‘Sin amor’, belleza y dolor

No cabe duda que el cineasta ruso Andrey Zvyaginstev es uno de los mayores autores que ha dado el cine europeo en los últimos años. Tampoco cabe duda que su impronunciable apellido y el frío que transmite la lejana cinematografía rusa en el cálido Mediterráneo parecen ser los motivos por los que su nombre no trasciende más allá de los círculos cinéfilos. Por suerte los festivales y los premios, que algo bueno han de tener, están para revindicar autores como él.

Con Sin amor Andrey Zvyaginstev vuelve a competir por el Oscar a mejor película en habla no inglesa después de perderlo con su anterior film, Leviatán, por el cual sí obtuvo el Globo de Oro. Presentada en Cannes, donde se hizo con el premio al mejor guion, Sin amor, como su predecesora, es un lapidario retrato de la sociedad rusa. Si con Leviatán denunciaba la corrupción del sistema político e inmobiliario, en Sin amor retrata la degradación en la que han caído no solo las relaciones sociales, sino también las familiares.

El film presenta a un matrimonio en proceso de divorcio que ha rehecho su vida con nuevas parejas. En esta nueva realidad no encaja Alosha, el hijo de ambos, en plena preadolescencia; un hijo no deseado antes de nacer, y por lo que vemos, tampoco después. El padre y la madre, cuya relación solo destila odio y rencor, dan mayor importancia a su nueva vida… hasta que Alosha desaparece sin dejar rastro. Los seis personajes principales conforman un circuito cerrado de egoísmo cuyo vértice es un niño que se siente al margen de la vida de sus padres y sufre el derrumbe de su entorno.

Sin amor dedica prácticamente la mitad de su metraje a exponernos los personajes y las situaciones que los definen, se toma su tiempo, sorprendiéndonos en cada secuencia, exponiendo las múltiples dimensiones de cada uno de ellos, manteniendo al espectador al margen de cualquier empatía con alguno de ellos. A partir de la desaparición del niño, este estudio de personajes desemboca en un frío y escalofriante thriller, cocido a fuego lento, sin la espectacularidad del cine de Hollywood, alejándose de estereotipos pese a repetir secuencias que todos identificamos en este tipo de films, y conduciendo al espectador a un sorprendente aunque esperado desenlace.

Sin amor es un retrato cruel, pesimista y desalentador de la clase media rusa, pero extendible a toda la europea, de una rotunda fuerza visual nacida del frío y de una belleza nacida del dolor. El teléfono móvil y las nuevas formas de comunicación tienen un papel discreto pero a la vez revelador en la trama, introduciendo de manera necesaria un mecanismo de relación aún poco explotado en el cine. No sabemos que sucede en la pantalla del móvil la madre de Alosha, pero sabemos que para ella es más importante que cualquier instante junto a su hijo.

Pablo Sancho París
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Licenciado en Historia del Arte y Comunicación Audiovisual por la U.B., Master en Ficción de Cine y Televisión por la U.R.L. y Master en Film Business por ESCAC. He sido presidente de la Federació Catalana de Cineclubs entre 2015 y 2017, siendo actualmente responsable de proyectos de la entidad. Además, soy el programador de Cine Club Vilafranca, que gestiona la Sala Zazie y el Cine Kubrick de Vilafranca del Penedès. Además, he compaginado estas tareas con la de cronista cinematográfico, profesor de cine en talleres para niños y adolescentes, y la realización de audiovisuales y cortometrajes de ficción. Me podéis contactar en pablosanchoparis@industriasdelcine.com.

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