Los nueve grandes errores de los Oscar en el siglo XXI

Equivocarse es humano, todos podemos cometer un error. Lo hacemos todos, incluso los que, se supone, más saben de algo. Esta semana Jennifer Lawrence comentaba en una entrevista que solo había podido aguantar tres minutos de El hilo invisible, la película de Paul Thomas Anderson alabada por la crítica y nominada a seis premios Oscar. Ella es académica y vota, y es incapaz de ver una de las nueve películas nominadas entera.

Este es un ejemplo, pero explica muy bien el porque la Academia de Hollywood se ha equivocado tantas veces, a mi juicio y al de muchas otras personas aficionadas al cine.

A pocas horas de conocer los ganadores de la 90ª edición de los Premios Oscar, queremos repasar los más grandes errores que han perpetrado estos siempre polémicos premios en lo que llevamos de siglo XXI:

Una mente maravillosa: mejor película y mejor dirección

Debería haber ganado: Moulin Rouge y David Lynch.

¿Por qué? A Hollywood siempre le han gustado los biopics, esas películas que representan a personajes ejemplares, en lo profesional o en lo personal, que deberían marcar nuestros hábitos de comportamiento e inspirarnos a conseguir nuestros objetivos a pesar de las dificultades que la vida nos plantea. Muy bien hasta ahí. Cada año se cuela uno o dos biopics entre las nominadas a mejor película. Y sus interpretaciones son muy premiables. En este nuevo siglo, nueve actores han ganado el Oscar por interpretar a un personaje real (y el Churchill de Oldman está a la vuelta de la esquina). En mejor actriz han sido siete, en mejor actriz de reparto seis y en mejor actor de reparto cinco.

Una mente maravillosa es una buena película, sólida y eficaz, con momentos deslumbrantes y otros más discutibles. Aún así, no es una gran película, como deberían ser siempre las ganadores del Oscar. Frente a ella perdió una película revolucionaria: Moulin Rouge. El musical volvía a la primera línea después de muchos años, con este pastiche posmoderno dirigido por Baz Luhrmann, una de las grandes ausencias en las nominaciones de aquel año. ¿Qué decir de esta película que no se haya dicho ya? Es un referente cinematográfico, cultural y pop que marcó tendencias que hoy día todavía resuenan, y convirtió en Nicole Kidman en la mayor estrella del cine del momento. Moulin Rouge es, con todos sus muchos defectos, espectacular.

En la categoría de mejor dirección, Ron Howard se hizo con el Oscar por su mejor trabajo hasta la fecha. Lo bueno de Howard es que es uno de esos directores que no se creen mejor que otros. Es un trabajador incansable, muy eficaz y fiable. Pero no es un maestro, es un artesano a quien cualquier productor puede confiar una película, sabiendo eso sí, que tampoco te firmará una obra maestra. Con Howard la Academia premiaba a tantos y tantos directores como él. Por suerte, entre todos los artesanos, fueron a premiar seguramente al mejor. El problema es cuando uno ve la competencia que tenía ese año. Además de un esforzado Peter Jackson, que presentaba el primer trozo de su película de nueve horas, competían tres titanes de la dirección como son Robert Altman (que fue recompensado con un Oscar Honorífico poco después y antes de morir), Ridley Scott y David Lynch, que aún esperan su reconocimiento. Lynch presentaba la que era la mejor película del año, Mullholand Drive, y como suele ser costumbre en los Oscar, no competía como mejor película. Premiar a Lynch era premiar a uno de los autores de más trascendencia de la historia reciente del cine, con una película, además referencial, su obra maestra.

El señor de los anillos: el retorno del Rey: mejor película y mejor dirección

Debería haber ganado: Lost in Translation y Sofia Coppola.

¿Por qué? Para empezar debo decir que El retorno del Rey no me parece una película, si no un trozo de otra. Narrativamente no tiene ningún sentido verla si antes no has visto dos películas anteriores, y premiar una película que para entenderla debes haberte tragado 360 minutos me parece una estupidez. No estoy en contra de las sagas, pero por favor, que cada una de las películas que la conformen sean autoconclusivas. Si la Academia no se atrevió a premiar Star Wars: una nueva esperanza o Star Wars: el retorno del Jedi, infinitamente mejores en todo, ¿porqué decidió recompensar de manera desproporcionada a esta otra saga?

