MANU YÁÑEZ: “La ambigüedad no está de moda y, a mí, es lo que más me interesa”

Manu Yáñez (Santiago de Chile, 1980) es un crítico exquisito, un escritor apasionado, un entusiasta de las imágenes y sus mensajes ocultos y un siempre curioso interlocutor. Le definimos así a sabiendas de que el también crítico Manny Farber, quien confesaba poder pasarse días en busca del adjetivo perfecto tal y como nos descubre Yáñez en esta entrevista, lo habría hecho, seguramente, de manera algo más concisa. Colaborador en numerosas publicaciones, Manu Yáñez dirige, desde 2015, su propio medio: Otros cines Europa, un lugar desde donde da voz a un cine más independiente.

En muchas ocasiones, los “idilios” con el cine parecen empezar cuando somos pequeños. ¿Fue así para ti?

Totalmente. Creo que la gran mayoría de la gente que nos dedicamos al cine de una manera u otra es porque hemos tenido ese intenso affaire inicial que suele ocurrir en la infancia y que no tiene nada que ver con los procesos analíticos que luego ponemos en marcha cuando sofisticamos nuestra mirada. En mi caso, es muy evidente que mi pasión por el cine surgió de mi madre, quien era muy cinéfila y ya desde muy pequeño me llevaba al cine de manera regular a ver películas más indicadas para adultos. Recuerdo que, con 12 o 13 años, vi un ciclo de películas duras de Woody Allen; no la parte más cómica de los arranques, sino films como Otra mujer, Días de radio… De repente, descubrí todo un universo: que el cine no era solo entretenimiento. Como entretenimiento recuerdo Jurassic Park, un impacto bestial (creo que Spielberg era mi ídolo de infancia), E.T., Encuentros en la tercera fase… Era cine de divertimento, pero que dejaba entrever una cierta personalidad. Recuerdo que, ya desde muy pequeño, me guiaba por el grueso de las películas a través de las figuras de los directores y no tanto por los actores, que quizás es el primer paso.

¿Leías revistas de cine por aquel entonces?

Recuerdo con 7 u 8 años comprarme algún Fotogramas, pero desde bastante pequeño me empezó a interesar más Dirigido por…; tendría unos 13 años cuando me suscribí a la revista y no entendía ni la mitad de los textos, pero ya me interesaba una reflexión que trascendiera el ámbito de lo puramente informativo y que fuera algo un poco más analítico.

Tus estudios universitarios se fueron por otra rama, estudiaste una ingeniería.

El factor clave aquí es que nunca sentí interés por hacer películas y jamás imaginé que el hecho de verlas pudiera ser una profesión. Me dejé llevar por lo que se me daba bien e hice ingeniería industrial, pero cuando iba por segundo o tercero sentí un fuerte desencantamiento y, de una forma muy natural, muy poco premeditada, volví al cine de manera obsesiva. Tuve la suerte de que en la facultad estudiaba un chico, Jorge Mauro de Pedro, que escribía en la web Miradas de cine y, a través de él, entré en contacto con ellos y empecé a escribir de forma compulsiva. Dentro de ese camino hacia la crítica de cine tuvieron importancia diferentes factores: algunos blogs de internet me sirvieron de educación, otras personas que conocí a través de esos blogs me fueron guiando y, una vez entras en ese camino y te sientes apasionado por él, es muy difícil dar marcha atrás. Empecé a hacer lecturas sobre mis grandes referentes críticos como André Bazin, Noël Burch o José Luis Guarner y descubrí con mucho apasionamiento el mundo de los festivales de cine. Empecé a ingeniármelas para asistir a los Festivales de Cannes y Venecia cuando todavía no me dedicaba profesionalmente a la crítica y todos esos viajes y personas que fui conociendo (no por interés profesional sino por puro fanatismo y cierta mitomanía respecto a los críticos a los que admiraba) fueron clave en mi acceso a la profesión.

