocido gentleman venido de los Cárpatos mientras su querido prometido envejece por momentos en un castillo de Transilvania.

4. 500 días juntos (Marc Webb, 2009)

Han pasado más de 10 años del estreno de 500 días juntos y aún sentimos que el film de Marc Webb es una bocanada de aire fresco dentro del género romántico donde reinan películas como El diario de Noah. Y es que, aunque es una historia sobre el amor, la cinta es más bien una historia de desamor donde los protagonistas no están destinados a acabar juntos (¡aleluya!).

La película cuenta el enamoramiento entre Tom (Joseph Gordon-Levitt) y Summer (Zooey Deschanel), dos compañeros de oficina que se gustan de manera casi inmediata a pesar de vivir el amor de maneras muy diversas: él es demasiado Romeo y ella muy poco Julieta. Alternando días de su convivencia y mostrando fragmentos dispares de su historia, descubrimos esta pequeña y sincera joya donde somos testigos del derrumbe de una aventura que, como no tantas otras, escapa del mito del happy ever after.

3. Love  (Gaspar Noe, 2016)

Mucho más sex que love en la penúltima película del argentino Gaspar Noé, donde la escena inicial, muy comentada en su día, muestra una prolongada masturbación que finaliza con una explícita eyaculación (filmada en 3D y que algunos pudieron apreciar en salas con esa tecnología). Así, es fácil pensar que la cinta es de esas que se encontraban tras las cortinas de colores en los videoclubs: un film pornográfico, vaya. Pero no es el caso aunque el sexo sea claramente uno de los protagonistas del largometraje. Love narra la historia entre Murphy y Electra, o lo que este recuerda de su relación: dependencia por doquier, sexo entregado y toxicidad a raudales. Un film bastante perturbador pese a la aparente banalidad de sus personajes que no deja de ser una propuesta interesante por parte del director de Climax y gozosa para el espectador.

2. Lady Macbeth (William Oldroyd, 2017)

Esta Lady Macbeth de la Inglaterra rural de 1865 es un claro ejemplo de cómo puede influir en nuestro comportamiento el despertar de una pasión cuando todo a nuestro alrededor es gris y castrante. Esta súbita agitación provocada por el affaire que la protagonista mantiene con un trabajador de su marido (un firme y sucio campesino ante un cónyuge yermo como la novela de Lorca) la vuelve más valiente y decidida para revelarse ante lo que se le impone: una vida de reclusión y sinsabores en una casa donde no tiene ningún aliado. No entraba en los planes de esta retorcida Lady Macbeth el obsesionarse con Sebastian, el mozo en cuestión, pero es a raíz de esa extraña conexión forjada en el lecho, que la protagonista se transforma en toda una villana capaz de cometer horribles crímenes para ser la dueña y señora de esa casa ajena.

Aunque a veces parezca una adolescente millenial y sus respuestas puedan no encajar del todo el ambiente del film, el feroz personaje de Florence Pugh consigue dejar boquiabierto al espectador con los estragos que la pasión de la carne deja en ella. Podéis disfrutarla en Filmin.

1. Call me by your name  (Luca Guadagnino, 2017)

El libertino verano de ocio y arte que muestra la película de Guadagnino es largo, placentero y cautivante como debe ser, imaginamos, poder llegar a tocar una escultura milenaria que, como si de una revelación se tratara, vemos emerger del fondo del mar. Call me by your name y la historia de amor que en el film se retrata es una experiencia fascinante que nos hace notar como un dolor los pequeños placeres de la vida. ¿Quién no querría beber esos vasos de zumo de albaricoque o bañarse, mientras pasas las páginas de un libro pulgoso, en el estanque de la casa de verano en el norte de Italia que muestra la película? Y si esta historia se encuentra en este artículo es porque tan fascinante es la ambientación como la pasión entre los dos protagonistas: Elio y Oliver, que si bien aquí es latente, lo es aún más en el libro original de André Aciman, donde los pensamientos de Elio no hacen más que intentar salirse del papel en el que los han confinado.

El film protagonizado por Timothée Chalamet y Armie Hammer sirve para rememorar aquellas historias que podrían haber sucedido y (aún) no lo han hecho y para recrearse como un adolescente en la excitación y la pena que eso supone. “Llámame por tu nombre y yo te llamaré por el mío”. Podéis encontrar el film en Netflix.

Claudia Guillén
Acerca de Claudia Guillén 22 Articles
Graduada en Publicidad y Relaciones Públicas por la Universidad Pompeu Fabra y Máster en Film Business por la ESCAC. También cursé Historia de Cine y Crítica cinematográfica en La Casa del Cine. Después de pasar por algunas agencias de comunicación y adquirir experiencia en el sector de la distribución de cine, trabajo en una plataforma digital (ojalá que la fuerza cinéfila me acompañe durante mucho tiempo). En mis ratos libres leo con bastante avidez, hago mercadillos de segunda mano y busco películas españolas curiosas por los Encantes de Barcelona.

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