Además, de las tres partes que conforman El señor de los anillos, El retorno del Rey es la más aburrida, menos sorprendente y menos brillante. Está claro que la trología de películas basadas en los libros de Tolkien forman parte de la historia del cine, pero no necesariamente deberían haber formado parte de la historia de los Oscar, siendo El retorno del rey, con once estatuillas, la película más premiada en la historia de los premios junto con Ben-Hur y Titanic. Además la trilogía entera suma diecisiete estatuillas. No discutiré las técnicas, pero repito, tantas me parecen excesivas.

En frente, nos encontrábamos con una película que representa todo lo contrario. Mientras la trilogía tenía un presupuesto de 281 millones de dólares, Lost in translation solo cuatro. Y con solo cuatro, es mucho más emocionante, humana y punzante. Sofia Coppola, que entonces solo contaba con 31 años, ganó el Oscar al mejor guion original, por una película que retrata la soledad de dos personas en una ciudad extranjera y desconocida; de dos personas que lo pueden ser todo, y no son nada. Lost in translation, por muchas razones, es una de las mejores película del siglo XXI que retratan la alienación del ser humano en un mundo hipercomunicado.

Pero la Academia finalmente decidió premiar una película que hizo rica a muchas personas de la industria: actores, técnicos, distribuidores, productores, exhibidores, publicistas… así que quisieron devolverle el favor.

Crash: mejor película

Debería haber ganado: Brokeback Mountain.

¿Por qué? La primera gran sorpresa que nos dejaron los Oscar en el nuevo milenio fue cuando Jack Nicholson, muy sorprendido, anunciaba que la mejor película de 2005 era Crash, una película notable y emocionante, que se había estrenado hace un año y cuyo paso por los premios precursores fue bastante discreto. Ni siquiera estuvo nominada al Globo de Oro a la mejor película, aunque sí ganó el SAG al mejor reparto.

Pero si por algo será recordada esta película es por quitarle uno de los Oscar más cantados a una de las películas más recordadas de la década: Brokeback Mountain. La película de Ang Lee, que ganó tres premios de la Academia, llegó a la ceremonia como favorita absoluta en un año en el que había ganado todos los premios: el Globo de Oro, el BAFTA, el Critic’s Choice, el Independent Spirit Award, el PGA, la crítica de Nueva York, la crítica de Los Ángeles y el National Board of Review. Y además, el León de Oro del Festival de Venecia. La industria, la crítica y el público sucumbieron a la película. Con un presupuesto de 14 millones de dólares, recaudó en todo el mundo 178 millones. Por primera vez la industria de Hollywood abría sus puertas a hablar de una historia que trataba, con dignidad, el amor entre dos hombres. Ambientada en los años 60 y dirigida por el taiwanés Ang Lee, narraba como dos vaqueros, Ennis del Mar y Jack Twist, se enamoraban durante el verano, solos en la montaña. Una vez acabada la estación, ambos volvían a sus vidas, se casaban y hacían todo lo que la sociedad esperaba de ellos. Pero el amor no se apagó mientras vivieron. Además, y lo más importante, Brokeback Mountain es una extraordinaria película.

La película era la más nominada de aquella edición, con ocho menciones y una ausencia que no parecía presagiar lo que después pasaría, pero que era significativa. Se quedó fuera en mejor montaje, una condición casi tan indispensable para ganar el Oscar como estar nominada a mejor dirección y guion (aunque siempre hay excepciones, como después demostraron Argo y Birdman).

Un año después de atreverse la academia a premiar una película sobre la eutanasia, como Million Dollar Baby, era exigir demasiado a los académicos premiaran al año siguiente un romance homosexual. Además, por entonces, la academia estaba formada mayoritariamente por hombres de raza blanca, mayores de sesenta años y bastante conservadores (como Clint Eastwood). Les era mucho más fácil votar una película como Crash, efectiva y con muy buenas intenciones, que narraba de manera coral historias donde se cruzaban personajes de diferentes razas y clases sociales que conviven en la ciudad de Los Ángeles.

Sandra Bullock: mejor actriz por The Blind Side

Debería haber ganado: Carey Mulligan por An education.