“Hasta cierto punto, me empezó a apasionar más la crítica que el cine”

En ese momento, ¿ya intuías que tenías algo que decir como crítico?

No meditaba sobre esa cuestión. Me guiaba un deseo profundo (más que una confianza), de habitar el universo de la crítica de cine. Pronto empecé a tener claro, y esto es, quizás, lo más sorprendente y mínimamente diferencial, que lo que me interesaba era la crítica de cine y, hasta cierto punto, me empezó a apasionar más la crítica que el cine. Recuerdo ir a mi primer festival de Cannes y que la mayor emoción no fuera ver, por ejemplo, el estreno mundial de obras de Weerasethakul o Martel; la emoción era estar en las mismas salas que J. Hoberman o Kent Jones, esos críticos que eran para mí los dioses de este universo creativo. Mi convicción fue la de invertir en potenciar mi escritura ya que no solo se trataba de ver películas, sino de leer e intentar mejorar la sofisticación de mi análisis.

¿Sobre si tenía algo que aportar? No lo sé. Sí sé que de una manera bastante temeraria, como se suelen hacer las cosas al principio, empecé a escribir utilizando mucho la primera persona del singular, algo que ahora me da mucho apuro hacer, pero ya tenía una necesidad de expresión personal. Además, es muy determinante que, en esa época, había una serie de películas que circulaban por festivales que no llegaban al público, por lo que ese impulso de ir a festivales internacionales, ver pelis y escribir sobre ellas era una sensación de ser un pionero al tratar films de los que casi nadie hablaba.

Actualmente, colaboras en numerosos medios: Fotogramas, el Diari Ara, Film comment, Rockdelux… ¿Qué papel tiene Otros cines Europa, medio que diriges, entre todos ellos?

Otros cines Europa surge en 2015 cuando algunos trabajos que me garantizaban cierta estabilidad económica se terminaron y se me abrió una pequeña ventana de tiempo. Pensaba que lo que estaba haciendo Diego Batlle en Otros cines Latinoamérica, donde yo colaboraba escribiendo una columna sobre festivales europeos, no se estaba haciendo aquí y me interesaron diferentes cuestiones como el poder dar voz informativa a un sector que no es el protagonista en los grandes medios: el cine independiente. Era un momento en el que ya se empezaba a hablar del “otro cine español” y donde se estaba produciendo un cambio: la gente que tenía interés podía lanzarse a hacer películas más baratas y esto, desde medios más masivos, no se cubría.

“Creé ‘Otros cines Europa’ para dar voz informativa a un sector que no es el protagonista en los grandes medios: el cine independiente.”

Cuando Albert Serra presentó Honor de caballería en la quincena de realizadores de Cannes, nadie había oído hablar de él. Nadie. Él hace la peli con sus amigos en Banyoles, envía un DVD a la quincena de realizadores y se la pillan. Eso era impensable una década antes, cuando para hacer una película necesitabas un sostén financiero y era casi imposible autoproducir películas. Noté que esto estaba en auge y que podía ser interesante construir un medio que diese voz, tanto informativa como crítica, a ese ámbito de la producción de cine.

Y, aparte de que hubiese, efectivamente, un hueco en el mercado para Otros cines Europa, ¿puede ser también que te atraen más esos “otros cines”?

Eso es curioso porque a mí me interesa escribir sobre casi cualquier cosa. En Venecia he tenido la oportunidad de escribir sobre Joker o Ad astra y ha sido super emocionante, no me imagino películas más autorales que esas. Cada vez me gusta más escribir y cada vez soy más autoexigente y perfeccionista, pero al mismo tiempo más entusiasta con la idea de escribir. Sobre la pregunta que me haces, no lo tengo del todo claro, pero sí tengo la sensación de que siempre me ha interesado la idea de lo autoral. Como te decía antes, hasta en el cine comercial siempre he tenido muy presente que había un creador detrás y me interesaba la idea de ese creador expresando una propia visión del mundo. Esto es lo que, en los años 50, empezaron a decir los padres de la teoría del autor (André Bazin, los críticos de Cahiers du cinéma…), que es lo que ha marcado a fuego todo el pensamiento analítico de los últimos 50 años.

