‘Una niña’, cuando una sociedad fracasa

Hoy llega a los cines Una niña (Petite fille), el último documental de Sébastien Lifshitz. Presentado en la sección Panorama de la Berlinale-Festival Internacional de Cine de Berlín; premio al Mejor Documental en el Festival Internacional de Cine de Chicago, Mejor Película No Ficción (Las Nuevas Olas) del Festival de Cine Europeo de Sevilla y Mejor Película en el Festival Internacional de Cine de Gante.

Sasha es una niña. Aunque para la sociedad no lo sea, para ella, sus padres y hermanos sí lo es. La negación de la primera supone un conflicto, y grave, para la felicidad e integridad de la pequeña de siete años. Sasha ha nacido en un cuerpo de niño, motivo por el que la dirección del centro educativo le prohíbe vestirse como ella quiere, de niña. Sus amigos le hablan en masculino. Y en las clases de ballet no puede llevar tutú como las demás. Pero a Sasha le gusta bailar. En una secuencia Lifshitz registra una de las clases de ballet. Como si de un mimo frente a un espejo invisible se tratara, Sasha recorre la sala reproduciendo los movimientos de su compañera. Segura y despreocupada esta, mientras que Sasha atenta a lo que esta hace duda en cada uno de sus pasos.

“De mayor quiero ser una niña”, le dice a su madre, porque ahora el mundo no la deja. Así que Sasha se pone sus zapatos de diminuto tacón para jugar en el patio de su casa con sus hermanos. Su entorno familiar es seguro, ahí puede ser ella misma, quitarse el uniforme de niño y disfrutar de sus vestidos. Junto a Sasha su familia sufre. Desde la extenuación su madre clama una explicación a semejante negación de su entorno a respetar a la pequeña y dejar que sea feliz. La madre no entiende porque su hija no tiene derecho a realizarse como cualquier otra persona. Desde el seno de esta familia numerosa, la cámara de Lifshitz atiende a la impotencia de cada uno de los miembros por no poder ayudar a su hermana pequeña.

En París la familia encuentra un faro de comprensión. Sasha es diagnosticada con disforia de género lo que le permite contar con un equipo de psicólogos y médicos que la ayudan a lidiar con el entorno hostil que tanto empeño pone en recordarle que ha nacido con pene y como tal debe actuar. Pero, ¿cuales son las convenciones para ser niño? Sasha las sabe, y se niega a aceptarlas.

A pesar de su corta edad, en los ojos de Sasha se vislumbra una tristeza profunda. Sus gestos tímidos y su tierna sonrisa resultan sobrecogedores, ¿cómo es posible que a Sasha le roben su infancia de una manera tan cruel? Con el afecto justo para empatizar sin dramatizar sobre unas vidas reales, Lifshitz pone rostros a las víctimas de los sinsentidos de una sociedad que en pleno siglo XXI se dice justa y equitativa pero que sigue castigando la diferencia hecha particularidad, aunque esta la encarne una niña de siete años.

Aïda Antonino-Queralt
Acerca de Aïda Antonino-Queralt 8 Articles
Es doctora en Historia y Estudios Contemporáneos por la Universitat Jaume I especializada en cine rural español. Combina la docencia universitaria con la crítica cinematográfica y la gestión cultural. Corresponsal para Premios Oscar web de cine, Encadenados revista de cine, La Gualdra y La jornada de Zacatecas, México, en los festivales de cine de Cannes, Sevilla, Friburgo y Cinema Jove de Valencia. Ha sido redactora del D’Aily News del D’A Film Festival de Barcelona. Y ha comisariado diferentes exposiciones de la Colecció d’Art Contemporani de la Generalitat Valenciana. Actualmente colabora en la sección de arte contemporáneo de El Temps de les Arts.

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