¿Por qué? “Sandra Bullock tiene un Oscar” es una frase que podemos decir desde hace ocho años. Aunque me parecen fantásticas las reconversiones de intérpretes más o menos comerciales, es decir estrellas, a actores de prestigio, algo así como hizo Matthew McConaughey, lo cierto es que el papel de Bullock no merecía ni de lejos el Oscar. Una interpretación correcta en una película con muy buenas intenciones pero bastante mediocre, que de no ser por la presencia de Bullock, seguramente ni tan sólo se hubiese estrenado en muchos países y hubiese ido a parar al sitio que merecía, a la sobremesa del domingo de alguna televisión privada.

2009 fue un año especialmente flojo en la categoría de mejor actriz, pero competía una joven desconocida que merecía un premio que, seguramente, no ganó porque “es demasiado joven y además es inglesa” o “nadie ha visto su película pero el tráiler es muy bonito”. Me refiero a Carey Mulligan, que nos deslumbró en An education, dando vida a una adolescente enamoradiza en un contexto de opresión familiar y social. No solo hubiese sido la mejor opción para la categoría de mejor actriz ese año sino que sería uno de los premios más justos y merecidos del nuevo milenio.

Mulligan sigue esperando la oportunidad para llevarse a casa un Oscar, después de haberla ignorado en papeles tan significativos como los de Shame, Drive y Sufragistas. En cambio, Bullock pudo demostrar en Gravity, por la que fue nominada, que es mejor actriz de lo que muchos creemos.

Precious: mejor guion adaptado y mejor actriz de reparto

Debería haber ganado: Up in the air o An education en guion y cualquiera de las otras nominadas en actriz secundaria.

¿Por qué? Uno de los grandes misterios de la reciente historia de los Oscar, y del cine nortamericano en extensión, es saber qué vio la gente en Precious, la película de Lee Daniels que llegó a estar nominada a mejor película y dirección (y que por suerte no ganó). De acuerdo, el argumento sobre el papel era llamativo: una adolescente obesa (y negra) no sabe leer ni escribir es maltratada sistemáticamente por su madre. Ambas viven en Harlem y, cuando se descubre que la joven está embarazada es expulsada de su escuela y matriculada en otra donde su nueva profesora intentará ayudarla a encauzar su nueva vida. El trailer también era muy vistoso, y uno sentía ganas de ver este retrato social tan crudo que la película nos proponía. Pero bien, una vez sentado en tu butaca la propuesta social que uno espera contemplar se transforma en un docu-reality más propio de la televisión, un culebrón que no solo no emociona, sino que irrita. Uno esperaba encontrarse algo así como una película de Ken Loach filmada en Harlem y sale habiendo visto un programa de la MTV de dos horas de duración (al menos si fuese Jackass…).

Pues bien, este producto audiovisual llamado Precious se hizo con el Oscar a la mejor actriz secundaria y al mejor guion adaptado. La película se presentó en Sundance, donde cosechó el Gran Premio del Jurado y el Premio del Público, y convirtió a Mo’nique en la favorita absoluta del Oscar al premio, por su papel de madre maltratadora (y gritona). Esta condición la supo sostener durante todo el año, arrasando en cada uno de los premios hasta hacerse con el Oscar, el mismo año, por cierto, que lo ganó Sandra Bullock. Es cierto que 2009 no fue un año especialmente memorable para la categoría de actriz secundaria, pero cualquiera de sus rivales ofrecía interpretaciones más humanas, más creíbles. Tal vez la ganadora del año anterior Penélope Cruz, en el musical Nine, ofrecía una actuación más artificiosa (¿qué esperamos si no de un musical?) pero lo cierto es que era de lo mejor de la película. Tanto Vera Farmiga y Anna Kendrick, en Up in the air, y Maggie Gyllenhaal en Crazy heart, interpretaban a mujeres creíbles, auténticas, sensibles y fuertes, pero el gato al agua se lo llevo Mo’nique a base de gritos y lágrimas, Tal vez el Oscar que consiguió al mejor guion adaptado aún sea más doloroso, derrotando a las muy superiores An education y a la favorita, Up in the air, por la que Jason Reitman había ganado el Globo de Oro al mejor guion. Con Precious, Geoffrey S. Fletcher se convirtió en el primer guionista afroamericano en ganar un Oscar. Lástima que consiguiera este hito por esta película.