“Me interesa la idea de la creación autoral y en ella caben un espectro amplísimo de películas”

Recuerdo muy bien que las primeras críticas que escribí para Miradas de cine fueron sobre El principio de la incertidumbre, de Manoel de Oliveira, y sobre Embriagado de amor, de Paul Thomas Anderson. En el primero tienes a un autor europeo con una personalidad fuertísima y un cine totalmente desmarcado de las corrientes mayoritarias del cine mainstream, pero también me interesaba mucho el segundo en esa película bastante radical en el contexto del cine americano. Diría que más que la idea del “otro cine”, me interesa la idea de la creación autoral y en ella cabe un espectro amplísimo de películas, aunque es verdad que en las propuestas de cine más radical se manifiesta de manera muy clara esa voluntad autoral. También pasa que en diferentes épocas de mi vida, me he ido decantando más por un cine o por el otro. En mis primeros años en Fotogramas me volqué con el cine comercial porque, de repente, vi una oportunidad que quería reforzar y mejorar en mi visión de ese cine. En 2010, sin embargo, cuando viajé a Nueva York y estuve medio año haciendo un proyecto de investigación dentro de la revista Film comment, volví totalmente a la idea del análisis y al ser esta una revista súper ecléctica, mis gustos se volvieron a dispersar. Y es cierto que los últimos años desde que fundé Otros cines Europa han estado marcados por un interés por el cine más independiente.

En 2012 publicas La mirada americana: 50 años de Film comment, que recoge los mejores artículos de esta revista afincada en Nueva York desde su creación en 1962. ¿Cómo fue esa experiencia como profesional y amante del cine y la crítica?

Este proyecto surge porque me enamoré de la revista Film comment a mediados de la década de los 2000. En 2007 0 2008, por un golpe absurdo y fantástico del destino empiezo a colaborar con ellos de manera muy puntual y decido con mi pareja pasar medio año en Nueva York en 2010. Estando allí, les propongo hacer algún tipo de colaboración y tuve la idea de hacer un proyecto de investigación y revisar todos los números de la revista desde el año 62. Esa ha sido la mayor escuela que he tenido como crítico, esos meses leyendo de manera ingente textos y textos de, para mí, los mejores críticos americanos de la historia: Manny Farber, Kent Jones, Jonathan Rosenbaum, Andrew Sarris, Amy Taubin…

De aquello surge un primer resultado, 300 artículos que yo elaboro como compendio de lo mejor de los 50 años de la revista y que me llevo escaneados de allí. Después, en un viaje al Festival de Las Palmas, lo comenté con el crítico español Antonio Weinrichter y pensó que podía convertirse en un libro. Creo que reuní 52 artículos de los 300 que había seleccionado inicialmente y en la edición de 2012 del Festival de Las Palmas sacamos el libro, que es un resumen de todo ese proyecto. Primero leí todos los números de Film comment desde el año 62 y, después, llegó el trabajo de traducir los textos, que fue apasionante y significó entrar muy en detalle en los métodos de escritura y los mecanismos analíticos de los críticos de Film comment. Todo ese proceso cambió mi manera de ver la crítica y el nivel de autoexigencia no solo de escribir, sino de jugar con el lenguaje para sacarle todo el partido a la hora de intentar describir con la mayor precisión posible cómo funcionan las películas. Creo que una de las cosas que está en la filosofía de Film comment desde sus inicios es el compromiso con las imágenes de los films; no solo con el cine en su conjunto, sino con cada imagen de cada una de las películas con las que se trabaja.

En general, tu trabajo es a través de las palabras escritas, pero hace unas temporadas que empezaste un podcast junto a Víctor Esquirol. Siendo tan perfeccionista con el lenguaje, ¿cómo llevas el hecho de no poder ‘borrar’ lo ya dicho?

