‘Star Wars: Los últimos Jedi’: dejando atrás lo viejo, construyendo igual lo nuevo

El octavo episodio de Star Wars es una buena película.

(A partir de aquí spoilers).

La saga es una maquinaria industrial de tal calibre que difícilmente puede permitirse hacer una mala película. Puede gustar o no. Puede convencer o no. Puede responder o no a las expectativas generadas.  

Uno de los personajes que incorpora esta película, y que de buen seguro volverá a surcar el espacio en próximas ediciones, decide mantenerse imparcial, ver la guerra desde fuera, porque la guerra es una máquina, y sirve tanto a los buenos como a los malos. Este punto medio en el que decide situarse el personaje, capaz de lo mejor o no, parece ser donde los creadores de Los últimos Jedi han decidido situar las decisiones de todos los personajes: en la duda, en la controversia, en la desconfianza. El título del episodio ya genera preguntas, diferentes, antes y después del visionado.

Tras el triunfal retorno al universo Skywalker que supuso El despertar de la fuerza, que reconozcámoslo, calcaba la estructura de Una nueva esperanza, Los últimos Jedi transita por caminos no conocidos pero a la vez reconocibles. Como episodio central de una trilogía, supone la transición de aquella luz surgida hace dos años y que se apagará dentro de otros dos. Es pues, una nueva ventana, que se abre aún más sin responder a muchas de las preguntas que El despertar de la fuerza nos formulaba. Pocas respuestas que, sin embargo, no dejan de generar muertos por el camino.

Disney incorpora nuevas mascotas y chascarrillos que recuerdan indudablemente a Marvel y que desentonan con el tono seguido hasta aquí en la saga. Debe plantearse el camino a seguir. No ahora, a un episodio de terminar con el universo Skywalker, sino a partir de los anunciados diez, once y doce. La fórmula funciona y emociona, aunque es repetitiva. Con la salvedad que ahora, más que nunca, se juega con la máxima ambigüedad de los arquetipos que tan bien funcionaron hace cuarenta años. Ahora caminan por un fino alambre que por momentos parecen decantarlos a uno u otro lado de la fuerza. Se trata pues de darle la vuelta a la estructura de la película, que llegue a sorprender tanto como lo hacen los personajes y las decisiones que estos toman.

El episodio ocho empieza a dejar atrás aquello que nos trajo hasta esta galaxia para abrir una de nueva, un nuevo horizonte, aunque esperemos que esta vez la esperanza sea diferente. Lo dice Kylo Ren: “Ha llegado la hora de dejar atrás lo viejo”. La última escena es el retrato generacional de la nueva esperanza: jedis del futuro, espectadores del presente. Sentadas las bases para un nuevo universo, debe a partir de ahora construirse diferente.

Insisto, Star Wars: Los últimos Jedi es una buena película: divertida, monumental, entretenida, épica, emocionante y compleja.

Como todas.

Pablo Sancho París
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Licenciado en Historia del Arte y Comunicación Audiovisual por la U.B., Master en Ficción de Cine y Televisión por la U.R.L. y Master en Film Business por ESCAC. He sido presidente de la Federació Catalana de Cineclubs entre 2015 y 2017, siendo actualmente responsable de proyectos de la entidad. Además, soy el programador de Cine Club Vilafranca, que gestiona la Sala Zazie y el Cine Kubrick de Vilafranca del Penedès. Además, he compaginado estas tareas con la de cronista cinematográfico, profesor de cine en talleres para niños y adolescentes, y la realización de audiovisuales y cortometrajes de ficción. Me podéis contactar en pablosanchoparis@industriasdelcine.com.

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