El discurso del rey: mejor película y dirección

Debería haber ganado: La red social y David Fincher.

¿Por qué? La película de Tom Hooper sorprendió en la noche de los Oscar llevándose los principales premios, pese a que La red social había ganado el Globo de Oro y el Critic’s Choice y competían otras películas como Cisne negro, de Darren Aronofsky y Valor de ley, de los hermanos Coen. Seguramente el triunfo de El discurso del rey fue el canto de cisne de Harvey Weinstein, que por entonces seguía siendo un hombre poderoso en Hollywood pero cuyas fuerzas se iban agotando. En frente La red social, una película moderna e histórica, porque retrata muy bien su presente y servirá en el futuro para entender el momento en como las redes sociales entraron en nuestras vidas para cambiarlas para siempre. La Academia de Hollywood, tras premiar años atrás películas tan poco oscarizables como En tierra hostil, Slumdog Millionaire, No es país para viejos e Infiltrados, se volvió de golpe conservadora y premió una película que, aunque para nada mala, podría haberse hecho años antes como años más tarde. La Academia no supo estar a la altura de los tiempos y David Fincher, uno de los mejores directores norteamericanos de las últimas décadas, se quedó sin un premio que todavía no ha ganado y merece.

Meryl Streep, mejor actriz por La dama de hierro

Debería haber ganado: Glenn Close por Albert Nobbs.

¿Por qué? Nos gustará más o menos, pero lo cierto es que Meryl Streep es una de las mejores actrices de todos los tiempos, como así acreditan sus veintiuna nominaciones al Oscar (partimos de la base de que los Oscar acreditan cosas, si no este articulo no tendría sentido). De los tres Oscar que la actriz tiene, ganó dos con su segunda y su cuarta nominación. El tercero llegaría con su nominación decimoséptima, algo que la acredita también como la actriz que más veces ha perdido un Oscar. Habían pasado prácticamente veinte años desde su último premio y la Academia de Hollywood iba sintiendo la necesidad de volver a reconocerla, como si nominarla cada año no fuese suficiente reconocimiento. Además, ¿porque la Academia no siente esa misma necesidad de reconocer a actrices y actores maravillosos y que siempre han sido ignorados? Por ejemplo, Mia Farrow, John Goodman, Steve Buscemi y Kevin Bacon nunca han sido nominados al Oscar.

La actriz Glenn Close sumó en 2012 su sexta nominación, y su sexta derrota. Y esta vez fue a manos de Meryl Streep, bajo la que, en mi opinión, intenta sobrevivir. Por edad y por físico tienen Close y Streep un perfil similar, pero todos los papeles acaban en manos de la segunda. Seguramente se nos hace difícil imaginarnos a Close cantando y bailando en Mamma Mia, ¿pero quién no la vería interpretando los roles protagonistas de El diablo viste de Prada, La duda, Agosto y Los archivos del Pentágono? Aquel año ambas competían por el Oscar. Close lo hacía con el papel de una mujer que se trasviste para poder trabajar como mayordomo en la Irlanda del siglo XIX. Además Albert Nobbs era un proyecto largamente soñado por Close, desde que lo representase en el teatro en 1982. Casi treinta años después la película se hizo realidad, gracias a la persistencia de la actriz, que además se convirtió en productora y guionista de una película que, pese a no ser excelente, era muy interesante e infinitamente mejor que La dama de hierro, la película por la que finalmente Meryl Streep ganó un tercer Oscar, totalmente inmerecido. No porque la película fuese mala, por no decir nefasta, sino porque seguramente la encarnación que hace de Margaret Thatcher es una de sus perores, y más vergonzantes, interpretaciones, dejando al margen la valoración del componente político de la película, que muestra a la conocida dama de hierro como una política humana, algo que seguramente nunca demostró durante los más de once años que ostentó el poder en el 10 de Downing Street.

Argo: mejor película

Debería haber ganado: Lincoln o La vida de Pi o Django desencadenado o La noche más oscura.

