‘Buffalo ’66’: misoginia tras el lenguaje cinematográfico

Cuando se habla de machismo, misoginia, o violencia de género en el cine, puede tenderse a pensar sustancialmente en ese cine clásico donde la violencia hacia la mujer era frontal y explícita. Donde se censuraba cualquier indicio de homosexualidad o cualquier pierna que enseñara un centímetro de más, pero una bofetada a una mujer quedaba impune y pasaba “desapercibida’’, o se miraba para otro lado.

Nuestros padres (o al menos, los míos) nos contaban cómo la España franquista censuró la mítica escena en que Rita Hayworth se despoja de un guante (¡un guante!) mientras canta Put the Blame on Mame en Gilda (1946). Al parecer, lo hacía de una manera tan insinuante que rozaba el escándalo. Paradoja. Segundos después de la escena del número musical, Glenn Ford, que interpreta a Johnny Farrell, abofetea a Gilda. No hay mucho más que añadir. Este es un caso que evidencia la hipocresía de la época dorada de la cosificación de la mujer en el cine. Sin embargo, ha habido y sigue habiendo mil maneras de perpetuar el sexismo en el cine más moderno, y un ejemplo se halla en una película que aún hoy es considerada un referente del cine independiente: se llama Buffalo ’66 y la dirigió Vincent Gallo en 1998.

Buffalo ’66 cuenta la historia de Billy Brown, un misfit, un inadaptado, un hombre aniquilado emocionalmente con un historial de fracasos sentimentales graves, una condena a prisión por un delito menor, deseos de venganza hacia el hombre que lo metió allí, y traumas infantiles debidos a una niñez mediocre. La historia arranca cuando Billy sale de la cárcel. Lo que hace, en resumen, es secuestrar a Layla, una joven estudiante de ballet interpretada por Christina Ricci, para obligarle a fingir ser su novia delante de sus padres. Todo esto mientras trata de localizar al hombre responsable de su condena para matarlo.

¿Qué pretende ser Buffalo ’66? Una película sensible e intimista sobre un hombre aparentemente violento que es en el fondo un niño atemorizado y enfadado con el mundo que todo lo que necesita es amor y comprensión. Porque, evidentemente, Layla acaba enamorándose de Billy. ¿Qué se pretende que compremos de Buffalo ’66? Que ella demuestra una gran inteligencia y dignidad pasando por alto por todos sus desplantes, insultos, amenazas y humillaciones. Todo recubierto de una pátina de planos estéticamente atractivos, largos y estáticos y un ambiente de desolación y desamparo social que distraen la atención de lo grave del planteamiento.

Y, ¿qué es lo grave del planteamiento? Que justifica cualquier grado de abuso sobre la mujer debido a la situación anímica del sujeto violento. Billy mete a la chica en el coche, le explica la situación, le cuenta que, a menos que haga lo que él dice, le arrancará la cara y la matará. Ella lo lleva con calma. Él se pasa toda la película anulándola, reprochándole que todo lo que dice y hace es estúpido o infantil, y agrediéndola verbalmente. Ella espera, ella tolera, ella perdona, ella absuelve. Ella es el sueño narcisista de la sociedad patriarcal: la mujer obediente, tranquila y digna, la mujer que todo lo perdona. ¡Y además es que es una monada! Qué cosas.

No pueden negarse las virtudes estéticas y la facilidad para la creación de ambientes de Gallo, pero no ha de perdonarse un trasfondo peligroso porque exista un lenguaje acertado e interesante. Lo que ocurre al final de la película, perdón por el spoiler, es que Billy no mata al tipo que andaba buscando. Billy se redime, es un hombre nuevo porque la mujer perfecta lo ha hecho cambiar. Billy deja el arma, acude a una pastelería y compra una galleta con forma de corazón para Layla. Y se la lleva, se abrazan. Layla sigue secuestrada por un hombre desconocido que ha abusado psicológicamente de ella a todos los niveles posibles. Pero no importa, porque el niño asustado disfrazado de tío chungo le ha regalado una galletita con forma de corazón. ¿Cuantos ‘’Billys’’ nos han hecho llorar y después nos han traído flores?

Sofía Postigo
Acerca de Sofía Postigo 20 Articles
Soy madrileña,  graduada en Comunicación Audiovisual por la Universidad Carlos III de Madrid, y tengo un máster en Film Business por la ESCAC de Barcelona. Me apasiona la fotografía, el retoque fotográfico, los idiomas y el mundo de las series y el cine (especialmente la crítica cinematográfica). He trabajado dentro del mundo audiovisual, en producción de televisión y esporádicamente, como fotógrafa profesional. Actualmente sigo formándome en marketing digital.

4 Comments

  1. Recien acabe de ver la pelicula y me senti identificado con Billy pero no en el aspecto de chico malo, sino en la parte de Billy esta asustado no sabe que hacer con su vida.
    Me meti en los zapatos de el porque pase por cosas similares y habia encontrado a alguien que me completara hace bastante pero ahora no esta, no llegue a parte de abuso psicologico o verbal sino a otro que fue alejarme, como sucede en la escena del hotel en que le dice que ira a buscar cafe, salvo por lo que yo nunca volvi deje que se fuera de mi vida, la estaba hiriendo e hice lo correcto creo yo.
    Creo que no fue una buena idea ver la pelicula en mi estado de deprecion actual estuve llorando al final de la pelicula me encanto en gran parte pero fue fuerte para mi las escena de violencia verbal.

  2. Así es la ficción, y así es la vida.
    Toda obra será buena mientras nos muestre “lo que es” o “lo que podría ser”, y no esa falacia autoritaria de “lo que debe ser”.

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*