Son formatos diferentes y debo decir que en el podcast de Otros cines Europa que hacemos Víctor Esquirol y yo nos pensamos mucho lo que decimos. Aunque los hacemos cada día durante los festivales de Cannes y Venecia (lo que implica que dormimos muy poco), nuestros podcasts son una charla sosegada y podemos estar 50 minutos hablando de dos películas que queremos resaltar ese día. Nos lo pasamos muy bien, hay un punto lúdico en lo que decimos, pero no hacemos payasadas; tenemos muy claro que lo que nos interesa es explorar el cine de manera analítica. Muchas veces, cuando estoy haciendo el podcast, siento que lo que escribiría sobre esa película que estoy comentando no es tan distinto a lo que estoy diciendo. En ese sentido, creo que la propuesta que hacemos es diferente al tratamiento del cine que se hace en la mayoría de programas de radio o de medios masivos, donde el tono es más ligero quizás con el deseo de abarcar a un público muy amplio. No están pensados estrictamente para el cinéfilo, están pensados para cualquier oyente. Mi madre los podría disfrutar mucho. En cambio, nuestra propuesta no es generalista y somos muy conscientes de que también eso hace que se reduzca de manera infinita su posible nicho. Al mismo tiempo, el feedback es muy positivo porque la gente a la que realmente le interesa lo que hacemos encuentra algo que no hay en otros sitios.

“Ahora es impensable vivir de publicar solo en un medio”

Pese a tantos proyectos, has encontrado espacio para dedicarte a la docencia.

Sí, y con este repaso queda muy claro la cantidad de frentes abiertos que debes tener para sobrevivir hoy en día como periodista y crítico de cine. Ahora es impensable vivir de publicar solo en un medio, y más cuando las redacciones de las revistas, y los medios en general, se están reduciendo porque se cuenta más con colaboradores externos. En ese sentido soy freelance, trabajo para muchos medios y disfruto con cada uno de ellos ya que me ofrecen posibilidades totalmente diferentes. Si no trabajara para Fotogramas, no habría podido entrevistar, seguramente, a muchos actores y directores a los que admiro, pero si no tuviera Otros cines Europa, no me permitiría a mí mismo dedicar tanto tiempo a películas tan minoritarias.

El mundo de la docencia sobre cine suele ser bidireccional. ¿Qué aportas a los alumnos y qué te aportan a ti?

Me encanta dar clases y cada vez disfruto más la interacción con los alumnos. Casi todas las clases que doy están planteadas a partir de una interacción buscadamente fructífera con los estudiantes y están marcadas por la transmisión de un método de análisis muy basado en el compromiso con las imágenes y con las mecánicas interiores del cine. En ESCAC, doy una asignatura de análisis fílmico que se basa en analizar secuencias que trabajo junto a los alumnos y, en La Casa del Cine, doy un taller de crítica que se basa en el trabajo en torno a los textos que elaboran los alumnos. Siempre hay un feedback, una comunicación permanente que me resulta muy fructífera: aprendo un montón.

Hace dos semanas, empecé las clases de ESCAC y en el arranque de la primera clase planteé hasta dónde se podía ampliar el concepto de puesta en escena, que sobre el papel es algo que está muy vinculado al posicionamiento de los elementos en el espacio escénico. Yo propuse ampliar esa noción de puesta en escena al sonido y a otros ámbitos de la creación cinematográfica, y de repente una alumna me dijo “La manera que tiene el espectador de recibir una película y cómo eso interactúa con los condicionamientos sociales que marcan al espectador en esos momentos, ¿no tiene un impacto también en la forma en la que el espectador percibe la puesta en escena?” No le pude decir que no, es una idea buenísima. ¡Nunca se me había ocurrido eso! No lo había pensado y es algo con lo que me quedo ahora.