¿Por qué? El año 2012 es, de los últimos, seguramente el que mejores películas sumaba compitiendo por el Oscar a la mejor película. Vamos a recordarlas: Lincoln era el biopic histórico de una de las figuras más importantes de la historia de Estados Unidos dirigido por una de las figuras más importantes de la historia del cine e interpretado por uno de los mejores actores de la historia Muy histórico todo. La vida de Pi era una deslumbrante película de fantasía y aventuras, tal vez demasiado bien intencionada, pero que representaba muy bien el concepto “bigger than life” y que gustaba a todo el mundo. Django desencadenado era la última obra maestra de un genio como Quentin Tarantino y La noche más oscura, un trepidante thriller sobre la caza de Bin Laden por parte de la CIA, al mando de la cual estaba una mujer. También competían El lado bueno de las cosas, una encantadora comedia romántica que encumbró a la nueva reina de Hollywood, Amor era la confirmación de que Michael Haneke era el director europeo de moda con este drama durísimo sobre la vejez y Bestias del sur salvaje era la propuesta indie y afroamericana del año que había triunfado en Sundance.

Pero ganó Argo, la recreación de un hecho histórico muy cinematográfico, dirigido por una estrella como Ben Affleck. Es una película interesante, aunque con un final tan esperado que lastra el suspense del thriller. Tampoco el personaje principal es demasiado empático, interpretado por un Ben Affleck que demostraba, eso sí, que era mejor director que actor. Argo recordaba a aquellos thrillers de los años noventa que solía protagonizar Harrison Ford, y en esta línea podemos leer el por qué de su triunfo. Hollywood llevaba años sin grandes ideas originales, sustentándose en franquicias, sagas o el nuevo universo que planteaba Marvel. Premiar a Argo era un aviso. Eh, cuidado, volvamos a lo que hacíamos antes. Premiaron a Argo y Hollywood siguió igual, así que su triunfo no sirvió para nada.

Eddie Redmayne, mejor actor por La teoría del todo

Debería haber ganado: Michael Keaton, por Birdman.

¿Por qué? Si a principios del milenio los biopics molaban, en la segunda década del siglo ya empezaban a cansar, pues la mayoría seguían calcando las estructuras que marcó en su día Una mente maravillosa, una película que, en su género, fue también referencial.

Los Oscar encumbraron la interpretación de Eddie Redmayne en la que daba vida al Stephen Hawking. ¿Interpretación? Perdón, imitación.

Imitar tiene mérito, pero crear un personaje desde cero como hace Michael Keaton en Birdman, tiene mucho más. Keaton volvía después de años de ausencia, o en segundo plano, con un papel hecho a su medida. Tanto, que hasta podría ser una película sobre su propia experiencia. El pimer Batman del cine, desaparecido durante casi dos décadas, protagonizaba esta película, filmada en un virtuoso e innecesario plano secuencia, en el que interpretaba a la antigua estrella de cine famosa por interpretar a otro superhéroe, Birdman. Su personaje intentaba, años después, salir de su encasillamiento con nuevos papeles, esta vez en el teatro, que es el lugar donde los actores creen que mejor demuestran lo buenos que son.

Keaton demostraba en la película de Iñárritu que nos hemos perdido años de un gran actor, ofreciendo una interpretación muy dura e ingeniosa. Sin lugar a dudas, hubiese sido uno de los Oscar al mejor actor más merecidos de los últimos años. Pero no, la Academia decidió no arriesgar demasiado y premiar a un chico muy simpático que ha demostrado con el tiempo que es actor de una sola mueca.

Pese al desprecio de la Academia a Keaton, la película ganó cuatro Oscar, entre ellos mejor película y dirección.

Pablo Sancho París
Acerca de Pablo Sancho París 123 Articles
Licenciado en Historia del Arte y Comunicación Audiovisual por la U.B., Master en Ficción de Cine y Televisión por la U.R.L. y Master en Film Business por ESCAC. He sido presidente de la Federació Catalana de Cineclubs entre 2015 y 2017. He trabajado como programador en Most Festival y Cine Club Vilafranca durante cuatro años. Además, he compaginado estas tareas con la de cronista cinematográfico, profesor de cine en talleres para niños y adolescentes, y la realización de audiovisuales y cortometrajes de ficción. Actualmente me dedico a la producción cinematográfica. Me podéis contactar en pablosanchoparis@industriasdelcine.com.

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