Como escritor, da la impresión de que siempre usas los términos adecuados, justos. Que no aceptas un adjetivo sino es el certero. ¿Es así?

Eso es totalmente así y se me está yendo de madre porque va a más. La cantidad de veces que consulto el diccionario en cada frase que escribo va in crescendo. No sé si es necesariamente bueno, pero cada vez me obsesiona más ser preciso y ser comprensible en el planteamiento de mis reflexiones. No estoy seguro de si es porque me molesta cuando no entiendo algo que estoy leyendo, pero sí debo admitir que me resulta muy reconfortante y disfrutable leer a alguien que está escribiendo con precisión o escuchar a alguien que habla con conocimiento de causa y elegancia en el uso de los términos adecuados. Por ello, intento hacerlo también.

Me preguntaba si es algo muy meditado o te sale solo.

No, es algo en lo que tengo que trabajar mucho. Sí pienso que hay una base que uno va mejorando con los años y que, en principio, a medida que va escribiendo va enriqueciendo su estilo. En mi caso, llegó un punto en el que, muy marcado por ese viaje a Nueva York y por el trabajo de traducción de los textos de Film comment, empecé a ser mucho más obsesivo en la búsqueda de la palabra perfecta para expresar lo que quiero decir. Mi crítico favorito de la historia, Manny Farber, explicaba en entrevistas que se podía pasar dos o tres días buscando el adjetivo para una frase. Eso me parece admirable.

“Creo que es una obligación del crítico poner en relación la película que está analizando con el conjunto del cine que se hace ahora y en el pasado”

¿Tu estilo siempre ha sido igual?

No, he pasado épocas muy distintas y eso ha estado marcado por los momentos donde he sentido o he descubierto a diferentes maestros. Siempre me ha interesado mucho buscar referencias, creo que es una obligación del crítico poner en relación la película que está analizando con el conjunto del cine que se hace ahora y en el pasado, pero sí es verdad que, en un primer momento, me interesó más el concepto de “crítica teórica”, que es la idea de pensar las películas casi como síntomas de tendencias que cruzan todo el ámbito del cine contemporáneo o histórico. Hay críticos que son maestros en eso, muchos franceses pero también Ángel Quintana o Carlos Losilla son unos grandes en esa forma de pensar. Eso me cautivó muchísimo durante mucho tiempo (y lo sigue haciendo), pero diría que a partir del viaje a Nueva York, me empezó a interesar cada vez más la idea de intentar dar cuenta de lo que está pasando en las imágenes y revelar algo que haya detrás de ellas.

Manu Yáñez junto al director Spike Lee.

¿Podría ser un ejemplo lo que escribiste sobre Joker en Fotogramas? Cuando el protagonista se cuela en un cine donde proyectan Tiempos modernos, de Chaplin, y tú lo relacionas con la repetición de “la opresión del individuo a manos de un sistema alienante”.

Sí, la idea de lo que estás comentando es que en un pequeño detalle puedes encontrar elementos clave que te ayudan a explicar el conjunto del film. Una idea interesante en esto es la idea del microanálisis. Tal y como lo planteó Santos Zunzunegui en su libro La mirada cercana, el microanálisis es esa atención al más mínimo detalle en la puesta en escena que pueda revelarte algo del conjunto de la película, su género, su época… O que te ayude a entender toda la historia del cine. Esa forma de análisis es algo que me interesa mucho: estar atento a los pequeños detalles que, de repente, ocurren en una escena y pueden resultar ilustrativos de cómo está operando la mente del cineasta. Es muy bonito el hecho de que puedan llegar a ser muy importantes cuestiones que, a primera vista, podrían parecer fallos o desajustes. Me atrae cuando hay una especie de ruptura, cuando parece que algo no acaba de funcionar y, muchas veces, esos aparentes fallos revelan algo crucial de la personalidad del cineasta o de los mecanismos que pululan por el interior de la peli.

Tus textos suelen ser prudentes y respetuosos aunque resaltes aspectos desfavorables de una película. ¿Lo sientes así?

La cuestión de la valoración de las películas cada vez me parece algo menos cautivador ya que cada vez me interesa más entenderlas y no tanto juzgarlas. Manny Farber, en las últimas entrevistas que dio, explicó que lo de juzgar y valorar las películas ya no le interesaba nada. A mí todavía me interesa utilizar el análisis para jerarquizar y abogar por un tipo de cine por encima de otro, pero siento que no es algo central en mi trabajo. Cada vez me interesa más ser preciso y, en el mejor de los casos, revelador sobre cuestiones que están pasando en las películas.

“No es un interés primordial para mí convencer a una persona de que una película es buena o mala”

Tengo la impresión de que siempre diferencias entre “A mí me gusta” y “A mí me interesa”, inclinándote por la segunda opción. ¿Por qué?

Cuando doy clase no me gusta sentar cátedra y temo que mis opiniones puedan verse como reglas fijas o puedan ser percibidas como anatemas por parte del estudiante. En clase, lo que más me interesa es intentar abrir la mente de la persona que tengo delante y no cerrarle puertas; si de repente le digo que algo no me gusta, quizás esa persona lo puede recibir como una especie de mandato, cuando no es así. No es un interés primordial para mí convencer a una persona de que una película es buena o mala. Mi interés principal es ayudar a que esa persona entienda lo que está viendo y pueda, según sus propios gustos, desarrollar su propia opinión con conocimiento de causa. Seguramente, charlando con amigos expreso más la idea de lo que me gusta o no me gusta, pero cuando estoy dando clase intento no ser demasiado tajante en la expresión de mis gustos personales, algo que me parece bastante secundario.

Cuando escribes, ¿dirías que sí destacas más tus gustos personales? ¿No te importa dejarlos entrever?

Me importa menos. Cuando escribo tiendo a expresar un poco más mis opiniones pero, como te digo, cada vez creo que lo hago menos. Cuestión que no deja de ser delicada porque vivimos un momento en el que la idea de la opinión, sobre todo las opiniones extremas, muy polarizadas, son lo que más vende en redes sociales. Cuando tuiteo algo muy efusivo o muy peyorativo en favor de una película, detecto que tiene mucha más repercusión que un tuit que sea reflexivo o más ambiguo. La ambigüedad no está de moda y, a mí, es lo que más me interesa.

“Las opiniones extremas, muy polarizadas, son lo que más vende en redes sociales”

En tu trabajo tienes la oportunidad de entrevistar a personas importantes de la industria. ¿Cuál ha sido la última de ellas?

Este fin de semana he entrevistado a Willem Dafoe, a quien ya entrevisté  en Venecia 2017 por Van Gogh, a las puertas de la eternidad, por El faro. Ha sido una experiencia maravillosa: se acordaba de mí, de que habíamos tenido una buena charla y estaba muy abierto. Viví un momento colosal. Hay momentos en la vida en los que sientes que estás viviendo un momento único y este pasado domingo fue uno de ellos. Mientras le entrevistaba por su nueva película, donde interpreta a un viejo lobo de mar brusco y huraño, le hice una pregunta muy precisa sobre cómo trabaja ciertas escenas y, de repente, estando a un metro y medio de distancia, se puso a actuar durante medio minuto. Muy agresivo, además. Movió una silla y casi la tira al suelo. ¡Se me puso la piel de gallina! De repente, estaba en una habitación con Willem Dafoe actuando para mí. Fue increíble.

¿Se consigue sacar juego de esos encuentros como en ese caso o en general te encuentras con discursos muy preparados?

Te encuentras con todo tipo de personas, pero tengo casi la certeza de que las malas entrevistas son tanto responsabilidad del entrevistado como del entrevistador. Si quieres sacar algo profundo del entrevistado, debes buscar una estrategia para poder acceder a esos espacios de reflexión. En mis entrevistas, donde la idea es conseguir extraer el máximo de información del entrevistado de diferentes ámbitos, sobre todo de su trabajo, creo que el entrevistador tiene mucho margen para poder acceder a esos espacios de interés. Para mí, Willem Dafoe es el entrevistado soñado: una persona que lleva 40 años como actor y que ha meditado mucho sobre su trabajo. Si le entrevistas es muy difícil que, aunque solo tengas 10 minutos, no saques algo de interés. Una pregunta como “¿Qué tal es trabajar con Robert Pattinson?”, que habrá respondido varias veces ya, puedes cambiarla diciendo que en la película se perciben dos modelos de interpretación: uno, el de Willem Dafoe, más sólido y grave, y otro, el de Pattinson, más fluido y abierto a los cambios de registro. Entonces, hacerle la pregunta: “¿Estos dos modelos que yo percibo, se deben a dos escuelas de interpretación? ¿Qué hay ahí?” Esa fue la pregunta que yo le hice y estuvo 10 minutos hablándome y explicándome cosas interesantísimas sobre cómo veía él a Pattinson como actor, qué cosas pensaba que eran características de un actor que lleva pocos años actuando y que está accediendo a territorios de la interpretación muy complejos… Hay margen de maniobra.

“Si quieres sacar algo profundo del entrevistado, debes buscar una estrategia para poder acceder a esos espacios de reflexión”

¿Qué cualidades valoras más en este oficio?

Me interesa que haya una visión analítica que no se quede en la superficie y que no trate puramente elementos temáticos del cine, que haya un genuino interés por explorar la forma y los mecanismos internos de las películas. Por otra parte, valoro a la gente que tiene ideas originales. Me importa mucho más que una persona me aporte una visión original a que la persona comparta mis gustos. Con Sergi Sánchez, quien para mí es el mejor crítico español de hoy en día y quien, además, es mi amigo, tenemos opiniones muy diferentes en muchos ámbitos del cine y es muy habitual que no estemos de acuerdo en nuestras películas favoritas. Te diría que es casi una norma que no estemos de acuerdo, pero para mí es el mejor crítico porque siempre me aporta ideas interesantísimas y me hace ver cosas que yo no he visto en los films. Me revela qué hay en las imágenes, cómo dialogan las imágenes con la personalidad de sus creadores y el lenguaje del cine.

En mi última pregunta me gustaría saber qué opinas sobre el cine español actual.

Como en todo el mundo, hoy se hace más cine que nunca, lo que hace que se hagan muchas películas interesantes. En mi top 10 de películas de este año habrán dos películas españolas seguro: Dolor y gloria y Liberté, de Albert Serra. ¡Es mucho! Creo que esto habla mucho del cine español y de su diversidad porque la película de Almodóvar no tiene nada que ver con la de Serra más allá de que ambas son películas de autor que reflejan la fuerte personalidad de sus creadores y de que son films hechos con plena libertad que no deben casi nada a las corrientes del cine actual. Pienso que este año ha sido especialmente interesante. También está O que arde, de Oliver Laxe, Carelia: Internacional con monumento, de Andrés Duque… No estuve en San Sebastián, con lo cual aún no he podido ver Mientras dure la guerra o La trinchera infinita, pero pienso que es un muy buen momento para el cine español.

Claudia Guillén
Acerca de Claudia Guillén 10 Articles
Graduada en Publicidad y Relaciones Públicas por la Universidad Pompeu Fabra y Máster en Film Business por la ESCAC. También estudié un curso sobre Historia de Cine y Crítica cinematográfica en La Casa del Cine. Después de pasar por algunas agencias de comunicación, me encuentro iniciándome en el mundo de la distribución (ojalá que la fuerza cinéfila me acompañe durante mucho tiempo). En mis ratos libres leo con bastante avidez, hago mercadillos de segunda mano y busco películas españolas curiosas por los Encantes de Barcelona.

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